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Las memorias de Pujol: reunión en un chalé del CESID e intercesión por Cebrián

Jordi Pujol cuenta cómo las condiciones irrenunciables que planteó a Aznar pasaban por cargarse a Vidal-Quadras y la imposición lingüística.

LD | Agencias
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Jordi Pujol | Archivo

El expresidente de la Generalidad Jordi Pujol revela, en el último volumen de sus memorias, las condiciones que impuso a José María Aznar -entre ellas poner fin a los "ataques contra el catalán" y a la "agresividad" de Alejo Vidal-Quadras- para firmar en 1996 el pacto del Majestic, en el que sobraron "fotos".

Con este tercer volumen editado por Proa con el título Memòries. De la bonança a un repte nou (1993-2011) (Memorias. De la bonanza a un reto nuevo), Pujol completa su trilogía de recuerdos políticos y personales, con un repaso exhaustivo de sus relaciones con Felipe González y José María Aznar y de su obra de gobierno.

En el libro, al que ha tenido acceso EFE, Pujol rememora cómo en 1996 se pasó de escuchar gritos de "Pujol, enano, habla castellano" en la calle Génova de Madrid a una oferta formal de pacto del PP a CiU, avalada incluso por Felipe González, que según el expresidente catalán le aconsejó con gran "sentido de la responsabilidad" que sellase entonces un acuerdo de estabilidad con los populares.

Así se lo expresó el líder socialista en una entrevista secreta siete días después de la victoria del PP en las elecciones generales de marzo de 1996, celebrada en un chalé del CESID en las afueras de Madrid, relata Pujol, según el cual González descartó una alianza multipartita para cortar el paso a Aznar: "Además, no quiero pactar con los comunistas", le confesó al líder del PSOE en ese encuentro.

Pese a las reticencias del mundo nacionalista a sustentar al PP, según Pujol, las circunstancias llevaron a reconsiderar su postura. Aznar le llamó y se reunieron el 17 de marzo con total discreción en la casa de Rodrigo Rato en Carabaña, donde hablaron por primera vez a solas sobre su posible colaboración: Pujol le planteó que la actitud de Vidal-Quadras de "ir contra la convivencia" en Cataluña había mermado las posibilidades de un acuerdo CiU-PP.

El 31 de marzo volvieron a reunirse, esta vez en casa del empresario Fernando Ballvé en Madrid, donde Pujol expuso como condición irrenunciable que "no sea discutida y menos atacada la política lingüística de la Generalitat" y exigió poner fin a los ataques a la "unidad lingüística" de catalán y valenciano.

"Aznar me dijo que estaba de acuerdo y me indicó que hablase directamente con Eduardo Zaplana", entonces presidente valenciano, quien le ratificó la unidad lingüística, según recuerda en el libro.

Todo aquello culminó con el llamado Pacto del Majestic, en el que CiU y PP pusieron las bases para acuerdos en materia económica, de financiación, traspasos de competencias como la Policía de tránsito o la supresión de la "mili", aunque esto último no era al principio una prioridad para Pujol, que se vio presionado por su partido.

Pujol asegura que el pacto de 1996 con el PP fue "sin duda bueno", aunque hace cierta autocrítica por la "escenificación excesiva": "Nos encontramos para cenar en el hotel Majestic del paseo de Gracia con las mujeres respectivas y mucha gente de una y otra fuerza política. Hubo fotos, brindis, apretones de manos. Para mi gusto, todo muy excesivo. Se me escapó".

El pacto en seguida dio sus primeros frutos, ya que Aznar cumplió sus compromisos y se pasó de la "actitud agresiva" de Vidal-Quadras a la de Josep Piqué, del "ala más catalanista" del PP.

Sectores del PSOE pidieron que intercediese a favor de Cebrián

Pujol asegura que sectores socialistas pidieron que intercediese en favor de El País y de su consejero delegado, Juan Luis Cebrián, "a quien parecía que querían encerrar en la cárcel en relación con el conflicto de Canal+ y los depósitos de los abonados. La hice".

Más complicadas fueron las cosas después de que Aznar consiguiese la mayoría absoluta en 2000 y ofreciese a CiU entrar en el Gobierno. Pujol reconoce que Aznar había cumplido sus compromisos, como las obras del AVE, el aeropuerto de Barcelona o el sincrotrón, pero era cada vez más "hostil" hacia las reivindicaciones catalanas.

El 25 de octubre de 2001, Aznar invitó a Pujol a una finca del Estado en los Montes de Toledo, le paseó en jeep y ofreció a CiU "ministerios importantes", pero el expresidente catalán declinó la oferta, temiendo que detrás había un cálculo del PP de comerle el espacio a CiU en Cataluña y "finiquitar" la cuestión catalana.

Pujol recuerda que la "mentalidad muy férreamente centralista" de Aznar, resumida en un comentario sobre las placas de los coches -"si al lado de la matrícula queréis poner una referencia a la Comunidad Autónoma como quien pone 'a mí me gusta el jamón serrano', vale"-, le llevó a recelar cada vez más del líder del PP, con quien mantuvo un intercambio epistolar a inicios de 2002 que desvela en la obra.

En el libro se describe a Aznar como un "hombre de palabra", lo cual a veces le llevó a mostrarse muy "inflexible", y se critica su actitud entre 2000 y 2004, con la mayoría absoluta del PP, cuando se "obnubiló" por su "éxito" y sobrevaloró el poderío de España.

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