
Los fines de semana, las gradas de los campos de fútbol, balonmano o gimnasia se llenan de padres y madres animando a sus hijos. Sin embargo, lo que para algunos es diversión puede convertirse en presión, frustración y ansiedad para los niños.
En Es la Mañana de Fin de Semana, de esRadio, Amaya de Miguel habló sobre cómo ciertas conductas de los adultos afectan directamente a los pequeños: "¿A quién no le ha pasado estar en un partido y ver gritos e instrucciones constantes?", comentó. Para ella, este comportamiento a veces hace que los niños eviten la grada o incluso pierdan las ganas de seguir practicando deporte.
Comparaciones y expectativas
Amaya también señaló otro problema habitual: las comparaciones entre niños. "Si mi hijo destaca, yo destaco. Y eso genera mucho daño a la autoestima", explicó. Según cuenta, los niños perciben cuando solo se les valora por ganar o sobresalir, y eso puede limitar su confianza y motivación.
Aprender a gestionar los fracasos es otro reto. "No es la final de la Champions. Es solo deporte. Si gana, perfecto; si pierde, ayuda a que supere el bache", señaló Amaya, recordando que muchos niños abandonan antes de los 13 años porque dejan de disfrutar por la presión externa.
El mensaje final es claro: el deporte debería ser una pieza más en la vida de los niños, algo que les divierta y les enseñe a crecer, no una obligación ni una fuente de estrés. "Si queremos que disfruten, debemos colocar el deporte en su sitio: como algo que suma, no como una obligación", concluyó.

