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HOMENAJE DEL GOBIERNO DEL PP A REVEL

DISCURSO DE AZNAR EN LA IMPOSICIÓN DE LA GRAN CRUZ DE ISABEL LA CATÓLICA

En uno de sus últimos actos como jefe del Ejecutivo, José María Aznar presidió el homenaje que quiso rendir a Jean François Revel el Gobierno del PP. Fue el 28 de enero de 2004: el escritor francés recibió la Gran Cruz de Isabel la Católica. Por su interés reproducimos el discuro que pronunció el entonces presidente. A raíz de la muerte del pensador, la FAES, que preside Aznar, prepara unas jornadas monográficas para este verano.

Señoras y señores,
 
Hoy se encuentra entre nosotros, sin duda, uno de los pensadores más relevantes de la actualidad. Jean François Revel, a lo largo de una obra extensa y especialmente lúcida, tanto en sus ensayos como en numerosos artículos, nos ha ofrecido su visión del mundo actual y lo ha hecho de manera honesta, sin ninguna concesión a la corrección política o a las corrientes de opinión dominantes.
 
Sin duda, no todo el mundo comparte los puntos de vista del señor Revel; pero creo que, si se aplica un mínimo de rigor, la gran mayoría de sus lectores estará de acuerdo en que sus opiniones nacen de un análisis serio y de una radical independencia de criterio.
 
El señor Revel es un pensador de la libertad. Para él es el valor más preciado y en esto no puedo estar más de acuerdo con él. Pero no se limita a defender los valores en los que cree; también denuncia con certeza y con contundencia el servilismo moral, el que hace uso de los mitos, de las falsedades y de los tópicos que con frecuencia nublan el pensamiento actual en Occidente.
 
Creo que todos quienes actuamos en política deberíamos reflexionar sobre esos tópicos. A menudo son tópicos extendidos, pero contrarios a la razón y al sentido común, los que nos impiden avanzar como desearíamos y podríamos. Esos tópicos están presentes en todos los ámbitos de la vida política, en la economía, en las relaciones internacionales o, uno que nos es dolorosamente cercano, en la lucha contra el terrorismo: todavía hay quienes piensan que el terrorismo se termina dándole a los terroristas lo que piden, todavía hay quien cree que lo importante son los objetivos que los terroristas defienden y no los métodos que emplean, todavía hay quien piensa que hay que distinguir entre unos y otros terrorismos.
 
En varias de sus obras Jean François Revel ha desmantelado todos esos tópicos y ha denunciado que el totalitarismo de nuestro tiempo es absoluta negación de las libertades que pretende destruir.
 
España, como sabemos todos, está absolutamente comprometida en la lucha contra el terror, dentro y fuera de nuestras fronteras. España tiene una política definitiva, que consiste en la derrota del terror, y no va a tener otra. Así lo dije ayer, clausurando el I Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo, y así lo quiero volver a repetir.
 
Si en algún momento nos hemos sentido poco comprendidos, un poco solos, hoy quiero decir que la colaboración entre las naciones de la comunidad democrática internacional es más fuerte que nunca. Sin la menor duda, el origen de este espíritu de cooperación nace del horror con que el mundo entero contempló los terribles atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y en Washington.
 
El señor Revel ha analizado sabiamente las consecuencias de aquel asesinato de tres mil personas. Creo con él que el odio que motivó aquellos ataques no iba dirigido a los Estados Unidos como nación, sino hacia los valores de la libertad, aquellos precisamente que constituyen lo más preciado de nuestro vínculo atlántico.
 
En su última obra, "La obsesión antiamericana", Jean François Revel estudia este sentimiento de rechazo, la censura genérica poco reflexiva del sistema liberal y de la economía de mercado.
 
He dicho en varias ocasiones que debemos reflexionar sobre las razones por las cuales desde 1985 la economía europea ha crecido, sistemáticamente y año tras año, menos que la economía norteamericana y que de esa reflexión debemos extraer conclusiones, y, por tanto, reformas y nuevas políticas. No tengo la sensación de que las cosas de Europa vayan por ese camino, desgraciadamente.
 
Pero no es ésta la ocasión de volver a repetir mis ideas al respecto, pero sí de ligarlas con las de nuestro homenajeado, Jean François Revel, porque quizás sean algunos tópicos arraigados los que nos han impedido crecer en economía al mismo ritmo que otros países.
 
Creo que la libertad que tan honradamente defiende el señor Revel es indisociable de todo eso. Creo que la libertad política y la libertad económica no caben la una sin la otra, y creo que este atributo tan intrínsecamente humano es lo que constituye, como he dicho hace unos instantes, nuestro vínculo atlántico, que es una unión de valores comunes antes que ninguna otra cosa.
 
Sabemos cuál es el resultado de las políticas que abren espacios de libertad a las personas, lo conocemos también ahora en España: un mayor bienestar para las personas y un mayor progreso para la sociedad en su conjunto. Además, hemos podido comprobar que aquellos países donde más se ha avanzado en las libertades son los más prósperos y los que ofrecen más oportunidades de progreso y de movilidad social. Es en torno a estos valores comunes sobre los que debemos apoyar sin reservas el proceso de globalización o, como prefiere el señor Revel, de mundialización.
 
La defensa común de estos valores requiere, en mi opinión, compartir responsabilidades y asumir compromisos recíprocos y leales. A estas responsabilidades y compromisos todos debemos contribuir, empezando por los dirigentes políticos, pero también por los pensadores. Y aportaciones como la de Jean François Revel son iluminadoras como pocas.
 
Permítame, señor Revel, transmitirle, en nombre del Gobierno de España, en nombre de los españoles, nuestro agradecimiento sencillamente por su contribución, nada más y nada menos, que a la causa de la libertad.
 
Muchas gracias a todos y muy buenos días.

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