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García Márquez propone “enterrar las haches rupestres y firmar un tratado” entre la ge y la jota

La posibilidad de que el escritor Gabriel García Márquez no asista al III Congreso Internacional de la Lengua española, que ha llevado al portugués Jose Saramago a cancelar su asistencia, en solidaridad con el Nobel colombiano, tiene su origen en el I Congreso que se celebró en 1997 en Zacatecas (México).

L D (EFE) Aquel año, García Márquez generó un enorme alboroto cuando propuso jubilar la ortografía, "terror del ser humano desde la cuna" y pidió "enterrar las haches rupestres, firmar un tratado sin límites entre la ge y la jota, y poner más uso de razón en los acentos escritos".

"Simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros", clamó el escritor considerando que "desde hace tiempo la lengua española no cabe en su pellejo". "Nuestra contribución no debería ser meter la lengua en cintura, sino al contrario: liberarla de sus fierros normativos para que entre en el siglo XXI como Pedro por su casa", sostuvo entonces el autor de "Cien años de soledad", que planteaba cómo preparar la lengua común "para un oficio grande en el porvenir sin fronteras".

"Es un derecho histórico, no por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión", sentenció.

Comprobar y defender nuestra identidad lingüística en la era de la globalización es el propósito de este III Congreso de la Lengua Española, convocado por la Real Academia Española, el Instituto Cervantes y el Gobierno argentino y que, hasta ahora, cuenta con 160 participaciones confirmadas. El Congreso, que rendirá un homenaje al escritor argentino Ernesto Sábato, reunirá a 22 países de Iberoamérica y EE.UU. en la ciudad de Rosario (Argentina) del 17 al 20 de noviembre próximos.
 
"Humanizar" las leyes del idioma
 
En la cita de Zacatecas, García Márquez, que no desdeñó las anécdotas de humor en torno al "poder de la palabra", animó más bien a "humanizar" las leyes del idioma. "Aprendamos de las lenguas indígenas, a las que tanto debemos, lo mucho que todavía tienen para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir".

La polémica sobre la posible ausencia de García Márquez en el III Congreso de la Lengua fue calificada la semana pasada como "un tema superado" por la subsecretaria argentina de Cultura, Magdalena Faillace. Faillace admitió que "hubo algunas cuestiones que fueron debatidas con la RAE y el Instituto Cervantes" y aseguró que "las decisiones se han tomado por consenso y con espíritu pluralista".

Días después la funcionaria trató de quitar hierro al asunto, aseguró que "no hubo discriminación" y precisó que la decisión de no invitar al escritor se debió a una disposición del conjunto de las academias de la Lengua".

El alboroto generado por García Márquez en aquel encuentro sobre la Lengua Española, tuvo su continuidad en Valladolid, el año 2001, cuando en el II Congreso, el Nobel español Camilo Jose Cela pronunció un discurso que apenas difería del que había leído en la cita de Zacatecas. "Todo está dicho, pero como nadie atiende, hay que repetir todo cada mañana. Jamás me cansaré de insistir en lo obvio: la defensa de la lengua, la de todas las lenguas, y en esta circunstancia, la del español", respondió contundente Cela a las críticas con las que se interpretó su acto.

El Congreso será inaugurado el 17 de noviembre por el presidente argentino, Néstor Kirchner, junto a los Reyes de España y según informó Faillace, "han sido invitados 22 colegas iberoamericanos y el de Estados Unidos", George Bush.

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