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La "hora de la venganza" del PNV y el "corazón partío" de Público ante la huelga

Hay desconcierto en Público ante la huelga general. La mayoría de los españoles cree que hay razones para hacerla. Pero sólo uno de cada cinco la secundará. Varias –cuestionables– teorías intentan aclarar la paradoja. En El Mundo, piden que hagan huelga... los empresarios.

MERCEDES R. MARTÍN
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El diario de Roures publica este viernes un sondeo sobre las intenciones de los españoles respecto de la huelga. Ante las conclusiones de la encuesta –más de la mitad la justifica pero sólo el 18% prevé secundarla–, Público titula en portada con un enfático "Hay motivos, falta movilización".

Hay debate en el diario sobre las bajísimas expectativas de la huelga convocada por UGT y CCOO. El sociólogo José Luis de Zárraga resume las conclusiones: quienes desean la huelga "tienen el corazón partío" por las posibles consecuencias del paro. "No parece que quienes apoyan la huelga deseen", dice, "tumbar al gobierno". "A ojos de la gente", insiste, "esta huelga parece convocarse contra la política económica del Gobierno globalmente y no contra medidas concretas", insiste. También sostiene la teoría de que el éxito de la huelga general "no depende tanto del porcentaje del censo laboral que la apoye" como de quienes, apunta, "estén decididos a oponerse activamente" al paro.

En su columna, el director, Jesús Maraña, tiene su propia teoría. Entre líneas, reconoce que la desgana ante la huelga se debe a que el éxito del paro puede beneficiar al PP. "Razones sobran" para acudir, apunta, "al margen de que su éxito pueda ser utilizado para desgastar al Gobierno o su fracaso para debilitar a los sindicatos". También da su versión sobre los problemas que los sindicatos tienen para pactar con los gobiernos autonómicos del PP los servicios mínimos: "La derecha sacará ventaja en cualquier caso como lo demuestra la insistencia de sus dirigentes en imponer servicios máximos para encender los ánimos". Esgrimir el derecho al trabajo en este asunto es, en su opinión, "una broma macabra". Los servicios mínimos son, además, excusa para criticar a Esperanza Aguirre, a quien acusan de "provocar" en la noticia sobre la falta de acuerdo. Parecida visión tiene El País: "Gobiernos del PP agitan la huelga con elevados servicios mínimos".

Radicalmente opuesta es la postura de Salvador Sostres en El Mundo. Indignadísimo con la subida del IRPF –"esto resulta ya un atraco"-, habla de la huelga para decir que sería "estupendo" que hicieran huelga los empresarios. "No una huelga de un día. Que durara diez años", dice un soñador Sostres. "A ver qué derechos garantizan entonces los sindicatos. A ver qué hacéis, liberados", afirma. En el mismo diario, se revela que Celestino Corbacho, el ya olvidado ministro de Trabajo, no ha hecho huelga nunca. Ni a Aznar. Así se lo confesó a Pedro J. en el plató de Veo 7.

El otro tema del día sigue siendo el acuerdo para los presupuestos. La Gaceta sospecha que en la negociación hubo más de lo que se nos contó. Y explica que a Joseba Egíbar se le escapó en el debate de ayer en la Cámara vasca al hablar de "pacificación" del País Vasco como uno de los objetivos de las conversaciones. En ABC lamentan que las concesiones al PNV hayan ampliado "la desigualdad entre los españoles". En su columna, César Alonso de los Ríos resume la situación creada con la caja única: "Es la hora del PNV, la hora de la venganza, la prueba de la perversión de nuestro sistema. Un pequeño partido regional que nunca debería haber tenido tal peso en un parlamento nacional liquida la política de la oposición con un solo gesto". En La Razón, detallan más flecos del acuerdo: Zapatero habría prometido al PNV no reeditar el pacto con el PP. Mientras, en El País, el editorial dedicado a este asunto es para cargar contra Zapatero en defensa de Patxi López. Tras constatar que "sólo a posteriori podrá saberse si el acuerdo rompe o no el criterio de caja única", dice que con este pacto, el "me cueste lo que me cueste" que dijo el presidente para prometer que concluiría la legislatura se ha convertido en un "me cueste lo que le cueste", en alusión al lehendakari.

Mientras, la batalla en Madrid sigue dando que hablar. El Mundo revela que una desconfiada Trinidad Jiménez ha exigido que pongan cabinas para que el voto de la militancia sea secreto. En el mismo diario es portada junto a Rubalcaba y un cachorro. Ambos acudieron a un acto sobre perros guía organizado por la ONCE y sus sonrisas no pueden ser más amplias pese a lo que se cuece en el partido. De ello habla Joaquín Leguina en La Gaceta: la sensación que está creando este y otros asuntos es que "en esa cúpula cada uno campa por sus respetos". Pero, advierte, hay algo en lo que todos están de acuerdo: "adorar al jefe".

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