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Los periodistas Lola Galán y José Catalán Deus desvelan en un libro la verdad sobre el Papa Borgia

Rodrigo Borgia (1430-1503), el valenciano de Xativa sobrino de Calixto III que se convirtió en el Papa Alejandro VI, fue "un gran Papa" cuya huella fue tergiversada por sus sucesores, como su enemigo el Papa Julio II, manifestaron los periodistas Lola Galán y José Catalán Deus, autores del libro "El Papa Borgia".

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L D (EFE) El libro, publicado por Aguilar con el subtítulo "Un inédito Alejandro VI liberado al fin de la leyenda negra", intenta dar una imagen equilibrada de esta figura, cuyos logros, en opinión de los autores, fueron tergiversados por su enemigo Julian della Rovere, sobrino de Sixto IV, vicecanciller durante el Pontificado de Inocencio VIII y posteriormente Papa con el nombre de Julio II.

Lola Galán y José Catalán Deus explicaron que, tras la leyenda negra creada en torno a la figura de Alejandro VI, sobretodo en tiempos de sus sucesores, es necesario rescatar fuentes más independientes como las del embajador de Venecia en Roma, Antonio Giustinian. Rodrigo Borgia, destinado por su familia a la Iglesia a los siete años, fue, en opinión de los autores, un "pedazo de hombre sensual y pasional" que "se italianizó", pero que defendió siempre "los intereses del Vaticano sin dejarse llevar por las preferencias por su origen español, ni siquiera en el caso del Tratado de Tordesillas".

Los autores consideran asimismo que el cisma luterano, ocurrido después de su muerte, hubiera quizá tenido otro tratamiento si en el Papado se hubiera contado con el Papa Alejandro VI. En cierto modo, señalaron, a la actividad política de Alejandro VI deben su actual configuración Francia y España, pues fue Rodrigo Borgia el que autorizó el divorcio de Luis XII para que se casara con Ana de Bretaña y el matrimonio entre Fernando e Isabel.
 
La verdad sobre su muerte

Si bien fue sobrino del Papa Calixto III, comentaron, era una situación corriente en aquel momento, pues el Papado era entonces "como una monarquía no hereditaria, en la que cada Papa necesitaba rodearse de familiares para mantener el poder y defenderse de los grupos rivales". Respecto a la paternidad de sus hijos, entre ellos los famosos César y Lucrecia, los autores puntualizaron que era corriente que los Papas de la época tuvieran hijos, caso de Pío II, Sixto IV, Inocencio VIII y el propio Julio II.

Su muerte, que tradicionalmente se cree efecto de un envenenamiento, es, en opinión de los autores, fruto de una de las epidemias que asolaban Roma en aquel momento y que causó bastantes muertes entre los miembros de la Curia. Durante once años de pontificado, Rodrigo Borgia dio a la Iglesia una independencia política y un territorio estable, situación que no existía cuando accedió al Papado, pero, a su muerte, se intentaron borrar las huellas de su pontificado, abandonando sus restos y destruyendo restos asociados a su estancia en el Vaticano como los suelos valencianos de los apartamentos pontificios.

Su hijo César, que fue cardenal y estuvo afectado por el "mal francés", se refugió a la muerte de su padre en Nápoles con El Gran Capitán y fue Fernando el Católico el que le ordenó que lo encarcelara y lo mandará a España. Con motivo del aniversario de su muerte, Alejandro VI su figura ha comenzado a ser recuperada por medio de exposiciones, al rehabilitación de la capilla donde se encuentra su sepulcro por la Generalitat valenciana o la puesta en marcha de un proyecto para recuperar sus documentos en 40 volúmenes.

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