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¿Se ha casado el actor Juan Diego?

Su vida privada siempre ha sido un misterio. 

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Juan Diego | Efe

La vida sentimental de Juan Diego, uno de nuestros más brillantes actores, con un impresionante curriculum artístico ha sido casi un misterio, porque él se ha empeñado siempre en separar su vida profesional de la íntima. En los archivos de las revistas del corazón apuesto a que no hay mucho material fotográfico con alguno de sus romances, ni textos donde se hable de sus noviazgos. Los más sonados fueron con actrices. Si existen documentos gráficos emparejándolo serán cuando coincidió trabajando con ellas. Por ejemplo, Ana Diosdado y Concha Velasco. Pero antes tuvo amores con una actriz de reparto, por supuesto no tan conocida, a finales de los años 60. De esa convivencia nació en 1970 el primer hijo del actor, al que bautizaron con el nombre de Adán que cuenta ahora, por lo tanto cuarenta y seis años. Tampoco sobre éste se ha contado algo o casi nada.

Juan Diego Ruiz Montero es sevillano, de Bormujos, donde nació el 14 de diciembre de 1942. Todavía adolescente soñó con ser torero, pero el miedo se lo impidió. Y luego es cuando se le metió en la cabeza ser actor. Un día me contó retazos de su vida cuando antes de cumplir los veinte años se plantó en Madrid con una mano delante y otra detrás. Consiguió algunas mañanas trabajar de extra en los estudios de Televisión Española, haciendo bulto en las grabaciones de espacios dramáticos. Le pagaban veinticinco pesetas cada vez que se lo permitían. Y por las tardes frecuentaba el café Gijón, donde veía a los actores consagrados reunidos en varias tertulias. Como las pensiones por las que pasó, todas ellas localizadas en el barrio de Argüelles, le costaban lo que en principio no podía asumir, recurría a buscarse otros trabajos, como el de dependiente en una camisería de la calle de la Montera. No tenía ni idea de lo que mostraba a la clientela, me confesó. Llegado el domingo se iba con otros soñadores como él a vender figuritas en el Rastro. La mayoría de esos días de fin de semana, en invierno, se los pasaba en el Metro, porque así estaba más calentito. Pero poco a poco se fue introduciendo en el tinglado farandulero, hasta que en 1963 le llegó su primera oportunidad de lucirse: en la serie Mi hijo y yo. La madre era la gran María Fernanda Ladrón de Guevara. Y ya, en adelante le fueron mejor las cosas. Poco a poco codeándose con otros jóvenes actores ya muy entrenados, como Jaime Blanch, Emilio Gutiérrez Caba, Luis Varela… De aquella generación ellos son ahora los que quedan de aquellos pioneros de Estudio 1 y una larga lista de novelas del siglo XIX (porque así Televisión Española se ahorraba de pagar derechos de autor, como pude corroborar en su día).

A las puertas de la década de los 70 Juan Diego era uno de los más populares actores, especializado en papeles dramáticos. Junto a Emilio Gutiérrez Caba y María José Alfonso, se integró en una entusiasta compañía con los que estrenó la comedia Olvida los tambores, que reflejaba la problemática y los ideales de la juventud de aquel tiempo, cuando el franquismo ya estaba en el ocaso. Obra escrita por quien también luego destacó como excelente actriz, la infortunada y prematuramente desaparecida Ana Diosdado, que estaba insegura de dar a conocer aquel libreto. Quien más la animó, consiguiendo su propósito de que viera la luz, fue Juan Diego, su pareja sentimental. Estuvieron dos años de relaciones y, curiosamente, rompieron amistosamente cuando en 1970 la representaron con mucho éxito. La incipiente prensa rosa de aquel tiempo no les dedicó atención alguna a la pareja. Y los reporteros tardaron hasta conocer el nuevo amor del apasionado galán sevillano: nada menos que Concha Velasco, con quien formó asimismo pareja teatral. Tuvieron dos obras en cartel durante varias temporadas, a teatro lleno: La llegada de los dioses y Abelardo y Eloísa.

Llevaba desde principio de los setenta hasta la caída del franquismo una constante lucha contra el Régimen y periódicamente solicitaba de sus compañeros que firmaran en contra de tal o cuál resolución del Gobierno, aunque su actividad más intensa la desarrolló en pro de que su gremio alcanzara el día de descanso semanal, hasta entonces algo impensable desde tiempo inmemorial. Y lo lograron. Él se sintió más unido que nunca a sus colegas, quienes lo habían motejado tiempo atrás como "Juan Pliego" en razón a su permanente labor recogiendo firmas. Quizás esa dedicación sindical desde la sede comunista a la que pertenecía en clandestinidad influyó para que su convivencia con Concha Velasco se fuera enfriando. Ella recordaba así aquella etapa de su vida: "Juanito no me hizo ningún daño. Lo único es que no quiso casarse conmigo… Le quiero tanto que cada vez que me lo encuentro no se le pueden dar más besos, más abrazos, no se puede estar más contenta de cómo es, de cómo le va su vida y de lo bien que está con la señora que él quiere ahora, una mujer monísima, guapísima y estupenda. Le he dicho a ella: lo que necesites si le pasa algo a Juanito, lo que sea, a la hora del día o de la noche… porque se ha convertido en algo tan mío que es como mi hermano. Estuvimos mucho tiempo sin tener contacto, sabía de él porque seguía su carrera… De pronto un día me llamó por teléfono y como no me encontró me dejó un mensaje… Se me cayó el teléfono de las manos. El amor es algo único".

Concha Velasco, que leído lo anterior significa ni más ni menos que Juan Diego fue el amor más grande de su vida antes de que apareciera Paco Marsó, no nos desvelaba quién era esa mujer que compartía el corazón del gran actor. Tenía éste cincuenta y seis años a la sazón, luego ello sucedía a finales de los años 90 del pasado siglo. Ella era Clara Sanchís, dieciséis años más joven que Juan Diego, natural de Teruel, hija de un dramaturgo de talento, José Sanchís Sinisterra ("¡Ay, Carmela!") y de la reconocida actriz Magüi Mira. Juntos representaron algunas funciones teatrales. Y se enamoraron. Tuvieron un hijo, que tiene dieciocho años, y lleva el mismo nombre que el padre de Juan: Diego. Clara Sanchís ha seguido desarrollando sus compromisos escénicos por separado a los de Juan Diego. Las parejas de actores no siempre coinciden en los mismos repartos. Hace bastantes años sí, cuando formaban compañía propia. Eso es muy arriesgado en la actualidad. Y él sabe mucho de lo que decimos pues en 2004 se quedó casi en la calle, al formar una compañía. Tuvo que ir al banco y solicitar un crédito. Para ir tirando, vamos..

De acuerdo con Clara Sanchís se fueron a vivir a Torrelodones, distante a treinta kilómetros de Madrid, con su hijo Diego, claro. De los últimos tiempos no hemos sabido más de Juan Diego, quien este fin de semana tiene un importante reto, al protagonizar un viejo éxito de Tennessee Williams: Una gata sobre un tejado de zinc caliente. Siempre lo hemos estimado como un actor formidable. Y en su vida privada como alguien reticente al matrimonio. Si en verdad se ha casado en secreto, en ceremonia civil imagino, como acabo de enterarme, no cabe duda que es noticia. No tengo ningún detalle sobre ella. Sólo me consta que un solterón como él está en la cofradía de los casados.

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