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Las dietas antitoxinas tras los atracones, un gran error

Perderás peso y creerás que te limpias por dentro, pero hay desventajas que quizás desconozcas.

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Hay quien se alimenta sólo de zumos para desintoxicarse | Corbis

Crees que necesitas limpiarte de toxinas después de la Navidad, y de paso perder un poco de peso, pero estás cometiendo un gran error.

Las limpiezas intestinales o dietas detoxificantes están de moda, sobre todo en los primeros meses del año, después de los excesos navideños. La forma más común es hacer una dieta muy restrictiva durante una semana o dos: alimentarse solo de zumos, o de agua con jarabe de arce disuelto, o de sopa de cebolla, o solo de fruta, o los famosos licuados vegetales.

La teoría es que de este modo el intestino, riñones e hígado pueden descansar y expulsar todas las toxinas acumuladas.

El problema es que la premisa es falsa: ni el intestino ni tus vísceras acumulan ningún tipo de toxina. De hecho, su labor es expulsar las posibles toxinas de tu cuerpo, y lo hacen cada vez que visitas el inodoro. Las dietas de limpieza, en realidad, solo te hacen pasar mucha hambre. Estas son sus consecuencias:

Pérdida de peso (pero mala)

Como tu cuerpo no tiene suficientes calorías, utiliza primero las reservas de glucógeno en los músculos y el hígado. El glucógeno se almacena en el cuerpo ligado al agua. Cuando se consume, se baja de peso a causa del agua perdida. Sin embargo, no perderás nada de grasa. El cuerpo se agarra desesperadamente a la grasa pensando que está pasando mucha hambre y que no se sabe cuándo volverás a comer. El peso perdido lo recuperarás inmediatamente en cuanto comas normal de nuevo.

Diarrea

Es una consecuencia habitual de estas dietas. No es que tu cuerpo esté expulsando residuos putrefactos almacenados desde hace meses. Es simplemente que no estás tomando suficiente fibra, solo líquidos, y el intestino se altera. Con la diarrea también te deshidratas, con lo que parece que estás adelgazando, cuando en realidad estás poniendo tu organismo en estado de alarma.

Mal aliento

Al cabo de unos tres días tus reservas de glucógeno se han agotado. El cuerpo empieza a quemar algo de grasa, pero para conservarla, también utiliza la masa muscular como combustible. El subproducto son los cuerpos cetónicos, que producen mal aliento. No es que huelas mal porque tu cuerpo exuda las toxinas que tenías dentro. Es que te estás descomponiendo.

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