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Eduardo Mendoza, Premio Cervantes: "Vivo perplejo, atemorizado y descontento de cómo va el mundo"

El escritor catalán recibió el galardón de manos del Rey, que lo definió como "artesano del lenguaje" y "maestro en el uso de la lengua española". 

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Eduardo Mendoza, a la entrada del Paraninfo de la Universidad de Alcalá | EFE

El escritor catalán Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) recibió este jueves de manos del Rey el Premio Cervantes, considerado el Nobel de las letras en español, en una ceremonia celebrada en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid).

El escritor adelantó que su discurso sería "forzosamente quijotesco", más cercano a "una lección cervantina". Y así fue. Ataviado con el tradicional chaqué, el autor hizo gala de su humor desde las primeras líneas. "No creo equivocarme si digo que la posición que ocupo es envidiable para todo el mundo menos para mí", bromeó. "Un premio de esta importancia no es fácil de asimilar sin orgullo ni modestia. No peco de insincero si digo que nunca creí recibirlo".

Mendoza reivindicó la excelencia del género del humor en la literatura: "En mis escritos he practicado con reincidencia el género humorístico y estaba convencido de que eso me pondría a salvo de muchas responsabilidades. Veo que me equivoqué. Quiero pensar que el jurado ha querido premiar este género que ha dado nombres tan ilustres a la literatura pero que a menudo se ha considerado un genero menor".

El loco de Don Quijote, el cuerdo de Don Mendoza

Fueron continuas las referencias a Miguel de Cervantes y al Quijote. "Con cada relectura, el libro mejora y, de paso, mejora el lector", aseguró. "Alguna vez me he preguntado si Don Quijote estaba loco o si fingía hacerlo para trasgredir las normas de una sociedad pequeña, zafia y encerrada en sí misma. Aunque es una incógnita que nunca despejaremos, yo creo que está realmente loco pero sabe que lo está y sabe que los demás están cuerdos. En consecuencia, le dejan hacer cualquier disparate que se le pase por la cabeza. Justo lo contrario de lo que me ocurre a mí. Creo ser un modelo de sensatez y creo que los demás están como una regadera. Por eso vivo perplejo, atemorizado y descontento de cómo va el mundo".

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"Vivimos tiempos confusos e inciertos. No me refiero a la política y la economía. Ahí los tiempos siempre son inciertos, porque somos una especie atolondrada y agresiva y quizá mala, si hubiera otra especie con la que nos pudiéramos comparar", aseguró. "Vivimos un cambio radical que afecta al conocimiento a la cultura, a las relaciones humanas, en definitiva, a nuestra manera de estar en el mundo. Pero al decir esto no pretendo ser alarmista. Este cambio está ahí, pero no tiene por qué ser nocivo, ni brusco, ni traumático".

Mendoza alertó sobre la vanidad: "Para los que tratamos de crear algo, el enemigo es la vanidad. La vanidad es una forma de llegar a necio dando un rodeo". Asimismo, destacó que "todas las lenguas del mundo son amables y generosas para quien las quiere bien y las trabaja".

El protagonista de la ceremonia se despidió mostrando su "profunda gratitud y alegría" y prometió seguir siendo lo que siempre ha sido: "Eduardo Mendoza, de profesión sus labores".

Un "maestro en el manejo del idioma"

El Rey definió a Mendoza como un "maestro en el manejo del idioma" y "verdadero 'biógrafo'" de Barcelona, una ciudad donde, como en su obra, la convivencia entre castellano y catalán "es algo natural".

Felipe VI ensalzó al autor de La verdad sobre el caso Savolta o Sin noticias de Gurb como un "verdadero artesano del lenguaje"que usa "como una herramienta de precisión" ajustada a los diferentes registros idiomáticos de sus personajes para acercar al lector a diversas realidades, desde la de los diferentes grupos marginales a la de las clases altas, en diferentes épocas y en diferentes lugares".

El humor como defensa natural

Este galardón sirve de "justo reconocimiento" al género humorístico", apostilló Íñigo Méndez de Vigo, ministro de Educación, Cultura y Deporte. "Un género que emplea el vehículo del humor para recorrer la vida de sus personajes, las ciudades y sus tiempos, las vicisitudes y los éxitos, la vida al fin. Nada ha resistido a esa mirada irónica, paródica y eminentemente cómica de quien premiamos".

"A Eduardo Mendoza le salen la comedia, la parodia y la ironía como defensa natural y como recurso natural para afrontar cualquier texto. Acotar el genio de un autor es una pérdida de tiempo, olvidando lo que sabiamente decía Ortega de que todo esfuerzo inútil conduce a la melancolía", añadió Méndez de Vigo.

El pasado 30 de noviembre se concedió el galardón a Mendoza por su lengua literaria "llena de sutilezas e ironía", en la mejor tradición cervantina, y por inaugurar en 1975 una nueva etapa en la narrativa en español "devolviendo al lector el goce por el relato", rezaba el fallo del jurado.

La entrega de este galardón se ha adelantado de forma excepcional tres días pues la fecha en la que habitualmente se entrega, el 23 de abril, coincidiendo con el Día Internacional del Libro, cae en domingo. Este viernes, está previsto que Mendoza deposite su legado en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes de Madrid y, a partir de las 18:00 horas, inaugurará la Lectura Continuada del Quijote en el Círculo de Bellas Artes.

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