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Alfredo Kraus, un artista independiente

Era grande y lo sabía. A sus cualidades unía el aprendizaje y la inteligencia para conocer sus límites: "Creo que soy el mejor; si no, me mentiría".

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Sus grandes momentos

La humildad no era, desde luego, la mayor virtud de Alfredo Kraus. Baste con citar una de sus frases: "Creo que soy el mejor; si no, me mentiría a mí mismo". Lo mismo hubieran podido decir, porque así lo sentían, otros artistas a los que he conocido; por ejemplo, el actor José María Rodero o el torero Luis Miguel Dominguín. Lo que estimamos, en un artista, no son sus virtudes morales sino la grandeza de su arte. Lo explicaba así don Gregorio Corrochano : "En el toreo, sólo es humilde el que no puede ser otra cosa".

Alfredo Kraus era grande y lo sabía. A sus cualidades innatas unía el aprendizaje y sobre todo, quizá, la inteligencia para conocer sus límites. Eso se concretó en una cosa: la cuidadosísima elección de su repertorio, la fidelidad a una línea de canto. Buscaba la belleza, por supuesto, a través de la técnica y la expresión, más que con la potencia o los alardes espectaculares.

Alfredo Kraus en 1962

Siempre le preocupó el dominio técnico de la respiración, colocar bien la voz. Gracias a eso, pudo mantener hasta el final un mismo timbre, sin el lógico declive por la edad. Hasta para los no entendidos, su canto producía una sensación de nitidez, aparente facilidad, nobleza de expresión. El crítico Arturo Reverter, que le ha dedicado un libro básico ("Una concepción del canto"), resume su juicio: "Rozaba la perfección".

Felizmente, nos ha dejado muchas grabaciones extraordinarias. Era tenor lírico ligero, maestro en la gran ópera romántica: el "Werther" de Massenet, "Rigoletto", "Tosca"... Debe escucharse su mítica grabación de "La Traviata", con María Callas, en el Teatro San Carlos de Lisboa, en 1958. También fue intérprete magnífico de zarzuela: "Doña Francisquita", "Marina", "Los gavilanes"; de canciones clásicas (la "Serenata" de Toselli, la "Matinata" de Leoncavallo) y de hermosas canciones populares hispanoamericanas: “Amapola”, “Aquellos ojos verdes”, “Estrellita”, “Asómate a la ventana”... En el cine, puede verse la película “Gayarre”, en la que encarna al mítico cantante español.

Alfredo Kraus en una Zarzuela en 1989

En una época de marketing y propaganda, él no hacía concesiones. Como don Sergio Celibidache, defendía la actuación en vivo, frente a las grabaciones: "Un cantante debe mostrar sus cualidades frente al público, en directo, sin trucos". Insistía en la necesidad de la técnica: "Hasta los flamencos defienden su voz con la técnica". Se sintió relegado por el éxito de los "tres tenores" y les correspondió con una orgullosa distancia...

Recuerdo siempe un recital suyo, en el que tuve yo algo que ver, con motivo de la Feria del Libro de Frankfurt: con cerca de 65 años, parecía en plena juventud artística, entusiasmó al público alemán, que le aplaudió incansablemente durante cerca de veinte minutos...

Siguió siempre su propio camino: "Yo procuro ser auténtico: cantar con una verdad". Con la verdad de su voz y su técnica. Alfredo Kraus: un gran artista independiente.

Alfredo Kraus (1927-1999)

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