BÁRBARA AYUSO
La media noche del pasado lunes, los venezolanos eran informados de una
emergencia eléctrica nacional. La voz de Hugo Chávez, les despertaba a media noche anunciándolo a través de
Cadena Nacional. Quedaba impuesto un severo
régimen de sanciones para todos aquellos ciudadanos que consumieran una potencia superior a 500 kilovatios/hora. Además de
condenar a la oscuridad a todo un país, aquél que incumpliera el mandato sería sancionado con una recarga del 75% en su factura.
Analistas de todo el mundo se aproximaron a señalar l
as nefastas consecuncias económicas que se avencinaban ante al reducción eléctrica. La luz se sumaba a los
productos de lujo, inaccesibles para los venezolanos, junto a los viajes,
la leche o el café. La contracción económica del país se vería acelerada por el plan de racionamiento, a consecuencia de las
paradas que tendrán que hacer muchas industrias para cumplir con las imposiciones.
La indignación y el temor de los venezolanos se acrecentó cuando el gobierno trató de tranquilizarlos con soluciones. El director de la hidroeléctrica más importante de Venezuela, la compañía de Electrificación del Caroní (Edelca)
programó un "acto de fe" para elevar un "clamor a Dios" y así solucionar la crisis eléctrica. A través de una circular, instaba a sus trabajadores a "elevar sus oraciones en un clamor a Dios por el sector eléctrico nacional” recoge
Globovisión.
Y aún hubo más. El escándalo l
o destapó el diputado Ismael García, que sacó a la luz un acuerdo de Chávez había firmado en 2007 con la dictadura cubana, por la que Venezuela construiría y financiaría una planta termoeléctrica en la isla. El coste ronda los 170 millones de dólares, y
el proyecto ha comenzado a ejecutarse en 2010.
Como suele ser habitual en sus maneras despóticas, Chávez no consultó con la Asamblea Nacional el acuerdo de financiación suscrito entre el Banco de Desarrollo Econíomico y Social de Venezuela (Bandes) y la Unión Eléctrica de Cuba. Unilateralmente,
destinó fondos a exportar su chavismo y su revolución, aunque eso suponga la ruina para el país que preside,
como también es su costumbre.
Ismael García aportó la prueba definitiva: el convenio firmado por ambos países. Además, incluyó una carta del director general de la Unión Eléctrica Cubana al gobierno chavista, en la que se pide tramitar el 10% de la central, que se construira en Holguín.
El Nuevo Herald, que ha tenido acceso a esos documentos asegura que la misiva tiene fecha del 27 de enero, y que el contrato estipula que Venezuela
deberá realizar cinco pagos entre marzo y noviembre de este año, equivalentes a 26 millones de dólares cada uno; y otros pagos hasta mayo del 2011, para completar la cifra de 169.96 millones.
Los cálculos destapan la
hipocresía del socialismo chavista: esta nueva planta cubana, producirá una energía
similar a los residentes del área metropolitana de Caracas, según los diputados de Democracia Social de Venezuela. El dictamen de Chávez es claro: Para los cubanos, electricidad. Para los venezolanos, las oraciones.