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GUÍA PARA INVERSORES PRECAVIDOS

Cinco lecciones que aprender de la caída de Nueva Rumasa

Había cinco señales claras que se debían haber tenido en cuenta antes de comprar pagarés: al menos, podrán servir de lección para próximos inversores.

Juan Morillo

Hace aproximadamente un mes, 10 de las principales empresas del grupo Nueva Rumasa se acogieron a una situación pre-consursal, el paso previo al concurso de acreedores -antigua suspensión de pagos-. El artículo 5.3 de la Ley Concursal les concede un plazo de tres meses para negociar con sus acreedores y, así, evitar el concurso.

Se estima que hay unos 5.000 inversores que han comprado pagarés o acciones de empresas de Nueva Rumasa y que temen no recuperar su dinero. Ahora está claro que invertir en esos pagarés y bonos no fue una buena decisión financiera. Sin embargo, en el momento en que estos títulos se emitieron por diversas empresas del grupo ya existían claras señales acerca de su elevado riesgo y que desaconsejaban la compra de estos bonos y pagarés. A continuación, se señalan las principales:

1. Rentabilidad muy alta comparada con la del mercado

Está claro que los inversores que compraron esos pagarés lo hicieron porque daban una rentabilidad muy superior a otros títulos de renta fija que se ofrecían en el mercado. Su error fue no preguntarse cómo era eso posible.

La pregunta que nos deberíamos hacer como inversores es porqué a estas empresas le cuesta tanto financiarse. Si las sociedades de Nueva Rumasa ofrecían hasta un 12% de interés es que no podían financiarse con menos coste. Esto significa que no consiguieron financiación de los bancos porque éstos no confiaron en la solvencia y liquidez de las empresas.

Es de entender. Los bancos no son ONG, son intermediarios financieros que se dedican a captar recursos, administrarlos y prestarlos. Estudian meticulosamente la solvencia del demandante porque su objetivo es recuperar el dinero. Si ven que la empresa (o particular) no estará en disposición financiera de devolver la cantidad solicitada en el tiempo o plazo definido no se materializa el acuerdo. Los ahorradores deberían haberlo tenido en cuenta.

2. Buscar financiación a corto plazo para proyectos a largo

Las empresas tienen diversas formas de financiarse, y una de ellas es emitiendo títulos (otras formas son utilizar capital propio, endeudarse con capital externo o emitir acciones). Hasta aquí todo correcto y normal.

Pero, según Nueva Rumasa, el objeto de esa emisión de pagarés era "la adquisición de empresas que representan auténticas oportunidades de negocio en los momentos actuales". Esto ya no es tan normal. Y es que las empresas no se compran con deuda que vence a tan a corto plazo como esos pagarés o bonos.

El inversor lo que debería haber pensado es que, o bien Nueva Rumasa llevaba a cabo prácticas financieras desastrosas (descalzando plazos, es decir, endeudarse a corto plazo para invertir a largo), o bien estaba poniendo de manifiesto un serio problema de liquidez. Los dos motivos por separado son suficientes para no invertir en esas sociedades.

De hecho, es posible que ambas causas estuvieran relacionadas: estaban intentando buscar financiación a corto plazo para tapar problemas de liquidez actuales derivados de sus inversiones a largo plazo. Los ahorradores deberían haberlo tenido en cuenta.

3. La dificultad de conocer exactamente su solvencia

Nueva Rumasa no es un holding, sino un enjambre empresarial formado por más de 110 empresas. No dispone de una empresa matriz que consolide los resultados de todas sus sociedades y que deposite un informe financiero en el Registro Mercantil. La empresa facilita una memoria anual, pero sin informe financiero.

Es fácil ver la dificultad que nos supondría conocer exactamente su solvencia. Como cada empresa hace su propia cuenta de resultados y la deposita en el Registro habría que zambullirse en ese enjambre de más de 110 empresas para llegar a obtener datos medianamente fidedignos (y algunos de ellos no estarán actualizados).

Pese que desde la empresa se ha asegurado que el inversor tendrá a su disposición todos los datos que desee (informes, datos de auditorías, memorias), la realidad es que la información que se dará sólo es de la empresa sobre la que recaigan los pagarés.

Una máxima del inversor debería ser: no inviertas en algo que no entiendas. Los ahorradores deberían haberlo tenido en cuenta.

4. La CNMV, al margen

Los ahorradores adquirieron títulos de deuda pese a las reiteradas advertencias de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Si la CNMV avisa con meridiana claridad hasta en siete ocasiones de los riesgos de invertir en los pagarés o de acudir a las ampliaciones de Nueva Rumasa; si ha puesto de manifiesto la imposibilidad de inspeccionar y controlar esas inversiones; y si, además, sabemos que el grupo ha elegido fórmulas para que las emisiones no estuvieran supervisadaspor el CNMV ni por otro supervisor... Algo debería haber significado esto para el inversor.

Aunque el papel de la CNMV es cuestionable e, incluso sobrante -no sólo no protege de estafadores sino que limita las opciones para inversores y ahorradores al encarecer los costes a los pequeños empresarios financieros-, los ahorradores deberían haber tenido en cuenta algunas de sus advertencias.

5. Ofrecer brandy como garantía de pago

Nueva Rumasa intentó colocar al Banco Santander sus existencias de brandy como garantía de los pagos a los elevados créditos que el banco tenía concedidos al grupo, además de intentar obtener más financiación por esa vía. El propio patriarca de Nueva Rumasa, José María Ruíz Mateos se lo planteó a Emilio Botín en una serie de cartas que se han facilitado a la prensa. En una de ellas le dice: "Emilio, por favor, ¡no nos dejes caer! Sería horrible. De consecuencias inusitadas y además innecesario".

Uno no puede dejar de imaginarse la cara del banquero más importante de España antes estas cartas en las que el matrimonio Ruiz-Mateos apela más a los sentimientos o a la religión antes que a argumentos económicos para pedir que les salven las empresas. Después de este fracaso en el intento de conseguir más financiación mediante estas garantías, el grupo utilizó sus existencias de brandy para colocar pagarés entre los ahorradores. Tercera emisión de Maspalomas Hoteles:

Una sólida oportunidad de inversión garantizada por un tesoro de valor incalculable de las extraordinarias existencias del viejísimo brandy de Jerez que cuenta con certificado de envejecimiento de acuerdo con la normativa vigente del consejo regulador de la denominación Brandy de Jerez y con una valoración de más de 1.200 millones de euros realizada por el insigne y prestigioso profesor del IESE y doctorado en Harvard don Pablo Fernández López.

El 'valorador' de las existencias de licor se desligó de la cuestión asegurando que el valor de los inventarios de brandy como garantía de los pagarés (esto es, el valor que podrían obtener los propietarios de los pagarés si la empresa emisora no los pagase a su vencimiento y se les diera brandy) es sustancialmente inferior a 1.217 millones de euros.

Sencillamente, esto significaba que no tenían liquidez o que preveían no tenerla en breve. El anuncio sonaba a la típica broma del Día de los Inocentes. Pero no era 28 de diciembre. Los ahorradores deberían haberlo tenido en cuenta.

¿Recuperarán su dinero los inversores?

Ésta es la pregunta que se hace todo el mundo. Evidentemente, aunque dicha respuesta se dilucidará con el paso del tiempo, se pueden avanzar varias cosas.

Los pagarés están a nombre de sociedades concretas (Carcesa, Hoteles Maspalomas, etc), así que cuando las empresas que emitieron los pagarés entren en concurso de acreedores comenzará un proceso para saldar deudas bajo tutela de los administradores concursales. Al no formar un holding (y por tanto, no consolidar cuentas), ninguna sociedad puede responder por las deudas de la otra. En este caso existe un orden de preferencia de cobro en el cual los tenedores de pagarés ocupan el tercer lugar:

1) Acreedores que cuenten con una garantía real, prenda o hipoteca sobre los bienes.

2) Trabajadores, Hacienda y Seguridad Social.

3) Bonistasy acreedores ordinarios.

4) Empresas del grupo.

5) Accionistas en caso de disolución.

El problema es que resultará difícil que estas sociedades en quiebra puedan saldar todas las deudas con todos sus acreedores. Teniendo esto en cuenta, la posibilidad de que los inversores recuperen su dinero pasa por los avales entre sociedades de Nueva Rumasa. Transferir activos de unas sociedades a otras y enajenar activos.

En resumen, Nueva Rumasa enviaba señales muy claras que desaconsejaban la inversión en esos pagarés. Por las razones expuestas anteriormente estaba claro en su momento que esos títulos no significaban una oportunidad financiera por el riesgo claro que se asumía. Los ahorradores que decidieron invertir en Nueva Rumasa no mostraron tener mucho colmillo como inversores. Ahora deberán responsabilizarse de sus acciones y asumir las posibles pérdidas. Esperemos que sean pocas.

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