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Noticia publicada el 05-09-2007
(Libertad Digital - Víctor Gago) Si lo que publica Negocio este miércoles es cierto –ninguna razón, hasta ahora, para dudar del criterio más fresco y audaz de la prensa económica española–, la propaganda del Gobierno acaba de perpetrar un movimiento de los de descubrirse y hacer reverencia. Una pieza de coleccionistas para estudiosos de la comunicación política.
Porque lo relevante de este scoop periodístico no es el hecho que cuenta –"Sarkozy recomendó al Gobierno de Argelia la expulsión de Repsol de Gassi Touil"–, tanto como quién lo cuenta –"fuentes cercanas al Gobierno español", o sea, pro-gubernamentales o, directamente, el Gobierno–.
¿Por qué querría el Gobierno señalar a Nicolás Sarkozy como la mano negra del abuso del Gobierno argelino contra Repsol YPF y Gas natural? Hay media docena de motivos, al menos.
En primer lugar, el presidente francés y Mariano Rajoy se reúnen el próximo sábado en Ronda, alrededor de una tarde de toros, a los que parece que el mandatario galo es aficionado, ahora con más razón que nunca, con las salidas a hombros de Sebastián Castella.
El presidente del PP disimulaba mal este martes su excitación por el reencuentro con su idolatrado Sarko.
Con pudor, pero también con ganas locas de soltarlo, dijo a la Prensa que prefiere "que sea El Elíseo quien confirme" la cumbre. ¡El Elíseo! ¡Una reunión en una tasca con cabezas de toros colgadas de las paredes, delante de unas cañas y una ración de chanquetes, pendiente de confirmación por El Elíseo!
Hay algo de papanatismo en la mitificación de Sarkozy por los dirigentes del PP.
Al día siguiente –o por ahí– de su triunfo en las Presidenciales francesas, Gabriel Elorriaga anunció que enviarían un equipo a observar el método de Sarkozy, el nombre de su camisero, el perfume que usa, la tabla de Pilates que sigue y secretos por el estilo. Hay que ser paletos para creer que la moderación está a miles de kilómetros y no en la propia claridad moral. Claro que, cuando hasta dirigentes regionales del PP empiezan a decir en público que "lo que dice Rajoy no es, ni mucho menos, palabra de Dios", es casi mejor mirar a París o a Berlín, que a Génova.
Si el Gobierno –bien directamente, bien en sus aldeaños, como cita Negocio– ha emprendido la descripción o la intoxicación de que el gran Sarko es el culpable único y directo de la crisis con Argelia, porque pidió a Buteflika que echara a patadas a Repsol y Gas Natural de Gassi Touil, a Rajoy no le va a quedar más remedio, de aquí a unas horas, que tragarse su pudor y confirmar él mismo la cumbre con su líder espiritual.
¿Cuánto tardará el PSOE en pedirle que responda de esa reunión con el nuevo "enemigo" de España?
Algo tendrá que decir ahora y, sobre todo, algo tendrá que hacer; por ejemplo: pedir a Sarkozy que lo desmienta o que rectifique y, sobre todo, denunciar con claridad que el Gobierno no duda en fabricar chivos expiatorios y forzar un nuevo roce con Francia –de la que dependen tantas detenciones de etarras– para distraer su escandaloso absentismo y su pavorosa debilidad en el exterior, cada vez que hay intereses españoles agredidos o en peligro.
En fin, ahora que el Gobierno lo ha puesto en el disparadero como el amiguito de Nicolás, Rajoy tiene la oportunidad de convertir su esperada cita en algo más que una conversación sobre la fiesta taurina y un posado fotográfico para colgar en el despacho junto a la foto dedicada de Indurain.
Puede ser su debut como presidente en la sombra, ante el vacío de poder de España en el mundo. Sarkozy, por su parte, tiene que colaborar y ponérselo fácil. Si se está para la fiesta, también se está para los funerales.
Una segunda motivación del Gobierno para suministrar su versión más heavy de la crisis con Argelia podría ser devolver el feo de François Fillón al negarse a la retractación que Zapatero había anunciado tras el episodio en el que el primer ministro francés reveló al canal TF-1 que el presidente español le había confesado que "lamenta amargamente" la regularización masiva de inmigrantes.
Culpar a Sarkozy del ataque a Repsol y Gas Natural en Argelia sería una forma de devolver el golpe; ciertamente, una forma temeraria, pero ¿quién dijo que el Gobierno del pañuelo palestino al cuello alguna vez se ha guiado por la prudencia en el exterior?
Hay una tercera motivación que haría especialmente refinada la maniobra propagandística del Gobierno: la venganza contra Aznar.
En 2003, Zapatero viajó a Rabat, en plena guerra fría con Marruecos, y fue duramente escarnecido por el anterior presidente.
La urgencia, la casualidad y una memoria de elefante rencoroso han servido al presidente más retorcido de la historia el plato frío de la venganza: trasero de Rajoy como si fuera rosbeef de Aznar.
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