
Tiana y el sapo tiene la virtud de evitar reformulaciones o rememoraciones. Es un film que no evoca tiempos pasados de la compañía, ni los homenajea: se trata de un auténtico show de cine de animación clásico y a la antigua usanza, que demuestra sin moverse un ápice de la fórmula Disney, que films como Pinocho, Blancanieves o El Rey León, siempre han permanecido ahí, agazapados y esperando a ser recuperados. En Tiana y el sapo no cabe ni el psicoanálisis del mito ni el descrédito irónico, es un film tradicional en fondo y forma que continúa la labor de la compañía allí donde se quedó, y que renuncia abiertamente a complacer audiencias adolescentes mimetizándose en gamberradas al estilo Shrek y compañía.
Un cuento de hadas Disney auténtico que, por tanto, explota tanto la faceta romántica como la cómica, sin olvidar la puramente siniestra, como mandan los cánones. Hay en Tiana y el sapo un respeto al relato clásico de la compañía que reconforta, un aroma a sencillo entretenimiento sin pretensiones con un diseño que le da mil patadas a algunos shows digitales recientes. Y por ello que el film de Ron Clements y John Musker (responsables de Aladdin) no defrauda. Cierto es que la banda sonora de Randy Newman no pasa de ser meramente pragmática, y que las canciones están alejadas de la gloriosa resonancia de títulos como El Rey León o La bella y la bestia. El guión parece también aquejado de cierta arritmia, sufriendo un tramo final ciertamente descompensado y un desenlace un tanto brusco.
Pero todos estos defectos se ven eclipsados por las virtudes. La escasa prestancia a algún personaje protagonista se ve compensada por algún secundario de esos capaces de rellenar huecos (atención al destino final del bondadoso Ray, una decisión valiente de los responsables del film). Y también destacan detalles tan necesarios como presentar, por primera vez, a una heroína trabajadora y de color, por no hablar de la ubicación del relato en el Nueva Orleans de principios de siglo, que proporciona una bonita ambientación visual y sonora. Tiana y el sapo es un notable film animado, de intachable moraleja, que pone la nota de cordura en la tan cacareada revolución digital, recordándonos quién creó los resortes mágicos y míticos del cine de animación.