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¿De dónde salieron los teléfonos Trium?

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Consulte también el ANEXO a este Enigma que contiene un resumen de los IMEI

 
L D (Luis del Pino) Suresh Kumar llegó a España en 1993. Como tantos otros hindúes, buscaba montar algún negocio que le permitiera establecerse y prosperar. Diez años después, regentaba tres bazares en donde se vendían relojes, teléfonos y un sinfín de otros productos electrónicos a bajo precio. Los márgenes en ese tipo de negocio son bajos, pero suficientes para poder salir adelante e ir ahorrando.
 
En marzo de 2004, vivía en un piso de la Avda. del Cerro de los Angeles, que había adquirido pidiendo una hipoteca al banco. Además de su mujer y su hija, vivían con él en ese piso su hermano Rakesh Kumar y su cuñado Vinay Kohly, que le ayudaban a llevar los tres bazares de los que la familia vivía.
 
Como tantos otros inmigrantes a quienes los atentados del 11-M les sorprendieron viviendo en Madrid, el día 12 de marzo acudió a la Plaza de Colón, a manifestar su rechazo a esa barbarie que había dejado un reguero de 192 muertos y centenares de heridos, y su solidaridad con los españoles y con su país de acogida.
 
Al día siguiente de asistir a esa manifestación de repulsa, Suresh Kumar y su cuñado fueron detenidos e incomunicados, acusados de colaboración con banda armada. Les achacaban que en una de sus tiendas se habían vendido los teléfonos presuntamente utilizados para montar las bombas del 11-M. Permanecieron en la cárcel seis semanas, tras de lo cual fueron puestos en libertad. Las seis semanas más terribles de su vida.
 
LOS NEGOCIOS DE LOS KUMAR
 
Los Kumar regentaban tres bazares, en otros tantos locales que habían alquilado:
 
  • uno en la Avda. del Cerro de los Angeles 25, muy cerca de la casa donde vivían. Esta tienda la llevaba el propio Suresh Kumar,
  • otro en la C/ Rafaela Ibarra 40, que regentaba su cuñado,
  • y un tercero en la Avda. Real de Pinto 42, del que se encargaba su hermano.

 

Se trataba de una sola empresa, con tres tiendas distintas y tres libros de caja distintos, pero con una misma contabilidad bancaria. El nombre de la empresa era Bazar Top S.L. y se había constituido en el año 2000 con un capital social de 3.005 euros.

En la tienda de la Avda. del Cerro de los Angeles tenían también un pequeño negocio de alimentación, en el que trabajaba un empleado ecuatoriano, llamado Washington Mauricio Cuenca Medina, que también se encargaba de hacer los recados en la tienda de telefonía, cuando era necesario.
 
Los ingresos de las tiendas provenían, fundamentalmente, de la venta de teléfonos, de radios, de alguna consola de juegos y de consumibles (cintas de casete y de vídeo, CDs y DVDs). Pero un porcentaje cada vez mayor del negocio radicaba no en la venta de productos, sino en la prestación de dos tipos de servicios: liberación de teléfonos móviles y, sobre todo, recarga de tarjetas telefónicas. Esta última, la recarga de móviles, era una actividad en ascenso, que dejaba pingües ganancias gracias al margen ofrecido por la operadoras.
 
LA HISTORIA OFICIAL
 
El 13 de marzo de 2004, Suresh Kumar y su cuñado fueron detenidos, alegando que habían vendido el teléfono móvil encontrado en la mochila de Vallecas. No se detuvo ni al hermano de Suresh ni a su empleado ecuatoriano. Esa misma noche, la Policía registró el local de la C/ Rafaela Ibarra (el que regentaba el cuñado de Suresh). Ni la casa donde todos ellos vivían, ni los otros dos locales fueron registrados.
 
En los tres días siguientes, prestaron testimonio ante la Policía cuatro personas, con cuyas declaraciones se construiría la historia presentada al juez.
El primero de esos testimonios se produjo el 14 de marzo, fecha en la que declara ante la Policía José Ramón Pascual Molinillo, cuya familia está vinculada a uno de los clanes inmobiliarios del PSOE. y que era propietario de la empresa Telefonía San Diego. José Ramón Pascual Molinillo declaró que el 17 de octubre de 2003 había comprado 200 packs telefónicos, entre los que se encontraba el teléfono de la mochila de Vallecas. Declaró asimismo que cuatro días después, el 21 de octubre de 2003, había vendido 80 de esos 200 teléfonos a Bazar Top.
 
El segundo de los testimonios es el del hermano de Suresh Kumar, que declaró el 16 de marzo que unos individuos que hablaban en búlgaro habían adquirido en su tienda varios teléfonos del mismo modelo que el de la mochila de Vallecas. Concretamente, el número total de teléfonos que habían comprado era diez:
 
  • el 3 de marzo, esos búlgaros compraron tres teléfonos sin liberar, y encargaron otros 6 liberados. Los búlgaros abandonaron la tienda a eso de las 20:15. Como el hermano de Suresh no disponía de teléfonos liberados de ese modelo en su tienda, llamó a Suresh para que liberara 12 teléfonos, con el fin de quedarse otros seis en reserva. Como esos teléfonos los tenían en la tienda de Rafaela Ibarra (la que regentaba el cuñado), Suresh Kumar llamó a su cuñado para que se trajera doce teléfonos a casa esa noche.
  • el 4 de marzo, enviaron al empleado ecuatoriano a liberar los 12 teléfonos a una empresa denominada Test Ayman. El hermano de Suresh recogió los teléfonos antes de irse a trabajar y se los llevó a su tienda. Los búlgaros del día anterior vinieron a por sus seis teléfonos liberados a eso de las 11:15. Mientras les despachaba, el hermano de Suresh apuntó en el libro de caja los números de serie (IMEI) de los 12 teléfonos que habían liberado.
  • el 8 de marzo, a eso de las 13:30, uno de los búlgaros vuelve a la tienda y compra otro teléfono del mismo modelo, aunque el hermano de Suresh no recuerda si lo compró liberado o sin liberar.
 
La Policía entregó al juez Del Olmo con fecha 18 de marzo el libro de caja que había sido aportado por el hermano de Suresh Kumar y donde constaban tanto las ventas a los búlgaros como los IMEI de los 12 teléfonos liberados el 4 de marzo.
 
El tercer testimonio es el del empleado ecuatoriano, que declaró ante la Policía también el 16 de marzo y que dijo que, en efecto, había llevado unos móviles a liberar a la empresa Test Ayman en la mañana del 4 de marzo.
 
El cuarto testimonio es el del propietario de la empresa Test Ayman, llamado Ayman Maussili Kalaji, que confirmó en su declaración del 16 de marzo que se dedicaba a liberar teléfonos móviles para particulares y empresas, entre ellas Bazar Top. Kalaji aportó dos notas de entrega, correspondientes a los días 4 y 8 de marzo. Según esas notas de entrega, el día 4 de marzo había liberado para Bazar Top 12 teléfonos móviles del mismo modelo que el de la mochila de Vallecas, mientras que el día 8 de marzo había liberado otros 4, también de ese mismo modelo.
 
Con esos testimonios, la historia estaba completa: una empresa llamada Telefonía San Diego había vendido 80 packs telefónicos a Bazar Top en octubre de 2003. Bazar Top había vendido a unos búlgaros 10 de esos teléfonos, unos sin liberar y otros liberados. Los liberados los había llevado a liberar a la empresa Test Ayman. Y tanto en el libro de contabilidad de Bazar Top como en las notas de entrega de Test Ayman figuraban los números de serie, pudiéndose comprobar que entre esos números de serie se encontraban el teléfono de la mochila de Vallecas y otros cinco que se habían activado con él bajo un repetidor de Morata de Tajuña el día anterior a los atentados.
 
Conclusión: no cabía la más mínima duda de que los terroristas habían comprado los teléfonos móviles de las bombas en una de las tiendas de Bazar Top, la empresa de Suresh Kumar.
 
COSAS QUE NO CUADRAN
 
El 17 de marzo, Suresh Kumar y su cuñado, que estaban detenidos desde el 13-M, prestaron por fin declaración ante la Policía. Dos días más tarde, declaraban también ante el juez Del Olmo.
 
En sus declaraciones, corroboraron a grandes rasgos lo que el hermano de Suresh Kumar ya le había dicho a la Policía: que habían liberado unos móviles el día 4 de marzo. No pudieron, sin embargo, aportar mucha más información, porque ellos no habían sido quienes habían vendido los teléfonos: quien los había vendido era el hermano de Suresh Kumar.
 
Analizando la historia y todas las declaraciones asociadas, recogidas en el sumario, en seguida salta a la vista, sin entrar en detalles, que hay varias cosas que no cuadran:
 
 
1. En primer lugar, llama la atención que se detuviera a unos indios de religión hindú por presunta colaboración con una trama islámica. Es un completo contrasentido.
2. En segundo lugar, los teléfonos se habían vendido en una de las tiendas de estos hindúes, pero resulta que a quien se detiene es a los hindúes que regentaban las otras dos tiendas. Al hindú que había vendido los teléfonos (el hermano de Suresh Kumar) es justo al único que no detienen.
3. En tercer lugar, cuando la Policía detiene a estos dos hindúes el 13 de marzo, no se molesta en registrar su casa y sólo registra uno de los tres locales, que no era aquél en que se habían vendido los supuestos teléfonos de las bombas.
4. Finalmente, la pregunta más obvia es: ¿y por qué se detiene a alguien por vender teléfonos, lo cual no es ningún delito? Volveremos sobre esta pregunta más adelante, porque, como veremos, tiene más miga de la que parece.
 
 
No puede evitarse la sensación de que hay algo extraño en todo el episodio, sensación que se confirma cuando entramos a analizar y comparar la letra pequeña de las declaraciones. En primer lugar, existen bastantes contradicciones en lo que respecta al episodio de la liberación de los 12 móviles el día 4 de marzo.
 
  • En su declaración ante el juez, el hermano de Suresh Kumar dijo que en la mañana del día 4 él recogió temprano los 12 teléfonos liberados, antes de irse a trabajar, y se los llevó a su tienda. No especificó quién había llevado a liberar los teléfonos.
  • El propio Suresh Kumar, por su parte, afirmó ante el juez que envió a su empleado ecuatoriano a liberar los 12 teléfonos y luego le encargó que los llevara a la tienda regentada por su hermano.
  • El empleado ecuatoriano confirmó que él había liberado los teléfonos, pero no dijo nada de que luego los hubiera llevado a la tienda del hermano de Suresh.
  • El cuñado de Suresh, por su parte, declaró que quien había llevado a liberar los teléfonos era él mismo.
 
¿Quién  liberó los teléfonos el día 4? ¿Lo hizo el empleado ecuatoriano (como declaró Suresh) o lo hizo el cuñado de Suresh (como él mismo dijo)? ¿Quién llevó los teléfonos ya liberados a la tienda donde los recogerían los búlgaros: el hermano de Suresh (como él mismo declaró) o el empleado ecuatoriano (como dijo Suresh)? Son pequeños detalles, pero llama la atención que existan contradicciones entre los cuatro declarantes en un aspecto tan concreto y sencillo del relato de los hechos.
 
Hay más omisiones curiosas. En su declaración ante la Policía, el propietario de la empresa Test Ayman (la que se supone que liberó los móviles) ocultó un hecho importante: que él mismo era policía. ¿Por qué ocultó ese dato a sus compañeros? O, mejor dicho, ¿por qué sus compañeros ocultaron ese dato al levantar acta de la declaración, dado que resulta bastante poco probable que no conocieran a ese policía de origen sirio llamado Ayman Maussili Kalaji, a cuya tienda muchos policías llevaban a liberar teléfonos?
 
Pero hay otro aspecto llamativo de la declaración de Ayman Maussili Kalaji: él dio a la Policía dos notas de entrega de dos operaciones de liberación de móviles efectuadas para Bazar Top. Una de ellas era de la liberación de 12 móviles el día 4 de marzo, mientras que la otra correspondía a una liberación de 4 móviles el 8 de marzo. ¿Por qué ni Suresh Kumar, ni su hermano, ni su cuñado, ni su empleado ecuatoriano hacen la más mínima mención de esa segunda operación de liberación de móviles efectuada el 8 de marzo? ¿Por qué la Policía no les preguntó por esa segunda tanda de liberaciones de móviles iguales al de la mochila de Vallecas?
 
¿CÓMO LLEGÓ LA POLICÍA HASTA EL BAZAR TOP?
 
Quizá el aspecto que más extrañeza cause es cómo pudo la Policía determinar que el teléfono móvil de la mochila de Vallecas había salido de Bazar Top. Todas las declaraciones que hemos analizado (las de los propios hindúes, las de la persona que dice que les vendió 80 teléfonos, las del empleado ecuatoriano, las del policía que liberó los móviles) son posteriores a la detención de los hindúes. Por tanto, la Policía no llegó a esos hindúes a través de esas declaraciones, sino de alguna otra forma. ¿De cuál?
 
En el sumario del 11-M se ha intentado desde el principio dejar en la nebulosa ese aspecto de las investigaciones. Tanto la Policía en sus informes, como el juez Del Olmo en sus autos, han procurado pasar de puntillas sobre este aspecto. Como veremos, existen buenas razones para ello.
 
En la madrugada del 11 al 12 de marzo, la Policía encontró la famosa mochila de Vallecas en una comisaría. En esa mochila había un teléfono móvil de Movistar, modelo Trium T-110, con una tarjeta telefónica de Amena. Mirando dónde se había comercializado la tarjeta telefónica de Amena, la Policía llegó hasta el locutorio de los tres marroquíes que fueron detenidos el 13-M, mientras que mirando dónde se había comercializado el teléfono Trium T-110, la Policía llegó hasta Bazar Top. La manera de llegar fue la siguiente:
 
  • En la mañana del 12-M, la Policía pidió a las operadoras telefónicas todos los datos que tuvieran acerca del teléfono de Vallecas: dónde se había comercializado, en qué lugares se había usado, ... Amena informó de que ese teléfono, junto con otros seis, se había encendido bajo un repetidor de Morata de Tajuña el día anterior a los atentados. Movistar, por su parte, respondió que no le constaba dónde se había vendido el teléfono, pero que ese teléfono formaba originalmente parte de un pack al que figuraba asociada la tarjeta 660955944 (que no es la de la mochila de Vallecas). Ese pack había sido activado el 28/11/2003.
  • La Policía obtuvo (sin mandamiento judicial) el listado de llamadas de ese número telefónico (el 660955944) y averiguó que ese teléfono pertenecía a una persona de etnia gitana llamada Dolores Motos Salazar.
  • En la tarde del 12-M, la Policía interrogó a Dolores Motos Salazar y a otras dos personas relacionadas con ella. Dolores Motos declaró que había comprado esa tarjeta junto con un teléfono Movistar TSM en enero de 2004, para regalarle el teléfono a su nieto. La compra la efectuó en la tienda de Rafaela Ibarra 40 (la regentada por el cuñado de Suresh Kumar). El teléfono funcionaba mal, así que volvió unos días después a la tienda y se lo cambiaron por otro del mismo modelo.
 
Y así es como se llegó hasta los hindúes. Todos estos datos figuran en las declaraciones del sumario y en las comunicaciones enviadas por las compañías telefónicas pero, como hemos dicho, ni la Policía ni el juez Del Omo quisieron hacer nunca explícita esta secuencia de acontecimientos en sus informes y autos. Y la razón es muy simple: esta secuencia de hechos demuestra que la detención de los dos ciudadanos hindúes, efectuada en plena jornada de reflexión, fue completamente ilegal, porque ni siquiera existía el más mínimo dato que indicara que los hindúes habían vendido el teléfono de la mochila de Vallecas.
 
"¡Un momento!", dirá el lector. "¿Pero no acaba usted de decir que la gitana compró el teléfono en la tienda de los hindúes?". No. No he dicho eso. Lo que la gitana compró era un teléfono de un modelo distinto. La gitana había comprado un teléfono Movistar TSM, no un Trium T-110. Lo que había pasado era lo siguiente:
 
  • El Trium T-110 de la mochila de Vallecas formaba parte originalmente de un pack que tenía asociada la tarjeta 660955944. Aunque las operadoras telefónicas exigen que los packs se vendan conjuntamente, muchas empresas de telefonía compran packs para luego separar el teléfono y la tarjeta telefónica y venderlos independientemente. Se trata de un pequeño fraude, pero es bastante habitual en el sector. El teléfono de la mochila de Vallecas fue separado de su tarjeta original el 28/11/2003.
  • La tarjeta de ese pack le fue vendida a la gitana por los hindúes junto con un teléfono de otro modelo distinto, Movistar TSM.
  • En cuanto al propio Trium T-110 (el teléfono de la mochila de Vallecas), en la tarde del 12-M la Policía no tenía la más mínima constancia de dónde pudiera haber sido vendido, a pesar de lo cual se ordenó la detención al día siguiente de los dos hindúes.
 
En otras palabras: que los dos hindúes fueron detenidos el 13-M por vender una tarjeta telefónica que no era la de la mochila de Vallecas y un teléfono que tampoco era el de la mochila de Vallecas. Es sólo después de detener a los hindúes cuando se determina, basándose en las propias declaraciones de éstos, que el teléfono de la mochila de Vallecas había sido comercializado en otro de sus establecimientos. Por eso es por lo que hubo que evitar en el sumario cualquier mención al modo en que se había llegado hasta los dos hindúes: porque con los datos conocidos el 13-M no había la más mínima justificación para esas detenciones. Como tendremos oportunidad de ver en un futuro artículo, las irregularidades procesales cometidas con estos dos hindúes no terminan aquí.
 
CINCO MOTIVOS PARA LA SOSPECHA
 
La constatación de que los hindúes fueron detenidos antes de tener constancia de que habían vendido el teléfono de la mochila de Vallecas nos lleva, como desconfiados que somos, a plantearnos la pregunta de si realmente vendieron ese teléfono o si se trata de una historia fabricada a posteriori de la detención. Hay muchísimas cosas que no cuadran en la historia de ese teléfono de Vallecas. Ya hemos comentado, por ejemplo, las contradicciones existentes entre los distintos testimonios. Ya hemos hablado también del sospechoso detalle de que sea una persona vinculada a uno de los clanes inmobiliarios del PSOE quien declare haber vendido 80 teléfonos Trium a los hindúes, y la no menos sospechosa circunstancia de que sea un policía quien declare haber liberado 16 teléfonos para esos hindúes, entre ellos el de la mochila de Vallecas y otros cinco que se activaron en Morata. Pero hay muchas otras cosas que no cuadran en la historia.
 
1. Para empezar, fijémonos en cómo nos dicen que se produce el encargo de liberar los teléfonos: en la tarde del 3 de marzo, los búlgaros le encargan al hermano de Suresh Kumar 6 teléfonos móviles liberados. El hermano llama por teléfono a Suresh y le dice que libere doce teléfonos. Como los teléfonos estaban físicamente en la tienda de la calle Rafaela Ibarra, Suresh llama por teléfono a su cuñado (que estaba encargado de esa tienda) y le dice que se traiga doce teléfonos a casa esa noche, para liberarlos a la mañana siguiente. Pues bien: en el sumario se pueden encontrar los listados de llamadas de los hindúes, tanto de sus móviles como de sus teléfonos fijos, y en esos listados no consta ninguna llamada del hermano a Suresh ni de Suresh a su cuñado en la tarde del 3 de marzo. Esas llamadas no existieron.
 
2. En segundo lugar, el episodio de la anotación de los IMEIs. Según cuenta el hermano de Suresh Kumar en su declaración, mientras les despachaba a los búlgaros sus 6 teléfonos móviles liberados, se dedicó a apuntar en el libro de caja de la tienda el IMEI (número de serie) de los 12 teléfonos que había mandado a liberar. Como ha quedado demostrado en el juicio, en ese libro de caja no figura ninguna otra anotación de IMEIs. En otras palabras: en toda la historia del bazar, la única vez que al hermano de Suresh Kumar se le ocurre anotar el IMEI de unos teléfonos que vende o que libera es, justo, cuando vende ese lote en el que figura el teléfono de la mochila de Vallecas, para que podamos tener constancia de que fue vendido en su bazar. Demasiado casual para no ser un invento.
 
3. En tercer lugar, las contradicciones con respecto al número de móviles liberados. En sus declaraciones ante la Policía, los tres hindúes y su empleado ecuatoriano hablan de una única liberación de 12 móviles el 4 de marzo. Por su parte, el propietario de la empresa donde se liberaron los móviles, el policía Kalaji, aportó en su declaración dos notas de entrega: una de 12 móviles correspondiente al 4 de marzo y otra de 4 móviles correspondiente al 8 de marzo, lo que haría un total de 16 teléfonos. Pero es que, dos años después, en febrero de 2006, la Policía entregó al juez Del Olmo un informe sobre la contabilidad de la empresa de Kalaji y en ese informe añade la mención a una tercera nota de entrega (que no se adjunta al sumario), según la cual Kalaji habría liberado para Bazar Top otros 4 móviles Trium T-110 el 10 de marzo de 2004, lo que daría un total de 20 Trium T-110 liberados por Bazar Top entre el 4 y el 10 de marzo. ¿Por qué ni los hindúes ni su empleado ecuatoriano hicieron la más mínima mención de esas otras dos operaciones de liberación de móviles efectuadas el 8 y el 10 de marzo? ¿Por qué el propio Kalaji se olvidó de esa tercera nota de entrega del 10 de marzo, al declarar ante la Policía y ante el juez? ¿Cuántos Trium T-110 se liberaron en realidad? ¿Doce, dieciséis, veinte o ninguno?
 
4. En cuarto lugar, no tiene ningún sentido que se liberaran, en ningún caso, más de seis móviles. Los búlgaros habían pedido 6 móviles liberados. Entonces, ¿por qué Bazar Top iba a liberar más de 6 en esa primera tanda del 4 de marzo? La justificación que dio en su declaración el hermano de Suresh Kumar es que así tenían otros 6 para guardar en reserva, ya liberados, por si alguien los quería en el futuro. Aún admitiendo esa justificación, ¿qué razón había entonces para mandar a liberar otros 4 móviles el 8 de marzo y 4 más el 10 de marzo? ¿Querían, acaso, tener más en reserva? Pero, además, ese tipo de bazares, como los que regentaban nuestros tres hindúes, no incurren nunca en gastos simplemente para tener en reserva, porque sus márgenes no se lo permiten. Aunque la operación de liberación de un móvil no sea excesivamente cara (3 euros les cobraba Kalaji por cada operación), ¿para qué iban a efectuar ese gasto por adelantado, en lugar de esperar a que un cliente les solicite un móvil liberado? Analizando la contabilidad de la empresa de Kalaji se demuestra que, a lo largo de 25 meses, Bazar Top liberó en Test Ayman más de 500 teléfonos de distintos modelos. Si descontamos esos 20 teléfonos supuestamente liberados los días 4, 8 y 10 de marzo, resulta que en esos 500 teléfonos sólo hay... 4 teléfonos Trium T-110. Es decir, que en 25 meses sólo les surge la necesidad de liberar un Trium T-110 en cuatro ocasiones, y sin embargo entre el 4 y el 10 de marzo de 2004 liberan 20 teléfonos para quedarse 14 de ellos en reserva. De nuevo, demasiado absurdo para ser cierto.
 
5. En quinto lugar, algo sumamente chocante. Ya hemos dicho que la Policía sólo registró en la noche del 13-M la tienda de Rafaela Ibarra. No registró ni la casa donde los tres hindúes vivían ni las otras dos tiendas, entre ellas aquélla donde supuestamente compraron los móviles esos búlgaros. ¿Por qué no se registraron los demás locales de los hindúes? Pero lo sorprendente es otra cosa: en su declaración, el hermano de Suresh Kumar dijo que habían tenido que llamar al cuñado de Suresh para que se trajera a casa 12 móviles en la tarde del 3 de marzo, porque era en la tienda de Rafaela Ibarra (la del cuñado) donde tenían esos móviles Trium T-110. Sin embargo, en el registro de la tienda de Rafaela Ibarra, efectuado el 13 de marzo por la noche, no aparece consignado que la Policía encontrara ningún teléfono Trium T-110.
 
Como vemos, demasiadas cosas que no cuadran, y que sugieren que, en realidad, toda la historia de la supuesta liberación de los móviles por parte de Bazar Top no era más que un intento de "demostrar" (falsamente) que el teléfono de la mochila de Vallecas había sido comercializado por esos hindúes. Las notas de entrega proporcionadas por Kalaji a la Policía el 16 de marzo incluían el IMEI de los teléfonos liberados, y entre ellos estaban el de la mochila de Vallecas y el de otros cinco teléfonos activados en Morata, con lo cual se "demostraba" que los hindúes habían vendido esos teléfonos.
 
¿Liberaron esos hindúes realmente 20 teléfonos en la tienda de Kalaji? Con toda probabilidad, no. Lo más probable es que Kalaji aportara las notas de entrega que le dijeron que aportara, incluyendo en ellas los datos que le dijeron que pusiera. Notas de entrega que, también con toda probabilidad, fueron elaboradas con posterioridad a los atentados.
 
LOS DOS IMEI
 
Las contradicciones no acaban aquí, aunque antes de continuar con ellas tenemos que analizar otro aspecto de lo sucedido el 12-M, durante las investigaciones llevadas a cabo por la Policía.
 
Como ya hemos dicho, en la mañana del 12-M la Policía pidió a Movistar datos sobre la comercialización del teléfono de la mochila de Vallecas. Para ello, la Policía le proporcionó a Movistar el IMEI del teléfono y Movistar contestó que ese IMEI se correspondía con un pack al que estaba asociado el número telefónico que luego terminaría llevando hasta la gitana.
 
Sin embargo, durante la tarde del 12-M, la Policía dio un viraje a las investigaciones e informó al juez de que, aunque en la carcasa del teléfono de la mochila de Vallecas figuraba un IMEI, en realidad el teléfono tenía programado internamente otro IMEI distinto.
 
En un futuro artículo veremos cuál es la razón de que se hiciera esta jugada. Por el momento, quedémonos con la información siguiente: en la tarde el 12-M, la Policía tenía (gracias a Amena) el IMEI de siete teléfonos que se habían encendido bajo un repetidor de Morata de Tajuña el día anterior a los atentados. Uno de esos IMEI se correspondía con el que figuraba impreso en la carcasa del teléfono encontrado en la mochila de Vallecas, mientras que otro de esos IMEI se correspondía con el que tenía programado internamente ese mismo teléfono.
 
Dicho esto, sigamos con nuestra historia.
 
TELEFONÍA SAN DIEGO
 
Como ya hemos señalado, la versión oficial afirma que una empresa llamada Telefonía San Diego, propiedad de José Ramón Pascual Molinillo, vendió 80 packs Trium T-110 a Bazar Top, pero ¿existió realmente esa compra?
 
Lo que el dueño de Telefonía San Diego declaró ante la Policía el 14 de marzo es que él había comprado 200 packs Trium T-110 el 17 de octubre de 2003, identificados mediante sus respectivos IMEI, y que cuatro días más tarde, el 21 de octubre de 2003, había vendido 80 de esos 200 teléfonos a Bazar Top.
 
Desafortunadamente, en esa factura de 80 teléfonos ya no figuraban individualizados los IMEI de los distintos terminales. En consecuencia, el dueño de Telefonía San Diego podía asegurar que el teléfono de la mochila de Vallecas era uno de los 200 adquiridos por él, aunque no podía garantizar que estuviera entre los 80 vendidos a Bazar Top.
 
Como vamos a ver, también son varias las cosas que no cuadran en esta declaración.
 
En primer lugar, llaman enormemente la atención los términos en los que está redactada esa declaración de José Ramón Pascual Molinillo efectuada el 14 de marzo. Esto es lo que el sumario refleja:
 

 
"... el día 17 de octubre de 2003 adquirió de la empresa "Comunicaciones Recibidas S.L. [el nombre real es Reunidas]" ... un pack de doscientos teléfonos móviles marca MITSUBISHI modelo TRIUMT110 color azul.
- Que, de esos doscientos teléfonos móviles, el dicente guarda relación numérica de los IMEIS de cada uno de ellos.
- En este estado de la presente, el Instructor dispone informar al declarante de que, entre esos doscientos IMEIS, han de figurar dos en concreto, los números 350822350941947, y 350822350844612, de especial interés para el curso de la investigación. PREGUNTADO sobre dichos números, CONTESTA, tras consultar la relación, que, efectivamente, figuran ambos."
 

 
Observe el lector la curiosa forma en que está redactada el acta: José Ramón Pascual Molinillo acude a la Policía el 14 de marzo llevando, supuestamente, una factura de compra donde constan los IMEI de los 200 teléfonos que él había comprado, entre los cuales estaban los dos del teléfono encontrado en la mochila de Vallecas (el de la carcasa y el interno). ¿Qué hubiera sido lo lógico? Pues que la Policía le hubiera pedido copia de esa factura y la hubiera adjuntado al sumario, ¿verdad? Pues resulta que esa factura no se adjuntó al sumario: José Ramón Pascual Molinillo se llevó su factura consigo, sin que ni siquiera se adjuntara al sumario una miserable fotocopia.
 
Pero no sólo es que no se le pidiera copia de la factura: es que el policía que le toma declaración ni siquiera le pide a José Ramón Pascual Molinillo que le deje la factura para consultar él (el policía) si aparecen en ella los dos IMEI que se andaban buscando, sino que le dice al propio Pascual Molinillo que compruebe él mismo si aparecen los dos IMEI. ¿Por qué el policía le pide a José Ramón Pascual Molinillo que verifique si entre los 200 IMEI se encuentran los dos asociados al teléfono de la mochila de Vallecas, en lugar de comprobarlo él mismo?
 
¿De verdad existía esa factura en el momento de prestar declaración José Ramón Pascual Molinillo? ¿O es que todavía la estaban preparando y el policía que le tomó declaración prefirió no ser él quien certificara la existencia de esa factura?
 
El dueño de Telefonía San Diego no aportó copia de las dos facturas (la de los 200 packs que él compró y la de los 80 packs que vendió a los hindúes) hasta que el juez Del Olmo se lo exigió, el 28 de mayo de 2004, dos meses y medio después de su declaración ante la Policía.
 
EL PAGO
 
Pero es que además, por si fuera poco, no existe en el sumario constancia del pago de esa factura de compra de 80 packs Trium T-110 por parte de Bazar Top a Telefonía San Diego. La supuesta factura de fecha 21/10/2003 correspondiente a la compra de esos 80 teléfonos por parte de Bazar Top tenía un importe total de 6397,4 euros (80  packs Trium a 65 euros la unidad, más 3 packs Nokia a 105 euros la unidad, más IVA). Pues bien: en los listados de movimientos bancarios de Bazar Top sólo figuran siete pagos a Telefonía San Diego, todos ellos por un importe bastante inferior. Las fechas e importes de los distintos pagos efectuados por Bazar Top a Telefonía San Diego son las siguientes:
 
  • 7/4/2003: 903,64 euros
  • 14/7/2003: 1359,19 euros
  • 15/9/2003: 600 euros
  • 2/10/2003: 600 euros
  • 5/11/2003: 718,68 euros
  • 15/11/2003: 700 euros
  • 25/11/2003: 901,08 euros
 
Como vemos, no consta ningún pago por importe de 6.397,4 euros.
Hay un detalle curioso en la documentación bancaria aportada al sumario: tenemos todos los movimientos de cuentas de Bazar Top, excepto los comprendidos entre el 7/1 y el 27/4 para el Banco Popular, que era justo el que se utilizaba para pagar, entre otros, a Telefonía San Diego. ¿Por qué se han eliminado esas hojas de los apuntes contables de Bazar Top aportados al sumario? ¿Quizá para que no se pueda ver que, en realidad, Bazar Top nunca desembolsó 6.397,4 euros a Telefonía San Diego?
 
Vamos a tratar de pensar bien. Vamos a pensar que la omisión de esos apuntes contables por parte de la Policía es un simple error y que el pago de los 6.397,4 euros fue realizado en algún momento entre el 7 de enero y el 11 de marzo de 2004. ¿Sería posible?
 
Posible sería, pero en realidad resultaría muy sorprendente. Esa factura de 6.397,4 euros hubiera representado un auténtico récord histórico para Bazar Top. Esa factura no sólo quintuplica el importe de la mayor factura que Bazar Top hubiera pagado nunca a Telefonía San Diego, sino que Bazar Top jamás había pagado en toda su historia una factura de semejante importe. Esos 6.397,4 euros superan en un 50% el importe de la mayor factura registrada en la contabilidad de Bazar Top, que es escasamente superior a 4.000 euros. Como vemos, los datos apuntan a que esa compra de 80 teléfonos móviles a Telefonía San Diego nunca existió.
 
CONCLUSIONES
 
Pero entonces, ¿estamos ante un montaje de principio a fin? Si los hindúes nunca compraron 80 teléfonos Trium a Telefonía San Diego y nunca liberaron 20 Trium en la tienda del policía Kalaji, ¿quiere decir que tampoco vendieron nada a unos búlgaros en los primeros días de marzo?
 
Probablemente, no. Ni los hindúes compraron 80 teléfonos, ni liberaron 20 de ellos en la tienda de Kalaji, ni existió nunca ningún búlgaro que comprara nada en su tienda. La historia de los búlgaros es, simplemente, otra de las cortinas de humo que nos han vendido, con el único fin de rodear de confusión las investigaciones.
 
A lo que los datos apuntan es a que tanto José Ramón Pascual Molinillo como Kalaji se prestaron, después de los atentados, a aportar una serie de facturas y recibos falsos para tratar de justificar que el teléfono móvil de la mochila de Vallecas había pasado por las manos de aquellos hindúes que una vez vinieron a España con el fin de montar un negocio, y que no se podían esperar, ni por asomo, que alguien fuera a endilgarles la acusación de participar en un atentado supuestamente cometido en nombre de una religión que no era la suya.
 
Pero, como tendremos ocasión de comprobar próximamente, las sorpresas con respecto al episodio de la detención de estos hindúes no acaban aquí.

Consulte también el ANEXO a este Enigma que contiene un resumen de los IMEI


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