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Moragas: "En este complejo país, tan diverso y plural, te ves empujado a pactar"Noticia publicada el 08-05-2008
L D (EFE) Josef Fritzl, acusado de haber encerrado en su sótano y violado sistemáticamente a su hija durante 24 años, aseguró que el sexo con su víctima era como una "adicción". El monstruo de Amstetten admite que esta aterrorizada familia nunca le hubiera atacado porque les advirtió de que la puerta estaba electrificada y morirían si la tocaban. La abogada de Fritzl y su familia ha informado de que las víctimas se presentarán ante la opinión pública en el momento oportuno.
Estas declaraciones de Fritzl, de 73 años, forman parte de una entrevista con su abogado defensor, Rudolf Mayer, de la que algunos fragmentos han sido publicados hoy en el semanario austríaco "News". Fritzl reconoce que el impulso por violar a su propia hija "se fue haciendo más fuerte", aunque niega que las violaciones comenzaran cuando Elisabeth, que hoy tiene 42 años, tuviera 11 años de edad, tal y como la víctima declaró a la Policía.
En el reportaje de News, cuya autenticidad fue confirmada a Efe por el letrado, el detenido reconoce que sabía que hacía daño a su hija pero que el "ansia de poder hacer algo prohibido" era demasiado fuerte. Este técnico electricista jubilado dejó a su hija embarazada en seis ocasiones durante los 24 años que duró su cautiverio. Al respecto, Fritzl asegura que "se alegraba de la descendencia" y que para él era bonito "tener también en el sótano una auténtica familia".
En ese terrorífico microcosmos, el presunto criminal ejerció una autoridad incontestable ante su hija y los tres hijos-nietos que con ella habitaban: "Me aceptaban completamente como cabeza de familia. Nunca se hubieran atrevido a atacarme", relata Fritzl. De hecho, llegó a advertirles que la puerta del zulo estaba electrificada y que morirían electrocutados si la tocaban.
Fritzl, que ya en 1967 fue condenado a prisión por un delito de violación, encerró a su hija en 1984 e inventó la historia de que la joven se había fugado para incorporarse a una desconocida secta. En un intento por justificar su crimen, Fritzl explicó a su abogado que cuando Elisabeth llegó a la adolescencia, dejó de respetar sus reglas y comenzó a "beber alcohol y a fumar". "Por eso tuve que procurar un lugar en el que, en algún momento, pudiera mantener a la fuerza a Elisabeth alejada del mundo exterior", relató Fritzl.
Sobre su niñez, el acusado indica que se crió durante el nacionalsocialismo y que en esa época el adiestramiento y la disciplina significaban mucho. Además, Fritzl confirmó que subió a su propio hogar a los tres hijos frutos del incesto que eran más débiles y que obligó a su hija a escribir las cartas que empleó para fingir que los niños habían sido abandonados por Elisabeth y así justificar su aparición.
El conocido como "carcelero de Amstetten", por la localidad cercana a Viena donde se desarrolló la tragedia, forzó a Elisabeth a redactar otra carta el pasado enero en la que anunciaba un pronto regreso al hogar con tres hijos. Fritzl, explica que se "había vuelto viejo" y que en el futuro no podría "cuidar" de su familia del sótano.
Su plan era que los cautivos relataran que habían vivido todo ese tiempo en un lugar secreto junto a los miembros de una secta. La truculenta historia salió a la luz a finales de abril, cuando Fritzl se vio obligado a acudir a un hospital con Kerstin, la mayor de sus hijas-nietas, afectada por una grave enfermedad de origen genético y relacionado con el incesto.
En el reportaje de News, cuya autenticidad fue confirmada a Efe por el letrado, el detenido reconoce que sabía que hacía daño a su hija pero que el "ansia de poder hacer algo prohibido" era demasiado fuerte. Este técnico electricista jubilado dejó a su hija embarazada en seis ocasiones durante los 24 años que duró su cautiverio. Al respecto, Fritzl asegura que "se alegraba de la descendencia" y que para él era bonito "tener también en el sótano una auténtica familia".
En ese terrorífico microcosmos, el presunto criminal ejerció una autoridad incontestable ante su hija y los tres hijos-nietos que con ella habitaban: "Me aceptaban completamente como cabeza de familia. Nunca se hubieran atrevido a atacarme", relata Fritzl. De hecho, llegó a advertirles que la puerta del zulo estaba electrificada y que morirían electrocutados si la tocaban.
Fritzl, que ya en 1967 fue condenado a prisión por un delito de violación, encerró a su hija en 1984 e inventó la historia de que la joven se había fugado para incorporarse a una desconocida secta. En un intento por justificar su crimen, Fritzl explicó a su abogado que cuando Elisabeth llegó a la adolescencia, dejó de respetar sus reglas y comenzó a "beber alcohol y a fumar". "Por eso tuve que procurar un lugar en el que, en algún momento, pudiera mantener a la fuerza a Elisabeth alejada del mundo exterior", relató Fritzl.
Sobre su niñez, el acusado indica que se crió durante el nacionalsocialismo y que en esa época el adiestramiento y la disciplina significaban mucho. Además, Fritzl confirmó que subió a su propio hogar a los tres hijos frutos del incesto que eran más débiles y que obligó a su hija a escribir las cartas que empleó para fingir que los niños habían sido abandonados por Elisabeth y así justificar su aparición.
El conocido como "carcelero de Amstetten", por la localidad cercana a Viena donde se desarrolló la tragedia, forzó a Elisabeth a redactar otra carta el pasado enero en la que anunciaba un pronto regreso al hogar con tres hijos. Fritzl, explica que se "había vuelto viejo" y que en el futuro no podría "cuidar" de su familia del sótano.
Su plan era que los cautivos relataran que habían vivido todo ese tiempo en un lugar secreto junto a los miembros de una secta. La truculenta historia salió a la luz a finales de abril, cuando Fritzl se vio obligado a acudir a un hospital con Kerstin, la mayor de sus hijas-nietas, afectada por una grave enfermedad de origen genético y relacionado con el incesto.
Las víctimas, ante la opinión púbica
Plaz también precisó que no piensa dar más entrevistas hasta que todo haya sido tratado con Elisabeth, sus hijos y su propia madre, con la que está ahora, tras precisar que estos quieren tener un segundo abogado. Los siete miembros de la familia Fritzl viven desde finales de abril en una dependencia de la clínica psiquiátrica Amstetten-Mauer, a poca distancia de la localidad de Amstetten. Tras revelarse el caso el 27 de abril, numerosos reporteros gráficos se han apostado en las inmediaciones de la clínica para tratar de captar instantáneas de esta familia.
Hace unos días, los guardas de seguridad, que el centro sanitario ha debido contratar para evitar la entrada de intrusos, descubrió a un fotógrafo disfrazado de policía que intentaba entrar en el recinto. Desde que la policía informó del incesto, decenas de medios nacionales y extranjeros han cubierto en Amstetten, una ciudad de 23.000 habitantes a 130 kilómetros al oeste de Viena, el caso más horroroso de abuso e incesto de la historia en Austria.
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