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ESPAÑA Y LA MEMORIA HISTÓRICA

Viejas cuentas, nuevos borrones

España estaba orgullosa de la transición a la democracia que llevó a cabo tras la muerte de Franco. Parece que lo sigue estando, a pesar de las profundas fisuras abiertas hoy en la sociedad, fundamentadas en parte –así se dice– en las secuelas de la Guerra Civil.

Narcio Álvarez Quintana
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Si he de ser sincero, confesaré que nunca me pareció un problema realmente solucionado. Hacer borrón y cuenta nueva sin más cuando ha habido tantos muertos, tanta destrucción y tan profundas divisiones puede parecer una muestra de generosidad y hasta de sentido común, pero la reconciliación me parece quimérica sin una conciliación previa. Fue precisamente esa falta de conciliación –y los problemas sociales que la motivaban– lo que condujo a la guerra.

Es importante determinar quién la desencadenó, cuándo y quiénes intervinieron en ella –agentes foráneos incluidos–; hay valiosos historiadores empeñados en esa tarea, al igual que hay otros empecinados en demostrar que durante la Segunda República no hubo más que tolerancia, libertad y derechos. Quiénes trabajan por encargo, por qué lo hacen, es otra pregunta, que no puedo responder satisfactoriamente. Pero cada cual puede encontrar al menos una orientación haciendo uso de su discernimiento y su cultura histórica.

El caso es que se decretó que las heridas quedaban cerradas. Los crímenes, injusticias y represiones del franquismo eran lo más reciente, y, para muchos, los únicos en su especie. La salvaje matanza de Paracuellos del Jarama, en la que todos los indicios apuntan a Santiago Carrillo como inductor, los asesinatos masivos de militares, hacendados, médicos, curas y cuantos se considerasen representantes de la burguesía, sin acusaciones precisas desde el punto de vista penal, y, claro, sin juicios justos de por medio; el atroz ambiente de vigilancia, el desmedido control de la vida cotidiana, el hambre de la población, intencionalmente provocada, al más puro estilo estalinista, nada de eso parece existir para la izquierda española de hoy, que se considera heredera directa de aquellos comunistas y anarquistas que –figuras legendarias o no– tanta sangre hicieron correr.

El bando nacionalista cometió también desmanes, ¡claro que sí! Hubo cruentas represiones de mineros asturianos y obreros, fusilamientos sin juicio y castigos bochornosos. Durante los primeros años del franquismo, una denuncia no necesitaba demasiadas pruebas para ser tomada como cierta. Ley de acción y reacción aplicada a la historia. Por lo mismo, pensamos que hubiera sido necesario acompañar la Transición con un proceso de reflexión y ajuste moral de cuentas, aunque se hubiera decretado una amnistía para unos y otros. Eso fue lo que se hizo en la República Federal de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, y el proceso de desnazificación fue provechoso. Nada similar hubo en España. Mucho habría aún que analizar, investigar y discutir.

En la España democrática se llevó a cabo una rápida modernización. Se eliminó la censura, hubo libertad religiosa y la Iglesia perdió el poder de inmiscuirse en los asuntos sociales que no eran legalmente de su incumbencia. Pero ¿qué sucedió en el terreno de la educación? Faltaron muchas cosas: por ejemplo, tratar el tema de la Guerra Civil de forma abierta y desprejuiciada con respecto a los dos bandos; abordar la fantasmal conjuración judeo-masónica y las características de las religiones distintas de la católica para deshacer mitos y prejuicios; sobre todo, promover una reflexión moral.

Hubo medidas positivas, quién lo duda; hasta admirables. Con motivo de la celebración del V Centenario del Descubrimiento de América, Don Juan Carlos realizó un acto ejemplar de reconciliación con los judíos al pedir perdón por la expulsión de que fueron víctimas en tiempos de los Reyes Católicos y ofrecer facilidades a los sefardíes para instalarse en la tierra de sus antepasados. Algo similar se hizo con los ciudadanos de Iberoamérica. Pero siguió faltando un trabajo educativo capaz de acabar con las raíces del odio, el recelo y la animadversión hacia los demás. Siguieron propagándose las leyendas sobre niños supuestamente asesinados por los judíos, y la Iglesia no las retiró del culto público. El mito de la conspiración judeo-masónica contra España no fue convenientemente desmontado.

El estudio de la historia –sobre todo la nacional– sufrió un daño difícil de reparar a lo largo de los años, hasta hoy, cuando casi brilla por su ausencia en muchos planes de estudio. Con el resto de las Humanidades sucede otro tanto. Unos y otros han sido responsables. Para colmo, las izquierdas, simpatizantes en un principio con el Estado de Israel, comenzaron en los años 60 a apoyar a los movimientos independentistas árabes, a los que la extinta URSS utilizaba, en la medida de lo posible, para propagar sus ideas y extender su poder.

¿De qué valen el tiempo transcurrido, la petición de perdón del Rey, la devolución de la nacionalidad española a los judíos sefardíes? El odio y la mentira acusadora siguen gestándose en la sociedad española; ideas de discriminación y persecución contra los judíos y el Estado de Israel, apoyadas por una lluvia de mentiras de todo tipo. Las izquierdas, amancebadas con el Islam y montadas en su corcel, se dedican a ofender y a agredir de diversos modos a los judíos y a quien no comparta sus ideas y su insano deseo de revancha. La grotesca figura del pacifista agresivo, capaz de golpear y matar a quien no piense como él, se va imponiendo entre la juventud, a veces comandada por invitados musulmanes, que nunca dan la cara y se esfuman cuando hay que dar cuentas.

Serio peligro para el futuro de una nación es éste. Por favor, que no se responda aduciendo que se trata de grupos minoritarios. No dudamos de que sea cierto, pero ¿dónde está la respuesta de quienes no son así? Cuando los ciudadanos de buenas intenciones callan, el terreno queda en manos de los otros. Numerosas organizaciones islámicas han declarado abiertamente su propósito de "recuperar Al Ándalus". La pregunta es: ¿está preparada la sociedad española para rechazar ese ataque? El Gobierno actual no parece estarlo; todo lo contrario: hablan por sí solos sus ataques y su acoso a la Iglesia Católica, que, con todos sus defectos, es la que tiene más arraigo en España, mientras que al Islam se le permite todo (se cubre la forma con alguna tibia medida, como la prohibición del burka en lugares públicos). Tres ciudadanos españoles, participantes en la vergonzosa flotilla pirata detenida en Israel, preguntan abiertamente cuántos 11 de Septiembre y 11 de Marzo harán falta, en abierta traición a la patria (a la que parecen haber aprendido a despreciar) y a los valores de su cultura.

Una de las figuras más preclaras del pensamiento europeo del siglo XX, María Zambrano, cuya experiencia de la Guerra Civil fue directa y profunda, escribía en El hombre y lo divino, obra perfilada en el exilio, acerca de la necesidad del ser humano de recontarse su propia historia, no sólo como acto moral ineludible, sino como terapia espiritual. Es que retornar sobre la historia, recuperarla como confesión, resulta una tarea difícil, porque las ideologías y los intereses intentan apoderarse de aquélla y convertirla en un arma, lo que invalida su función como medicina del alma.

María Zambrano no ha sido profeta en su tierra. En cambio, muchos han querido manipular la biografía de tan notable pensadora para provecho propio. Su pensamiento tiene estupendos defensores, como Jesús Moreno, pero el pueblo español lo desconoce. Quien ha tenido la experiencia de descubrirlo a los jóvenes ha quedado felizmente asombrado por la magnífica reacción de éstos, que han visto en Zambrano una voz y un mensaje que pueden hacer suyos. Pero las vías de acceso a nuestra autora están cerradas, al menos hasta ahora, en el ámbito educacional.


NARCIO ÁLVAREZ QUINTANA, escritor, ex preso político cubano.

narcioalvarez@yahoo.com

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