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El negocio del miedo

Naturalmente no cuesta mucho convencer a los políticos, socialistas de todos los partidos. ¿Qué mejor justificación para que crezca el Estado que una buena crisis a vida o muerte?

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"Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre".(Apocalipsis 6:12). El lector que estos días se asome desprevenido a buena parte de la prensa europea estará disculpado si sale despavorido camino de la casa de oración o de la de lenocinio. No es enfermedad exclusivamente europea: en Estados Unidos, que está casi tan lejos de Fukushima como los candidatos del PSOE quieren mantener a Zapatero el Radioactivo ya se están vendiendo pastillas contra las emanaciones nucleares. Las de Fukushima, no las de Zapatero.

La manufactura y marketing del pánico se ha convertido en una de las más rentables ocupaciones de nuestro tiempo uno de esos "yacimientos de empleo" con los que los social-keynesianos suelen ponerse estupendos.

Todos sabemos a estas alturas que el petróleo está a punto de acabarse y que la producción de alimentos ha tocado techo. No hay recursos suficientes como para alimentar a 7.000 millones de personas. Lo sabemos porque lo dicen los mismos que ya nos avisaron de que la tierra no podría sostener a 5.000 millones de personas.

Recuerdo que hace años un artículo de un suplemento dominical me amargo, brevemente, el desayuno. Comenzaba, casi textualmente: "En pocos años, se hará usted un corte en un dedo el lunes y el miércoles estará muerto". Aparentemente una super-bacteria resistente a casi todos los antibióticos iba a extenderse con suficiente fiereza como para devolvernos a la época anterior al descubrimiento de la penicilina. Sigo esperando.

La Gripe A iba a causar millones de muertos. ¿Se acuerdan? Esto iba a ser el infierno de Dante con mocos. A la postre los únicos millones que causó fueron los que se embolsaron algunos a costa del contribuyente. Millones de dosis de vacuna juntan polvo en los anaqueles del Ministerio de Sanidad.

Más dinero todavía costó el Efecto 2000. Por causa de chips repentinamente obsoletos aviones iban a caer en pleno vuelo y las centrales nucleares dejarían de funcionar. No podríamos usar los cajeros automáticos. Edad de Piedra, hola otra vez. El año 2000 llegó, pasó y no hubo nada.

¿Se acuerda alguien de la lluvia ácida? A mediados de los años 80 iba a acabar con hasta el último bosque europeo. Peter Gabriel le dedicó una canción. Lo cierto es que la superficie forestal europea no ha dejado de crecer desde el final de la Segunda Guerra Mundial y en España los bosques cubren el doble de la superficie que ocupaban a principio del siglo XX. Pronto será más fácil cruzar España siguiendo a la ardillita de árbol en árbol que a 110 por la carretera.

Cuando yo era niño nos asustaba la posibilidad del "invierno nuclear" y varios inviernos levemente más fríos de lo habitual dieron como resultado que se debatiera si entrábamos en una nueva glaciación. Hoy, gracias a Gore, somos conscientes de que el calentamiento global es el verdadero peligro: se deshielan los polos, mueren los osos polares, tan monos ellos y por su culpa se producen tsunamis como declaraba hace poco un Ministro Boliviano. Quizá el de Marina. El calentamiento global hace que se eleve el nivel del mar por lo que California y Valencia pueden ir contratando los gondoleros que se queden sin trabajo cuando Venecia se hunda del todo. La única duda que el calentamiento global admite es si ya hemos pasado el punto de no retorno a partir del cual la humanidad está condenada o si todavía nos podemos salvar dedicando más, mucho más, dinero público a la investigación y los investigadores.

Naturalmente no cuesta mucho convencer a los políticos, socialistas de todos los partidos. ¿Qué mejor justificación para que crezca el Estado que una buena crisis a vida o muerte? Y entre ser probo administrador o héroe salvador, la elección para el político está clara.

Las consecuencias son graves, en primer lugar el crecimiento del Estado se produce siempre a costa de la Sociedad que queda debilitada e infantilizada, más inerme tras cada pánico. En segundo lugar, los recursos malgastados en "protegernos" de males imaginarios han dejado de estar a disposición de sus legítimos propietarios que sin duda disponían de mejores usos alternativos. Finalmente es preciso recordar que la prosperidad occidental se basa en la racionalidad y el método científico. Estos pánicos manufacturados se alimentan de y a la vez fecundan una nébula oscura de supersticiones pre-científicas que ha venido a ocupar el sitio de la Religión en Occidente, el centro de la nebulosa lo ocupa un panteísmo irracionalista que rechaza todo lo que caracteriza como anti-natural y anti-ecológico. Un panteísmo que debilita las raíces mismas de la prosperidad humana. El mundo de Gaia-Pachamama es pobre, es oscuro y es siniestro y no me gustaría acabar viviendo en él.


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