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ENIGMAS DE LA HISTORIA

¿Cómo cayó la dictadura de los coroneles?

A punto de entrar en el último cuarto del siglo XX, Grecia se encontraba sometida al dominio de una dictadura militar en la que la violación de los derechos humanos resultaba habitual. Su inestabilidad llevó a sus componentes a comprometerse en una intervención golpista en la isla de Chipre. Aquella decisión se tradujo en importantes repercusiones no sólo para la evolución política de Grecia sino también para la de la España de la transición.

En marzo de 1964 accedió al trono de Grecia Constantino II. La situación política con la que se enfrentaba el nuevo monarca era particularmente difícil. Durante los años cuarenta Grecia había sufrido primero, la invasión germano-italiana y después una guerra civil a lo largo de la cual estuvo a punto de convertirse en una dictadura comunista similar a las existentes en Europa oriental. En el curso de la década siguiente, los procesos políticos en Grecia vinieron acompañados de repetidas denuncias de corrupción electoral. En 1964 gobernaba el país la Unión de Centro bajo la dirección de Georgios Papandreu. Contra ella desencadenó una campaña la derecha basada en la supuesta debilidad del gobierno frente a la subversión comunista. Se alegaba que ésta se producía especialmente entre la oficialidad del ejército en cuyo seno actuaba un grupo llamado Aspida (El escudo). El gobierno se comprometió a eliminar del ejército toda influencia política pero el rey Constantino, temiendo perder el apoyo de las fuerzas armadas, se negó a respaldarlo.

En el curso de los años siguientes se desarrolló un período de creciente inestabilidad durante el cual ningún político pudo garantizar el funcionamiento de un sistema cada vez más erosionado. Finalmente, el 21 de abril de 1967, un grupo de oficiales del ejército llevó a cabo un pronunciamiento que le permitió tomar el poder. Siguiendo una línea de conducta que luego se vería repetida y acentuada por los golpes militares que durante la década posterior tuvieron como escenario el Cono sur hispanoamericano, la dictadura militar griega desencadenó una represión de magnitud considerable. Millares de personas, que en una proporción importante eran comunistas, fueron arrestadas.

Al mismo tiempo, se intentó regular la vida del país introduciendo la liquidación práctica del respeto por los derechos humanos. Se declaró suspendida la actividad de los partidos políticos, se eliminó la libertad de expresión y se ilegalizó un número importante de organizaciones. A esto se sumó también una serie de prohibiciones que, precisamente por su carácter, resultaban ridículas. Así, los escritos de Platón fueron declarados fuera de la ley en la medida en que podían ser objeto de una lectura izquierdista, se prohibieron las representaciones de Aristófanes porque algunas de sus comedias podían considerarse pacifistas y se proscribieron las obras musicales de Theodorakis.

En diciembre de aquel mismo año, el rey Constantino intentó desembarazarse de una junta a la que no había impedido llegar al poder. El resultado fue que sufrió la pérdida del trono seguida por el exilio a Italia. Entonces, la junta militar constituyó un nuevo gabinete encabezado por el coronel Georgios Papadopoulos mientras que el general Georgios Zoitakis fue nombrado virrey y regente. El 15 de marzo de 1968, Papadopoulos presentó el borrador de una nueva Constitución, que fue revisada y ratificada por referéndum. La institucionalización del denominado ‘Régimen de los Coroneles’ no se tradujo en el final de la represión sino que más bien la amplió. Las detenciones de oponentes ascendieron a centenares en las semanas siguientes y la Comisión de Derechos Humanos del Consejo de Europa resolvió que la tortura era una ‘práctica ordinaria’ del gobierno de tal manera que Grecia se vio obligada a abandonar el Consejo antes de que se produjera su expulsión.

Mientras estrechaba sus relaciones con los países comunistas, incluida la República Popular China, la dictadura militar abolió el 1 de junio de 1973 la monarquía, proclamó la república y designó a Papadopoulos presidente de la misma hasta 1981. Después de su investidura en agosto, éste formuló la promesa de celebrar elecciones al año siguiente pero no tuvo oportunidad de cumplirla. El 25 de noviembre, los militares derrocaron a Papadopoulos, que no había conseguido acabar con la tensión política, y nombraron presidente al general Faedon Ghizikis. La junta era consciente de la situación delicada por la que estaba atravesando y, al igual que la dictadura militar argentina haría años después con la guerra de las Malvinas, decidió galvanizar a una población cada vez más desafecta mediante un éxito en política exterior.

El objetivo elegido fue la isla de Chipre. Desde 1959 los destinos de esta isla mediterránea estaban controlados por el arzobispo Makarios, un partidario de la unión con Grecia que se había resignado bajo las presiones británicas a permitir la independencia de Chipre y a respetar los derechos de la minoría turca. Elegido presidente en tres ocasiones, Makarios sobreviviría a cuatro intentos de asesinato. En el verano de 1974, la dictadura de los coroneles decidió llevar a cabo un golpe que uniera la isla de Chipre a Grecia. De esta manera, con su apoyo y asesoramiento, el 15 de julio de 1974, Makarios fue destituido por la guardia nacional chipriota.

Al mismo tiempo, en Chipre se implantó un gobierno presidido por Nikos Sampson, un editor de prensa, favorable a la denominada enosis, es decir, la unión con Grecia. La respuesta de Turquía, preocupada por la situación de los turcos que vivían en Chipre, no se hizo esperar. En un plazo que se redujo prácticamente a horas, las tropas turcas desembarcaron en la isla. Nikos Sampson fue sustituido en la presidencia el 23 de julio por Glafkos Clerides, presidente de la Cámara de Diputados de Chipre, pero pronto quedó de manifiesto que la jugada exterior de la dictadura de los coroneles iba a concluir en fracaso. Ese mismo mes de julio de 1974, consciente de la dificultad de la situación y temerosa de una guerra, la junta militar griega abandonó el poder.

En Europa occidental sólo se mantenía ya la dictadura del general Franco. Sin embargo, la trascendencia del final del régimen de los coroneles no escapó a nadie y, lógicamente, se reflejó también en la situación política de España. Tras la caída de la dictadura griega —al igual que había sucedido con la portuguesa— resultó obvio que difícilmente podría perpetuarse la española a la muerte de Franco. Además, Juan Carlos I, un cuñado del rey Constantino de Grecia, seguramente extrajo una lección particular de aquel episodio, la de que no debía apoyarse nunca un golpe militar si se deseaba conservar el trono. La medida en que este pensamiento pudo estar presente en sus decisiones la noche del 23-F —una noche cuya efemérides se recuerda esta semana— es algo que quizá sólo el tiempo permitirá desvelar a cabalidad.

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