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Ocho personas que sólo pensaban en pasar un rato y hacer alguna compra de navidad en un centro comercial de Omaha, en Nebraska, se encontraron inopinadamente con la muerte. Un joven de 19 años, incapaz de asumir unos pequeños fracasos, decidió quitarse la vida. Pero antes de acabar con ella quiso llevarse por delante otras, las de unos desconocidos; cualquiera valdría. "Voy a ser muy famoso", dejó escrito, aunque puede que en un tono irónico. En realidad, más bien parece que no quiso dejar de ser una "continua decepción" sin satisfacer un rebosante odio por la gente. Acaso la sociedad era la culpable, ya saben.
La nueva tragedia ha servido a los medios de comunicación españoles, una vez más, a mostrar su desprecio por las víctimas, al deslizar que la culpa de esta y otras masacres la tiene el hecho de que en aquél país mayoritariamente haya libre posesión de armas. Desprecio, sí, porque si les doliera de verdad que se produzcan episodios como este tendrían el ánimo de plantearse cómo se puede llegar a esta situación. ¿Cuál es la historia de la libertad de armas en aquél país y en Europa? ¿Qué razones tienen quienes la defienden para hacerlo? ¿Qué circunstancias se han dado en este caso que también se dieron en otros? Puede parecer difícil, pero un mínimo de aprecio por estas víctimas resulta de mucha ayuda. Lo sé porque yo me hacía esas preguntas y me lancé a encontrar una respuesta. Con el recuerdo de ellas, el penoso esfuerzo del estudio se hace más llevadero.
Por desgracia, la masacre del centro comercial Westroads Mall de Omaha es más típica de lo que pueda pensarse. Como el caso de la matanza de la Universidad de Virginia, este centro comercial era declarado "zona libre de armas". La gran mayoría de las muertes en este tipo de tiroteos se producen en áreas en que no se puede llevar un arma. Primero porque los asesinos, incluso los suicidas, actúan racionalmente y prefieren actuar donde se sientan seguros porque nadie les va a detener. Y segundo porque quienes inician un tiroteo en las áreas en que sí se permite llevar un arma, no pueden llevar por completo a término sus planes de destrucción sin ser antes abatidos.
Un testigo directo del tiroteo de Omaha dice que Robert A. Hawkins, el asesino, iba caminando "con calma, sin gritar". ¿Por qué iba a alterarse? Sabía que no se iba a encontrar a nadie que se defendiera o que le detuviese de un disparo. El mismo testigo pensó, cuando vio a Hawkins, que "si tuviese un arma... lo tengo perfectamente a tiro". Pero no la tenía porque allí están prohibidas. En febrero de este año se produjo otro tiroteo en un centro comercial de Utah, también en una "zona libre de armas". Afortunadamente estaba allí un policía que se saltó la prohibición y pudo detener al asesino, y eso que se encontraba en el otro extremo del lugar.
Maggie Webb, de 24 años, Gary Joy, de 56, John, Angie, Beverly, Janet... Estas y otras víctimas merecen nuestro respeto, y por tanto que no despachemos tragedias como la de Omaha con un juicio a la ligera.
José Carlos Rodríguez es miembro del Instituto Juan de Mariana
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