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Si pudiera imaginarme a Rodríguez hablando deprisita –fantasía irrealizable que exigiría eliminar los varios silencios de dos o tres segundos que el presidente intercala en cada frase– lo compararía con el ejecutivo de Coca-Cola de "Uno, dos, tres", la comedia de Billy Wilder, pero en versión tragedia. La operación mental exige estirar y embobar a James Cagney, dejarlo adormilado y siniestro, arrancarlo del blanco y negro del Berlín Occidental, cuando la Guerra Fría alcanzaba su momento álgido, y situarlo en La Moncloa, a todo color, cuando la Paz Caliente alcanza su punto abrasador.
Cagney daba órdenes y más órdenes a sus subordinados. Órdenes por tríadas (¡uno, dos, tres!) mientras trataba de ocultar la boda de la hija del gran jefe con un comunista de manual al que había que hacer pasar por respetabilísimo noble. En nuestra analogía injustificable, Rodríguez coordinaría asimismo los diferentes extremos de un plan dirigido a blanquear el matrimonio contra natura entre su empresa y otros comunistas. Nacionalistas vascos, por más señas, e igual de humanitarios que los camaradas de la Alemania Oriental, entregados a la erección del muro de Berlín mientras en el mundo libre se estrenaba "Uno, dos, tres".
Enfatizando el orden de la orden, bramará nuestra fantasmagoría zapaterina: ¡Uno: cerradme el sumario del 11-M! Que se mueva la fiscal y se deje de perturbaciones. Apoyo total al juez, que es un santo. Si alguien pide más pruebas o denuncia incoherencias, ¡es un conspiranoico! Sólo un loco o un malvado dudarían de las rectas y exhaustivas investigaciones parlamentaria y judicial. ¡Dos: Que Otegi obtenga de una vez su foto con Patxi! Luego siempre podemos argüir que por el lado socialista ha ido... Nadie. ¡Ja, ja! Quiero una ampliación del conjunto en cartón, tamaño natural, con la cabeza de Nadie recortada para que todos los compañeros interesados puedan posar y tener su recuerdo histórico. Le están cogiendo un gran cariño al Gordo. ¡Tres: llamad a Montilla! La Secretaría de Organización del PSC ha de ponerse ya a preparar otra campaña de tensión para las elecciones catalanas. Que resuciten el Prestige, la guerra de Irak y la boda de la hija de Aznar, de momento. Sin contemplaciones; para los compañeros de Barcelona, barra libre: Franco era del PP y Queipo de Llano trabajaba en la COPE; a Lorca lo fusilaron los de Nuevas Generaciones y Acebes bombardeó Barcelona. ¿Pero es que tengo que ocuparme de todo?

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