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LOS ENEMIGOS DEL COMERCIO

Jesús de Nazaret contra los mercaderes

Jesús de Nazaret era por lo general un tipo tranquilo, pero una vez se le inflamaron los humores y cargó contra los mercaderes instalados a las puertas del Templo. Precisamente Cristo azotando, látigo en mano, a los comerciantes es la ilustración de portada del ensayo histórico-filosófico de Antonio Escohotado Los enemigos del comercio, una especie de Fenomenología hegeliana del Espíritu Capitalista explicada con el lenguaje sencillo y analítico, no por ello menos complejo, de un profesor de Oxford.

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¿Tuvo Jesús un mal día, se levantó con el pie izquierdo, o era su forma de reclamar por una mercancía defectuosa?

Escohotado adopta una perspectiva de desarrollo dialéctico entre dos ideas contradictorias que habrían servido de motor de la Historia: comunismo y libre empresa. O, dicho de otro modo y respectivamente, la idea de que la competencia y la propiedad privada son el origen y la causa de todos los problemas sociales (así que: ¡eliminémoslas!) frente a la cosmovisión que contempla la posibilidad de que, bajo ciertas condiciones, en el intercambio voluntario de productos, servicios o dinero se produzca un juego de suma positiva en el que todas las partes intervinientes ganen.

Incurriendo de lleno en una declaración políticamente incorrecta, Escohotado, que ha empollado el libro a lo largo de diez años –aunque le dio el empujón final durante sesenta semanas en el trópico–, se sitúa sin complejos en el lado liberal de la barrera:
Ser occidental significa de alguna manera tener sitio en el corazón para un altar donde lo venerado es la igualdad humana, principal motivo de orgullo para nuestra cultura. Sin embargo, algunos limitamos ese principio inviolable a un trato no discriminatorio por parte de las leyes, y reclamamos una igualdad jurídica compatible con las más amplias libertades. Otros (...) llevan veinte siglos abogando por abolir compraventas y préstamos para defender a quienes obtuvieron peores cartas, son incapaces de autogobernarse o sencillamente no están dispuestos a tratar la vida como un juego, aunque sus reglas sean claras.
A la pregunta universal de los niños: "Papá, ¿por qué hay ricos y pobres?", la respuesta prefabricada –no por evidente trivial, necesariamente verdadera– es que siempre ha sido así... y siempre lo será. Subyace a esta respuesta-reflejo condicionada de conservadores y socialistas la concepción de que hay una relación de causalidad entre la riqueza de unos y la pobreza de otros. Y de que el luxus (lujo) y la luxuria (lujuria) constituyen las dos caras de una misma moneda: el vicio de la avaricia y la ambición, del que se podría salir creando una Ciudad de Dios, como quiere la versión judeo-cristiana, o el Paraíso comunista, como postulan los comisarios ateos y milenaristas. En el fondo, conjetura Escohotado, lo que teme la tribu antimercantil –de Platón a Robespierre, pasando por San Agustín– es la situación de espontaneidad e incertidumbre propia de los ecosistemas liberales, en los que la suma de progreso técnico y libertades burguesas produce un equilibrio inestable y dinámico entre creación y destrucción. Lo que suelen denominar los liberticidas, despectiva y temerosamente, "anarquía caótica", en que la propiedad privada constituye un robo, y el comercio, la herramienta para cometerlo. El objetivo de Escohotado es escarbar en los orígenes de este prejuicio, con frecuencia el más gravoso.

Por el contrario, la tribu favorable al comercio, desde Clístenes –que defendía que la isonomía favorece la competencia– hasta Adam Smith –que consideraba absurdo que alguien pudiese rendir más trabajando por cuenta ajena–, contribuye a desarrollar una estructura institucional en la que se fomenta la creatividad de la imaginación y el pensamiento, frente a la censura y la prohibición propia de las sociedades cerradas comunistas, esa siniestra y bienintencionada asociación "sin Tuyo ni Mío".

El texto se divide en siete grandes epígrafes:
De cómo...

la propiedad privada no fue discutida ni en Grecia ni en Roma;

la propiedad privada empieza a aparecer sospechosa;

la propiedad dejó de transmitirse por contrato; 

la propiedad fue hallando modos de protegerse;

el cristianismo dejó de ser pobrista;

fue preciso elegir entre absolutismo y liberalismo;

resurgió el comunismo.
La contradicción originaria la va desarrollando Escohotado como una figura fractal en la que cada nuevo fragmento histórico guarda un aire de familia con el anterior, a la vez que muestra características mutacionales nuevas. No es Escohotado tan ingenuo o tan perezoso para incurrir en un historicismo optimista a lo Fukuyama. Todo lo contrario. Escohotado expone su visión de la historia utilizando desde panorámicas generales de un período de cientos de años hasta primerísimos planos de los actores participantes, en un procedimiento de montaje del relato a lo cinematográfico. Y su vasta erudición se combina con un eclecticismo ideológico manejado con prudencia, en el que caben desde los premios Nobel North y Thomas a Furet, Cohn o Schama.

Se ha formado un grupo en Facebook llamado "¡¡¡Cambio tesoros del Vaticano por comida para África!!! ¿Te apuntas?". Esta confusión entre la velocidad capitalista y el tocino comunista es una constante en la historia de Occidente. Escohotado, con su trabajo arqueológico en busca de la genealogía del par de ideas socio-económicas que nos dominan, está contribuyendo a elaborar la teoría liberal, en su vertiente historiográfica, sobre la que asentar una praxis, que diría un marxista, liberadora. Menos demagogia facebookiana, menos impuestos empleados como látigos y más libre empresa

Esperamos con ganas el tomo II: "Después de Marx".


ANTONIO ESCOHOTADO: LOS ENEMIGOS DEL COMERCIO. HISTORIA DE LAS IDEAS SOBRE LA PROPIEDAD PRIVADA
. Espasa Calpe (Madrid), 2008, 600 páginas.

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