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El mitin de Dos Hermanas

Hay acontecimientos que iluminan la realidad que subyace tras las apariencias. El mitin de Dos Hermanas, máximo empeño político de un aguerrido, persistente y paciente Javier Arenas, ha sido un éxito desde el punto de vista de la imagen, una antigua, honda y radical obsesión del líder indiscutible del PP de Andalucía (lo que no se ve no existe y lo que no se repite no se recuerda). Miles de personas, 30.000 o más, centenares de autobuses, 600 o menos, concentración de dirigentes nacionales, todos o casi, y mensajes sencillitos, o no, lejos de profundas reflexiones sobre el porvenir de España y Andalucía. No digamos nada de otras cosas, por ejemplo, del silencio sobre algunos acontecimientos incómodos que inoculan la duda en la franja electoral de las personas que podrían votar al PP en las próximas elecciones. El aplauso lo resolverá todo, parece suponerse.

Entre los estrategas electorales del PP, siempre ha habido confrontación entre dos teorías, ninguna de las cuales tiene fundamento. La teoría arriolista de no despertar a la bestia dormida, las bases del PSOE, y la teoría radical de quienes pretenden sacudirse los complejos tradicionales del PP ante un PSOE cada vez más desacreditado. La teoría arriolista en Andalucía ha tenido destacados partidarios sobre todo en el PP de Sevilla. Según ellos, el poder del PSOE en la provincia es tal que sólo puede ganarse mediante el incremento de la abstención. Tal fin supone desgastar al adversario pero no tanto como para que despierte en el corazón de las mayorías un ansia irrefrenable por apoyar a su partido que es y seguirá siendo el PSOE. Con esta teoría el PP de Sevilla lleva casi 20 años perdiendo elecciones.

Luego están los otros, los radicales, que nunca han contado ni cuentan en la dirección del PP más que como instrumentos que perpetúan la centralidad metafórica de la cúpula. Si hay radicales es porque hay conservadores y naturalmente, en el medio-centro, hay una dirección solvente y moderada que toma cosas de unos y de otros sin extremismos. Según estos radicales (que para nada son extremistas, como mascullan sus enemigos internos, sino que quieren ir a la raíz del problema del PP y de una sociedad abierta en Andalucía), hay que ilusionar a los andaluces con una sociedad más liberal, más desarrollada y próspera, más fundamentada en la sociedad civil antes que en la Administración y en los partidos y más crítica y educada intelectualmente. Además, y por ello, hay desmontar el régimen político-sindical- mediático e incluso empresarial tejido por el PSOE a lo largo de 30 años.

El mitin de Dos Hermanas es algo extraño a los devaneos cerebrales de los arriolistas. Un mitin como este, perpetrado en el corazón simbólico del socialismo sevillano y andaluz, podría producir el efecto contrario de sembrar de señales de alarma a esa supuesta base socialista dormida, anestesiada ahora por el paro y los impuestos. Mañana es de esperar un contraataque de caballo a esta razzia popular en territorio prohibido. Pero Javier Arenas ha decidido que es la hora de mostrar al PSOE que no hay miedo, que no hay obstáculo, que no hay dificultad que no está dispuesto a arrostrar con tal de llegar al objetivo: ganar en España y en Andalucía. Es un gesto, un hito, una metáfora rodando por el velódromo.

Fuera del acto, el alcalde de Dos Hermanas, Quico Toscano, sigue y seguirá manejando a su antojo el pueblo de sus amores junto con su señora y demás familia –entre los que siguen anidando constructores afamados como Luis Portillo, el ya famoso empresario de Colonial e Inmocaral, entre otras–, y maneja a su vez nada menos que la Federación Andaluza de Municipios y Provincias, desde la que se ajusta a las políticas del PSOE en la Junta como un guante de seda a una mano suave. Es decir, el régimen de poder real del PSOE andaluz sigue funcionando día a día, manejando los fondos para la formación profesional, los fondos para la asistencia social, los fondos que llegan para la dependencia, la enseñanza, los medios de comunicación relevantes con ligeras excepciones y sobre todo, reinando absolutamente sobre los memes virales largamente pulidos y desarrollos que infectan la visión de los andaluces: derecha igual a franquismo y a fusilamientos en la Guerra Civil, derecha igual a empresarios egoístas, derecha igual a insensibilidad ante el dolor social, entre otras perlas.

El mitin está bien. Pero para superar la resistencia de centenares de miles de personas que viven cobijadas por este régimen, es necesario que la estrategia sea más amplia, más profunda, más ilusionante y más directa. Se trata de proponer una sociedad más abierta para Andalucía y explicar con claridad que sólo en una sociedad así puede vivirse con dignidad y libertad, y con más dinero y oportunidades. Y de dar ejemplo de cómo es eso donde se gobierna. De lo contrario, se encontrarán dos nuevos obstáculos. Uno, el de quienes defenderán el voto en blanco ante la semejanza de los dos partidos mayoritarios en Andalucía –unos pagados por el PSOE y otros llenos de inocente ingenuidad–, y otro, el de quienes, con la excusa del caso Gürtel y otros posibles, desanimen a las huestes andaluzas del PP –la mejor militancia popular de España que en 30 años de derrotas electorales jamás ha dicho ni una palabra más alta que otra contra la legitimidad de las victorias del PSOE y que ha sufrido en sus carnes todas las descalificaciones inventariadas en el quiosco socialista–, con cañonazos a apatía y chutes de escepticismo: "Todo es igual, nada es mejor".

La cuestión andaluza, habida cuenta del desastre de situación de la cuestión catalana, se ha convertido en la clave del laberinto que nos puede sacar del infierno Zapatero. Pero para hacer algo hacen falta tres elementos: querer hacerlo, poder hacerlo y saber hacerlo. La primera es la esencial. Querer hacerlo.

Y no se me olvide: en cualquier caso, se tratará de una gran alianza contra el régimen pero también una gran alianza por la reconstrucción de una Andalucía rica y abierta. Y en esa tarea, todos pueden ayudar y la manía de algunos de crearse enemigos, cansa.

 
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