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11 de septiembre

El Islam y el terrorismo

Los atentados de Nueva York han sido vistos, justamente, como un salvaje ataque a la civilización occidental; pero en realidad han sido mucho más eso: se trata de ataques a cualquier idea de civilización, pues su lógica consiste en someter a sociedades enteras al arbitrio de oscuros grupos de fanáticos, incontrolables e irresponsables. Por ello, los países y gobiernos musulmanes deben percatarse del enorme peligro de ese terrorismo, no sólo para Occidente, sino también para ellos mismos; aunque por ahora, los golpes vayan en otra dirección.

Sin embargo, en el mundo musulmán, los atentados han despertado muchas simpatías, debido al sentimiento de agravio cultivado por los políticos contra Europa y EE UU. Y es cierto que el Islam ha sufrido derrotas y humillaciones a manos de los occidentales, pero eso forma parte del pasado y debe quedar para los libros de Historia. De otro modo, habría que recordar que, antes, fueron los musulmanes quienes invadieron y arrasaron la civilización cristiana en grandes zonas de Asia, África y Europa; con lo que entraríamos en un círculo vicioso de acusaciones mutuas. Hoy, son nuevamente musulmanes dirigidos por demagogos los que discriminan, oprimen y con frecuencia masacran cristianos en numerosos países.

En la actualidad, el problema de Israel centra los resentimientos islámicos. La conducta de los israelíes ha sido a menudo brutal, pero no debe olvidarse que luchan literalmente por su vida, de espaldas a un mar al que insisten en arrojarlos sus enemigos. Sólo cuando los palestinos, y los árabes en general, admitan la existencia de Israel, entrará el problema en vías de solución, y eso no parece próximo. Las conversaciones de paz de los años últimos seguían esa vía, pero la insinceridad árabe se muestra, no sólo en la violencia terrorista, sino en exigencias como las reveladas en la reciente conferencia de Durban, de retorno de los palestinos salidos de Israel en 1949 –en parte expulsados violentamente y en parte inducidos por sus propios líderes–, y de sus hijos. Tal reivindicación significaría el fin del estado judío, como bien saben los promotores de la idea.

El Islam ha sido una gran cultura y civilización, que quedó estancada hace bastantes siglos. Posiblemente renacerá, y es difícil saber si lo hará sobre sus propias bases religiosas, o democratizándose y renunciando a una gran parte de ellas, o combinando ambas cosas. En todo caso, los musulmanes debieran comprender que la vía del choque con Occidente no remediará sus propias deficiencias, y que el terrorismo, lejos de ser un síntoma de renacimiento, lo es de descomposición. Seguramente, unos lo verán así y otros no; por lo que la estrategia a seguir debe tener en cuenta este hecho. En cuanto a España, su papel histórico como país de frontera, que persiste por razones geográficas, le hace especialmente vulnerable, y por tanto su actitud debe ser especialmente clara.