Opinión
Noticias y opinión en la red
Opinión

Latinoamérica

Algunas palabras de fondo ideológico contienen tal carga de falsedad que retratan con despiadado realismo la doctrina subyacente. Son palabras-farsa como "Euzkadi", dislate lingüístico que reduce a los vascos a vegetales (alcornoques, en alguna versión); o como "calidad de vida", que identifica la vida humana con el consumo. Cuando tales términos adquieren curso masivo, reflejan también a una sociedad farsante, dispuesta a atiborrarse de "miel de cerdo", como en el cuento de Peer Gynt.

"Latinoamérica" pertenece al elenco. Su origen está en la voluntad de desespañolización y en la avidez de otros países por sustituir a España. Los ingleses creían que esa vasta región caería bajo su influencia –así ocurrió, por un tiempo– y el francés Lamennais expresaba un programa de rivalidad cuando escribía al chileno Francisco Bilbao, en 1853: "Nada hay que esperar de la América española mientras permanezca enyugada a un clero imbuido en las doctrinas más detestables (…). La Providencia la ha destinado a formar el contrapeso de la raza anglosajona, que representa y representará siempre las fuerzas ciegas de la materia (…) No llenará esta misión tan bella sino (…) uniéndose y fundiéndose con las otras dos naciones latinas, la nación italiana y la nación francesa".

La prédica de Lamennais caía en terreno fértil, pues Bilbao era uno de aquellos jacobinos exaltados y simples, cuya visión política se resumía en una frase: "el progreso de las nuevas naciones americanas consiste en desespañolizarse". Así lo proclamó en una obrita titulada –nada menos– El evangelio americano, que llegó a ser libro de texto escolar. Y así ha seguido la cosa. Kissinger, barriendo para casa, atribuía las convulsiones de esos países a la herencia hispana, y el anterior presidente mejicano justificaba como una "liberación" de dicha herencia el libre comercio con Usa, en principio positivo.

Las ansias desespañolizantes han creado una situación cultural y política estrafalaria. Muchos "latinoamericanos" dicen que en la raíz de sus países no solo está España, sino también Francia. No en la raíz, por cierto, pero sí en la copa, se encuentra no la, sino una, herencia francesa: la revolucionaria jacobina, madre de las violencias y totalitarismos impuestos en nombre de la razón y de una libertad autonegada. Esa herencia costó a Francia ríos de sangre, y fue superada, hasta cierto punto, gracias a la muy rica tradición cultural francesa. ¿Podrían superarla unas sociedades americanas desvertebradas cultural y políticamente por la negación de sus propias tradiciones? Hasta hoy no lo han logrado, y su historia en los últimos dos siglos oscila constantemente entre la tragedia y la farsa.

La voz "Latinoamérica", con toda su falsedad, tiene cierta razón de ser: refleja y resalta esa realidad convulsa y absurda de la mayoría de los países "latinos".