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País Vasco

Problemas de lenguaje

No existe un “problema vasco”, sino del nacionalismo vasco, ni tampoco de terrorismo solo, pues el terrorismo no es más que una expresión de ese nacionalismo. Decir que el terrorismo es el problema principal constituye un error, por más que sea una parte muy importante del problema. Tanto el PNV-EA como la ETA persiguen los mismos fines, es decir, la desmembración de España y la liquidación de la democracia en las Vascongadas y Navarra, cosa que han conseguido ya en gran medida en las primeras. La diferencia entre el PNV-EA y la ETA no pasa de ser de método, y aun en ese sentido resulta parcial y secundaria, pues se da una simbiosis entre los nacionalistas que pasan por moderados y los organizadores directos del asesinato sistemático. Aunque con disputas entre ellos, la tendencia principal ha sido durante todos estos años al apoyo mutuo frente a los no nacionalistas.

Tampoco debieran llamarse “constitucionalistas”, sino “demócratas”, los opuestos al nacionalismo, pues no defienden meramente la Constitución, sino el principio mismo de la democracia, oponiéndose al régimen siniestro impuesto, no totalmente pero sí en buena medida, por la simbiosis entre PNV-EA y ETA. Ni debe hablarse del PNV como un partido pacífico y legalista, pues jamás lo ha sido, pese a la fraseología de los hipócritas alumnos de Sabino Arana. Éste era muy claro: todas sus predicaciones excitaban al odio y la violencia, y desde el principio sus seguidores protagonizaron altercados y rupturas con la legalidad. Sólo que él, consciente de que una sublevación les llevaría por entonces a la derrota, se abstenía por mero realismo, como él mismo decía, de llamar a los bizkaínos a las armas. Pero estaba dispuesto a hacerlo según “la historia aconsejase”. ¿Lo aconseja ahora la historia? El PNV ha tenido la suerte de que otros hagan el trabajo sucio por él, permitiéndole “recoger las nueces”. Hipocresía y violencia son los dos rasgos fundamentales de la conducta política del PNV-EA, y no entenderlo así conduce a espejismos.

El problema del nacionalismo surge de tres factores. En primer lugar, de la bula concedida a su propaganda durante veinte años. En segundo lugar, del poder otorgado al PNV sobre la enseñanza y la propaganda oficial. Y, por último, de la atracción ejercida sobre amplias masas por la idea de constituir una raza especialísima y, desde luego, superior a los despreciables maketos. El PNV ya no alza abiertamente la bandera del racismo, como antaño (no podría hacerlo sin condenarse ante todo el mundo), pero el principio sigue, implícito, en toda su política, y es la clave de su fuerza ideológica. Sólo desde ese principio puede manipular, por ejemplo, el vascuence para convertirlo en catapulta contra la unidad de España y la democracia.

En Vasconia luchan los partidarios de la unidad de España contra quienes buscan su desmembración, los partidarios de la democracia contra quienes la vienen destruyendo, los partidarios de la convivencia pacífica entre distintas tendencias, contra quienes ejercen la violencia y el asesinato, o intentan beneficiarse de ellos. El lenguaje debiera reflejar constantemente estos hechos, pero no acaba de ser así, y después de tantos años de predominio de la perversión del lenguaje nacionalista, el contagio persiste. Y un lenguaje que refleja inadecuadamente la realidad casi siempre conduce al desastre.