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La verdadera responsabilidad social de la empresa

Los empresarios no deben dejarse coaccionar y engañar por los socialistas y, menos aún, colaborar con sus fundaciones, instituciones y programas buscando prestigio social.

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Los socialistas y altruistas profesionales catequizan a los empresarios sobre su "obligación moral" de buscar solución a problemas sociales, aun cuando no sean causantes de los mismos. La responsabilidad social corporativa está de moda. Es sinónimo de generosidad empresarial. Una nueva industria de consultores y proveedores de "imagen" ha surgido alrededor de este nuevo paradigma. Lo más admirado y "políticamente correcto" no es una empresa de alta rentabilidad, sino una con responsabilidad social.

Pero no son las empresas que hacen caridad las que tienen responsabilidad social, sino las que buscan beneficios honradamente. Y cuantas más ganancias obtienen mayor es su responsabilidad social. Los beneficios revelan que las empresas crean riqueza para la sociedad, producen con eficiencia los bienes y servicios que más demandan las personas, reinvierten sus ganancias, crean numerosos empleos, elevan los salarios y mejoran el nivel de vida de todos. Esta es la verdadera función empresarial en una sociedad libre.

Los beneficios de una empresa determinan su éxito económico y social. El lucro aumenta en la medida que mejor se satisfacen las necesidades de la gente. Si la necesidad de un bien es mayor crece su demanda, aumenta su precio y, por lo tanto, las ganancias de los productores. Esto atrae a otras empresas a invertir en su provisión, lo cual incrementa la oferta y, entonces, los precios bajan y disminuye el lucro. Las empresas no incrementan sus beneficios subiendo los precios, sino innovando, elevando la eficiencia productiva y ofreciendo productos cada vez más baratos y de mejor calidad.

El paradigma de la responsabilidad social ha tenido rápida difusión porque se nutre del deseo de notoriedad de los empresarios y de sus sentimientos de culpa. Pero no tienen motivo para sentirse culpables, ni le deben nada a la sociedad. Por el contrario, es la sociedad la que está en deuda con ellos. Y cuanto más grandes sean sus empresas y más beneficios obtienen mayor es la deuda social, dado que en una economía de mercado solo se consigue lucro acatando la voluntad del consumidor y creando valor económico.

El empresario que logra grandes ganancias podrá reinvertirlas con el fin de producir más bienes y servicios a menor coste. Ello exige mayor eficiencia, capacitar al personal, realizar innovaciones, contratar más empleados y ofrecer salarios más altos, todo lo cual beneficia a la comunidad. No obstante, nada de ello se hará realidad si su gestión genera pérdidas o si los impuestos le arrebatan los beneficios.

Algunas empresas que hacen caridad no tienen responsabilidad social alguna porque evaden los impuestos, violan leyes, no pagan los salarios y cargas sociales de su personal, traban la libre competencia o no respetan el medio ambiente. Peor aún, los empresarios provocan injusticias sociales y resentimientos cuando utilizan su influencia en el gobierno para obtener exenciones impositivas, subsidios, protecciones y privilegios, o cuando corrompen a funcionarios para lograr la adjudicación fraudulenta de contratos del Estado.

La caridad es una cuestión personal, no de la empresa o del Gobierno. No se puede dar limosna con dinero ajeno. Las personas tienen la responsabilidad moral como individuos de hacer beneficencia o prestar ayuda con el producto de su trabajo y esfuerzo. Es inmoral trasladar esta responsabilidad al Gobierno, pues sus obligaciones son muy distintas. Su responsabilidad social básica y privativa es la de proteger los derechos de las personas y sus bienes. El Gobierno se creó para defender la vida, la libertad y la propiedad de las personas, en el marco de un Estado de Derecho.

Los empresarios no deben dejarse coaccionar y engañar por los socialistas y, menos aún, colaborar con sus fundaciones, instituciones y programas buscando prestigio social. No deben permitir que se cumpla la profecía del camarada Lenin, quien aseguraba que los propios capitalistas le venderían la soga que necesitaba para ahorcarlos. Los beneficios de un empresario honesto y competitivo son beneficios de la sociedad. Su responsabilidad social se limita a defender la libertad de mercado.

 

© AIPE
 
Porfirio Cristaldo Ayala es corresponsal de la agencia AIPE en Paraguay y presidente del Foro Libertario.

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