
"Por eso se cae en la prostitución a todas las edades, el comercio sexual a todos los niveles y de todas las formas inimaginables", afirma en una carta pastoral. A juicio de Francisco Pérez el sexo "se confunde con el amor y en nombre de él se habla y se defiende. Y es todo lo contrario, puesto que el amor no tiene nada de egoísta y no busca su propio interés".
Por eso lamenta la "gran confusión" que a su juicio existe y la promiscuidad que se propaga "a través de los medios de comunicación de forma programada e incontrolada, causando gran daño a niños, jóvenes y adultos".
"Si a esto añadimos la debilidad y fragilidad de la que todos somos capaces a causa del pecado, podemos caer en la corrupción más repugnante que se da en el ser humano", dice, y asegura que "la herejía antropológica del siglo XXI será la destrucción formal y real de la familia a causa de la corrupción moral que ahora tanto se está propagando y hasta promulgando como signo de libertad".
Por eso apela a la búsqueda de métodos pedagógicos, comunicativos y de profundo sentido trascendente religioso para promover "una moral y ética sanas y para frenar tales despropósitos, que en nada favorecen al ser humano".
Y añade al respecto que "no se puede hablar de una sociedad sana en costumbres si desde la formación familiar, social y desde los medios de comunicación se promueve tal herejía del amor", por lo que reclama que "esa falsa libertad sea desenmascarada y se la describa como uno de los mayores males que nos acosan".