Intoxicaciones en la infancia I. Medicamentos

Dr. José Ignacio de Arana Amurrio.

Biografía del Dr. José Ignacio de Arana Amurrio



Doctor en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor de Pediatría en la Facultad de Medicina de la misma Universidad. Médico Puericultor del Estado. Técnico Superior de Salud Pública de la Comunidad de Madrid. Ejerce como Pediatra desde hace 35 años en el Hospital General Universitario “Gregorio Marañón”. Miembro de Número de la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas. Autor de veinticinco libros, entre los que se cuentan La salud de tu hijo, todas la respuestas y Diga treinta y tres, anecdotario médico, y de más de 500 artículos en prensa sobre temas médicos y humanísticos. Ha recibido numerosos premios nacionales de narrativa. Ha pronunciado un centenar de conferencias y es colaborador habitual de medios escritos y radiofónicos en toda España.


Continuando con los comentarios sobre los accidentes infantiles recogidos en artículos anteriores, me voy a referir a otra patología también accidental en la mayoría de las ocasiones y que al igual que aquélla es causa de numerosos fallecimientos e incontables sustos entre familiares y personal sanitario: las intoxicaciones. En España se atienden 50.000 casos infantiles cada año.

Una casa es hoy un almacén de productos farmacéuticos y este arsenal químico se guarda sin ninguna protección, por completo al alcance de los niños. Éstos tienen acceso a los medicamentos almacenados y también a los que se encuentran en otros lugares de la casa como los dormitorios o los cuartos de baño.

Los medicamentos de uso infantil suelen tener sabor agradable para ellos con el fin de evitar su rechazo; los padres, cuando han de administrar a sus hijos uno de estos fármacos, insisten mucho en ese detalle y se lo presentan al niño como "una golosina" y éste acaba por asociar una cosa con la otra.

Algunos comprimidos o grageas tienen un aspecto similar a caramelos e incluso un sabor dulce en su capa superficial. Los adultos toman sus medicamentos a la vista de los niños que tenderán a imitar las acciones de sus mayores.

De todo lo anterior se deducen las medidas necesarias para evitar, o al menos dificultar, la ingestión accidental de medicamentos por los niños. Se guardarán durante su uso en lugares de difícil acceso, cerrados con llave. Una vez finalizado el tratamiento, los sobrantes no se conservarán.

No se tomarán medicamentos en presencia de los niños o por lo menos sin explicarles cada vez que se haga que aquello puede ser perjudicial. Nunca se hará creer al niño que su medicina es una golosina sino algo necesario para su curación aunque sepa mal.

Por parte de la industria farmacéutica deberían asimismo eliminarse las presentaciones demasiado atractivas tanto en el envase como en el sabor y diseñar envases que hagan difícil que el niño pueda extraer su contenido.

Los medicamentos de uso más frecuente son, como es natural, los que más casos provocan de intoxicación infantil. Cuando los padres sorprenden al niño con un envase en las manos y sospechan o comprueban, por los restos de producto en la boca o en la ropa, que haya podido ingerir su contenido deben acudir al centro sanitario con los envases y no sólo con su nombre en la memoria; al médico le interesará conocer la composición exacta, el número de pastillas o el volumen de líquido que contenía el envase, datos de importancia para valorar el alcance de la intoxicación.

Si el medicamento es alguno que pudiera estar fuera de su envase original, como pastillas perdidas por algún cajón de la mesilla de las que se ignora el nombre y la utilidad, se procurará llevar alguna de éstas o sus restos para que se pueda proceder a su identificación o análisis.

En otras ocasiones no hay evidencia de que el niño haya ingerido ningún medicamento, pero presenta unos síntomas, generalmente bruscos, por los que el médico que lo asiste de urgencia sospecha esta posibilidad: irritación, sueño anormal, debilidad muscular, incapacidad para andar, etc.

Mencionaré a grandes rasgos los medicamentos cuya ingestión por un niño debe ser motivo de especial alarma y aquellos otros que, sin excusar la visita médica inmediata, no suponen habitualmente riesgo tóxico. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que el chiquillo ha podido tomar varios productos, unos tóxicos y otros menos y que cuando se ve al niño con un medicamento cualquiera hay que buscar de inmediato otros que haya tenido a mano.

Son muy dañinos todos los medicamentos indicados para el sistema nervioso: sedantes, inductores del sueño, estimulantes, antiepilépticos y algunos analgésicos. Lo son también, aunque dependiendo de la dosis total ingerida, el ácido acetil-salicílico (aspirina y similares), el paracetamol (utilizado para controlar la fiebre), los calmantes de la tos que contienen preparados codeínicos, los antihipertensivos y los laxantes.

No son tóxicos habitualmente: los antibióticos más usados (penicilina, amoxicilina, cefalosporinas, eritromicina), los jarabes anticatarrales que sólo contienen mucolíticos o antitusígenos no codeínicos (Flumil®, Mucosán® y similares), las píldoras anticonceptivas, los antiácidos gástricos y los antisépticos corrientes como el mercurocromo que ya, a pesar de su nombre, no contiene mercurio tóxico.

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