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Bárbara Rey, el cuerpazo del partido de Adolfo Suárez

La actriz y vedette hizo campaña en las primeras elecciones a las que se presentó el expresidente fallecido.

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Bárbara Rey en 'La muerte ronda a Mónica'

Los episodios del tiempo de la Transición evocados estos días con motivo de la muerte de Adolfo Suárez nos llevan a las vísperas de las elecciones generales del 15 de junio de 1977. Entre quienes formaron parte de la campaña en pro del que fue el primer Presidente de Gobierno de la democracia, tras la dictadura franquista, se hallaban unas cuantas bellezas, modelos de profesión, actrices en ciernes, presentadoras de concursos y programas musicales de televisión, reclutadas por el hermano menor del político abulense, José María (Chema) Suárez, quien ejercía de relaciones públicas por las mañanas en Prado del Rey, sede de TVE y por las noches en una discoteca. De aquel grupo femenino destacaba Bárbara Rey.

La recuerdo perfectamente de aquellos días embutida en una camiseta muy ceñida, de color blanco con las siglas de UCD en verde y naranja y el eslogan "Vota Centro". Sin duda la murciana lucía un número de su talla más estrecho para mostrar muy llamativamente su busto, que en realidad no era excesivo, a juzgar por los reportajes en los que salió desnuda o en algunas secuencias de sus películas, en plena época del llamado destape.

Cartel de UCD

La murciana acudía con sus compañeras a varios actos promocionales del partido. Me encontraba con ella especialmente en el ya desaparecido "pub" Zaque, a espaldas del madrileño Edificio España (ése que ahora dicen ha comprado un magnate chino de las finanzas), que es donde el menor de la familia Suárez cumplía su trabajo. Y ella repartía entre la clientela pegatinas y emblemas de la Unión de Centro Democrático. También recuerdo su paso por un programa de inserción obligatoria de cada partido en el que, antes las cámaras de TVE ella, con la más seductora de sus sonrisas nos invitaba a participar en las elecciones, pronunciando la leyenda de rigor: "Vota Centro, vota Suárez, vota libertad". En aquella campaña de UCD, partido que ganó las elecciones de 1977, se difundieron en periódicos y revistas fotografías del luego elegido Presidente del Gobierno en la compañía de aquellas beldades femeninas. Corrió el bulo de que a Adolfo Suárez "le hacía tilín" Bárbara Rey. Pero nadie pudo probar que entre ambos hubiera más que intercambio de saludos y sonrisas. Porque a Adolfo nunca se le conocieron públicamente veleidades femeninas, siempre enamorado de Amparo, su mujer.

De la campaña en pro de UCD sin duda se benefició, publicitariamente, Bárbara Rey, quien un decenio atrás había aterrizado en los Madriles procedente de su Totana natal, con la pretensión de triunfar en el mundo del espectáculo. Con su verdadero nombre, María García García, es posible no hubiera trascendido tanto. Coincidía con ella muchas noches, hacia 1967, en la entonces discoteca de moda sita en la madrileña Plaza del Callao, en los bajos del cine Palacio de la Prensa, que se llamaba "J.J". Se aseguraba que en honor de Juan y Junior, por esas calendas dúo en candelero. La murcianica se ganaba allí la vida como "go-gó girl", hoy denominación extinguida, que consistía en bailar sin desmayo durante varias horas, con breves descansos, subida en un podio sobre la tarima de la pista, al compás de las últimas novedades discográficas que seleccionaba un experimentado "disc-jockey". Las piernas de Marita, que es como la conocían sus amigos, hacían furor entre la clientela masculina del local.

Marita pasó a llamarse Bárbara Rey cuando a partir de 1968 entró de puntillas en el cine, con pequeños papeles "en traje de Eva". Siempre decidida se valía de algún reportero amigo para aparecer en la prensa en encuentros previamente forzados por ella, que era quien avisaba al fotógrafo de turno. Por ejemplo, aquella noche que consiguió ligarse a Alain Delon llevándolo a un "tablao" cercano a la sede del Senado. Por ejemplo, también, cuando se armó una morrocotuda bronca bailando apasionadamente en la penumbra de una discoteca con el jugador del Barça Carlos Rexach, que a punto costó a éste la ruptura con su novia catalana de siempre. Ella no se recataba en mostrar su admiración, por ejemplo, hacia el cantante romántico Danny Daniel. Lo mismo que con el rumbero Peret. Y públicas serían sus relaciones, en principio citas clandestinas hasta que algún "paparazzi" descubrió el pastel, con el torero Francisco Rivera "Paquirri", en los días en que el infortunado diestro coqueteaba simultáneamente con Lolita.

La treintena de filmes en los que intervino Bárbara Rey fueron en general discretos, cuando no mediocres (si exceptuamos su episódica aparición en La escopeta nacional). Oportunista fue su incursión discográfica, que sólo le sirvió para cumplir con unas galas bien pagadas que le proporcionó su entonces mánager Pepe Vaquero. Porque Dios no la llamó nunca para cantar. En cambio, como presentadora de televisión, luciendo palmito y desenvoltura, y asimismo en su papel de estrella de revista musical y "music-hall" encontró la horma de su zapato. Su boda circense con el domador Ángel Cristo le permitió destacar también bajo la carpa. Fue madre de dos hijos. Y tras ocho años de unión, el matrimonio se deshizo.

Luego, ya en tiempos más cercanos, fue protagonista de una supuesta relación real. En varias ocasiones aireó sus intimidades ante las cámaras de televisión. Preocupada últimamente por la salud de su hija, quien confesó sus adicciones, Bárbara Rey afronta ahora, a sus sesenta y cuatro años recién cumplidos el pasado dos de febrero, un periodo más sereno. En su pueblo, la alcaldesa, del PP, ha propuesto elegirla "hija predilecta de Totana" y dedicarle una calle a su nombre. Sería algo así como inmortalizar en vida a un personaje farandulero, de ajetreada e intensa existencia, que dejaría en mantillas el mejor culebrón en el caso de que como argumento se llevara a la pantalla. Dicho sea con el respeto que siempre me ha merecido esta luchadora mujer, la Marita que conocí, cuando tesonera pugnaba por eso que ahora se dice "ser famosa". Demos fe que, a su manera, ha conseguido serlo.

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