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'Junior', una dulce voz para el recuerdo

Antonio Morales, miembro de Los Brincos, ha fallecido a los 70 años. En vida, nunca se le hizo justicia por su labor musical.

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Lo primero que hemos de significar ante la desaparición de Antonio Morales (Junior) es que, artísticamente, no se le hizo del todo justicia como cantante, instrumentista, compositor y productor discográfico. Muchos lo consideraron sólo cual un apéndice musical de la mujer que tanto amó, Rocío Dúrcal, creyendo que vivía poco menos que "a su costa" en los últimos años de vida de la recordada actriz e intérprete. Sin dar importancia a su trabajo en la sombra, pendiente siempre de ella.

Antonio Morales Barreto nació en Manila (Filipinas) el 10 de mayo de 1943. Dieron en llamarlo familiarmente Junior. Era bilingüe. Desde jovencito se había aprendido muchas canciones en inglés, en especial de Cliff Richard, el vocalista de Los Shadows, al que imitaba. Con diez años, se estableció en Madrid con los suyos, debutando en unas funciones matinales dominicales en el Palacio de la Música. Pronto se hizo un hueco entre los pioneros del pop español, fundamentalmente por su dominio del inglés y el conocimiento de la música rockera que entonces estaba en boga en Gran Bretaña y los Estados Unidos. Pasó por los primeros grupos que utilizaron aquí las guitarras eléctricas: Los Jumps, y Los Pekenikes. Dejó este conjunto en 1962 y se estrenó como solista, ocupando su puesto Juan Pardo.

De 1964 era el disco de cuatro canciones de Junior, que pasó con más pena que gloria. Injustamente. Un año más tarde se integraba al cuarteto Los Brincos, que marcó una época gloriosa en el pop hispano, aunque de vida efímera. Las desavenencias entre sus miembros, en particular con su líder, Fernando Arbex, que tenía registrado el nombre del grupo, llevaron a Junior y a Juan Pardo a formar un sensacional dúo entre 1966 y 1968, con inolvidables baladas que componían al alimón o cada uno por separado, firmándolas desde luego ambos: "La caza", "Nos falta fe", "Tiempo de amor", "Para verte reír" y sobre todo "Anduriña" y "A dos niñas", esta última dedicada, sin nombrarlas, a Marisol y Rocío Dúrcal, de la que estaban perdidamente enamorados.

Lo curioso es que, por aquellas calendas, Juan Pardo salía con Rocío, y Junior vivía "coladísimo" por Marisol. Gracias a los buenos oficios de mi querido colega, inolvidable amigo, el periodista Antonio D. Olano, Juan y Junior fueron un día a la mansión de Pablo Picasso, en la Costa Azul francesa, para deleitarlo con algunas de sus composiciones. Y en agradecimiento el genio malagueño les hizo el dibujo de un ave, la anduriña de la canción del dúo; cartulina que se quedó Juan, según me confió un día Junior: "Yo no he sabido ser posesivo para esas cosas". Eran muy buenos amigos y compañeros, pero tarifaron, deshaciendo el dúo tras un par de años de éxitos ininterrumpidos. Tardarían muchos años en firmar la pipa de la paz.

Entre tanto, Junior había cambiado de pareja, y ahora su corazón lo ocupaba Marieta, más conocida fuera de su ámbito familiar como Rocío Dúrcal. Ella fue quien se declaró a Antonio. La familia de la actriz no comulgaba con aquellas relaciones, en particular el padre. Publiqué en la revista Semana, otoño de 1969, que eran novios y pensaban pronto darse el "sí". Hubo rápida reunión del clan Dúrcal, con la presencia del representante de la estrella, su descubridor, Luis Sanz, en el piso familiar cercano a la madrileña plaza de Castilla, de la que surgió la próxima fecha de la boda. Se celebró el 15 de enero de 1970 en la Basílica del Monasterio de El Escorial. Fue un acontecimiento, al que tuve la suerte de asistir. La pareja tendría tres hijos.

Desde su ruptura con Juan Pardo, sin dejar la canción, Junior se interesó por el cine, actividad en la que había debutado como actor años atrás en Un mundo diferente. Después, dada su fotogenia, repitió de galán ante las cámaras en Me enveneno de azules y Los visitantes. Compuso la banda sonora de Pepa Doncel y otras películas. La multinacional RCA lo lanzó discográficamente en Gran Bretaña… como cantante "sexy" de baladas, apoyándolo con su aparición en cueros vivos en las páginas de un tabloide londinense, destape que causó hilaridad en España, donde sus nuevas composiciones como solista no cuajaron. Pese a su calidad, pese a su estupenda y dulce voz, sin parangón con la de otros colegas. Pareció iniciarse una campaña en su contra, con dicterios y frases atentatorias sobre su vida privada. Cuando era un atento marido, siempre pendiente de Rocío, con quien inició en los primeros años 70 una gira por toda España y luego Hispanoamérica.

Convencido de que su papel de cantante estaba muy debilitado, a pesar de sus grandes condiciones como intérprete y compositor, dio por concluida la primera de esas facetas en 1979 tras su álbum Mi mundo. Participó en la producción de otros discos de sus hermanos. Y siempre dirigió la carrera musical de Rocío Dúrcal, aunque ella estuviera de gira en México y otros países hispanoamericanos, triunfando con las rancheras de Juan Gabriel, y él, Junior, en el chalé familiar de Torrelodones, al cuidado de sus tres vástagos: Carmen, Antonio y Shaila. La salud le jugó una mala pasada a Junior en el invierno de 1993 cuando hallándose en México en compañía de su esposa, fue operado a vida o muerte, aquejado de una pancreatitis aguda. Y el destino marcó luego otro giro, recuperado Junior de sus males, y muriendo Rocío Dúrcal el 25 de marzo de 2006, lo que lo llevó a un estado depresivo preocupante. Pareció vencerlo, cuando hubo de sobrellevar otra dolorosa cuestión, al ser demandado por sus dos hijos mayores, que le reclamaron su parte en la herencia materna. Pasaron unos años duros para Junior hasta que firmó la pipa de la paz con Carmen y Antonio. Publicó unas memorias, con cierto capítulo amoroso, que no gustó en su entorno. Sentíase muy solo en su mansión de Torrelodones, a treinta kilómetros de Madrid. Probablemente incomprendido por muchas cosas. Que Dios le haya acogido en su seno, pues fue, amén de un gran artista, sobre todo un hombre bueno, como así lo conocí en sus años de mayor popularidad.

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