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Cuando Miguel Boyer presentó a Mario Vargas Llosa a su mujer, Isabel Preysler

A punto de cumplir 65 años, Isabel Preysler se convertirá en marquesa por segunda vez al casarse con el escritor peruano.

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Cuando Miguel Boyer presentó a Mario Vargas Llosa a su mujer, Isabel Preysler
Miguel Boyer e Isabel Preysler | Archivo

En vísperas de que Isabel Preysler celebre su sesenta y cinco años (será el próximo 18 de febrero) en compañía de su ardiente enamorado, Mario Vargas Llosa, nos viene a la memoria aquella canción cuyo estribillo rezaba lo de "… la vida te da sorpresas / sorpresas te da la vida…", al recordar que fueron presentados por el entonces tercer marido de la ex de Julio Iglesias y Carlos Falcó, esto es, Miguel Boyer. El ministro de Hacienda, socialista que empero frecuentaba la beautiful people de la Costa del Sol malagueña, mantenía una buena amistad con el escritor peruano y, miren por donde, en aquella noche marbellí, en uno de esos frecuentes saraos agosteños, el hoy premio Nobel fijó sus ojos en los de la dama filipina que le era dada a conocer y a la que, al parecer, ya admiraba desde hacía tiempo; suponemos que hojeando las páginas de ¡Hola!, aunque las detestara por otro lado como bien sostenía en su último ensayo publicado acerca de las banales y frívolas costumbres de la sociedad.

La admiración de Isabel hacia Mario también brotó desde el primer día de conocerlo. Y a través de Miguel Boyer y de Mona Jiménez, "la de las lentejas", paisana del escritor, Isabel Preysler pudo entrevistarlo para ¡Hola! Los veranos, el matrimonio Vargas Llosa se instalaba en Marbella, sometido a curas de adelgazamiento en la clínica Buchinger. Ya me dirán si a la mayoría de los lectores de esa revista le podrían interesar entonces las declaraciones del novelista. Deducimos que era ella la que sí estaba interesada en reencontrarse con él. Su impetuoso noviazgo con Isabel, que ya está decidido por ambos cristalizará pronto en boda, en cuanto Mario obtenga los papeles de su divorcio de Patricia, es ya argumento semanal en esas publicaciones rosas. Que tendrán en breve un tema añadido sobre la pareja pues, en el instante de la ceremonia civil, cuando ya hayan estampado sus firmas en el Registro correspondiente, serán los felices marqueses de Vargas Llosa.

La entrevista a Vargas Llosa | Hola

Y es que, haciendo memoria y tirando de archivo, sepan que Jorge Mario Pedro Mario Vargas Llosa, nacido en Arequipa el 28 de marzo de 1936 (pronto será octogenario, de aquí a mes y medio) fue honrado por su majestad don Juan Carlos con un título nobiliario, que ostenta con su doble apellido. Muy en su condición modesta, el ilustre novelista al ser preguntado cuando recibió la noticia qué sentía al ser marqués, respondió de esta guisa: "Hay que tomar el título con humor, siendo de un país republicano, con agradecimiento porque es un gesto muy cariñoso del Rey de España y con una sorpresa descomunal porque jamás imaginé que me harían marqués. Yo nací plebeyo y voy a morir plebeyo, a pesar del título".

Remató Vargas Llosa aquel pequeño discurso con la siguiente frase, pronunciada entre sonrisas con su bien dotada dentadura: "¡Los cholos hemos llegado a la aristocracia española!". Así llaman a los naturales de su país, Perú. Él, además, disfruta de la doble nacionalidad; la española, desde 1993, siendo académico de la Lengua, lo que no es un caso frecuente entre los elegidos en la Docta Casa de la calle de Felipe IV. Siendo marqués, públicamente nunca ha presumido de ello.

Isabel Preysler había perdido su título nobiliario como consorte del marqués de Griñón, al separarse de él. Fue por tanto marquesa en el periodo comprendido entre su boda celebrada en 1980 hasta que en 1985 ella determinó dejarlo porque se aburría soberanamente a su lado. Carlos se resistía a la separación. Pero Isabel, con ese don que tiene para quedar siempre bien con sus "ex", exquisita en el trato como no hemos conocido a dama alguna, "le dio puerta al marqués", que diría un castizo de Lavapiés. Eso sí: siempre diría que de ese matrimonio les quedó, respeto mutuo aparte, el nacimiento de Tamara, deliciosa mujer que en noviembre pasado festejó su treinta y cuatro años.

Lo que tampoco puede olvidar Isabel, añadimos nosotros, fue que en esos años unida al reputado aristócrata enólogo, de familia con Grandeza de España, pisaba con su natural elegancia las alfombras del Palacio de Oriente durante las recepciones reales y se rodeaba de otras damas de la nobleza española como si en su vida no hubiera hecho otra cosa que frecuentar a los habituales del Gotha. Y es que, insisto, su educación, sus modales, fueron y siguen siendo, irreprochables. Es una dama encantadora y los periodistas que la hemos tratado sólo podemos alabar el buen trato que siempre nos dispensó.

Natural de Manila, donde nació el 18 de febrero de 1951, es hija de una familia acomodada: su padre era gerente de una compañía aérea y luego delegado de Banesto. El apellido Preysler tiene raíces austríacas, de unos antepasados suyos que, procedentes de la Corte de Carlos V se instalaron en España. Descendientes posteriores emigraron a Filipinas, a partir de 1831. Procedían de Cádiz y eran Joaquín y Natalia Preysler, bisabuelos de Isabel, de muy modesta condición social. Que fueron a trabajar a una plantación de tabaco. Cierto es que cuando Isabel se radicó en Madrid el 21 de febrero de 1969 (se van a cumplir ya cuarenta y siete años) en casa de unos tíos no disponía de más dinero que una chica de su edad de clase media; acaso porque sus progenitores no tenían la disponibilidad económica de otros tiempos. Pero lo que decidió a éstos a enviar a su hija a Madrid fue para que Isabel se olvidara de un peligroso "play-boy" que la asediaba de continuo, llamado Juni Kalaw, relacionado con gentes de malvivir. Y nuestra "reina de corazones" lo olvidó pronto, cayendo en los brazos de un seductor nato, que se abría paso muy lentamente en el proceloso y complicado mundo del espectáculo, llamado Julio Iglesias. Se casaron el 29 de enero de 1971. Y hasta la nulidad de su unión conseguida en 1979, Isabel Preysler fue una mujer abnegada, pendiente de su marido, ayudándolo en viajes por el México profundo, pasando calamidades. Hasta que se hartó de que el autor de Me olvidé de vivir le pusiera los cuernos: pasaba diez meses viajando en tanto ella lo esperaba. "En casa y con la pata quebrada", que reza el refrán. "Hasta aquí hemos llegado", le dijo un día, lo puso de patitas en la calle… y comenzó a disfrutar de la vida, a su modo y manera, discretamente, sin escándalos. ¡Oléee…!

Así es que, querida y admirada Isabel Preysler: ¡felicidades por tus 65 espléndidos años y tu próximo título de marquesa de Vargas Llosa!

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