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Mónica Naranjo se casó con el mosso que acudió a su casa tras un robo

Adoptó un hijo de su marido, hoy con veinticinco años.

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Mónica Naranjo y su marido | Gtres

Este martes, 23 de mayo, Mónica Naranjo apagará cuarenta y tres velitas en la tarta nupcial que a buen seguro le tendrá preparada su querido marido, Oscar Tarruella. La atractiva cantante, que hoy goza de la notoriedad que le proporciona su presencia semanal, la noche de los viernes, en el programa de Antena 3 Tu cara no me suena todavía, nació en la ciudad gerundense de Figueras en la primavera de 1974. De una familia de emigrantes andaluces, el padre de Málaga, de Sevilla la madre. Mónica Naranjo fue aplicada alumna en las clases de música que recibió de sus profesores y, como sus condiciones vocales eran apropiadas terminaría debutando hace ahora un cuarto de siglo, destacando por su capacidad como soprano, a través de una variada muestra de géneros, hasta desembocar recientemente en el estreno de la ópera-rock Lubna. La canción suya más conocida de su amplio repertorio es "Sobreviviré". Remitiéndonos a sus principios, el álbum que la encumbró fue Palabra de mujer, el más vendido de su carrera, fechado hace justamente veinte años. Diez millones de copias es la cifra divulgada de su discografía.

México fue siempre fundamental en su carrera, pues allí es donde prácticamente empezó a darse a conocer. Y adonde vuelve a menudo, como hace tres meses, cuando hubo de regresar deprisa y corriendo para incorporarse como jurado en Tu cara no me suena todavía, donde imparte su criterio a la hora de votar a los concursantes y dirime su rivalidad estética con su compañera de programa Chenoa, a cual de las dos más original con sus peinados y vestidos. Le gana Mónica Naranjo, que se toma muy a pecho cada sesión televisiva poniendo a prueba ante la audiencia su original concepto sobre la moda. Lo cual no es nuevo en ella como recordarán sus fieles admiradores de los tiempos en los que dio en comparecer con la mitad de su cabellera rubia y la otra morena. Ya no va de "güera, que dicen los aztecas, sino que prefiere lucir un pelo negro que le da a su rostro un aspecto más acorde con el apodo que le endilgaron en su día: "La pantera de Figueras". Su paisano Salvador Dalí le pronosticó, siendo ella adolescente, que le esperaba un prometedor futuro como cantante. Fiereza en sus interpretaciones cara al público, carisma y una voz potente con parte de su personal sello artístico. Y en su biografía la satisfacción de haber compartido escenario y estudios de grabación al lado de Luciano Pavarotti (lo que no estaba al alcance de otras figuras jóvenes del pop), la sensacional diva italiana Mina y la no menos arrogante y todopoderosa Rocío Jurado.

Siempre ha sido Mónica Naranjo rebelde por naturaleza, con un carácter fuerte que se advierte a poco de conocerla. Hay cosas que se apagan, claro, conforme pasan los años pero en el fondo ella se siente más o menos la misma en lo fundamental de su idiosincrasia. Es una defensora a ultranza de los derechos sexuales. Cambia de estilos musicales, se toma su tiempo, pasa temporadas escondida, como si fueran "años sabáticos" y reaparece por lo corriente con algo nuevo que ofrecer a su clientela. Y no suele defraudar. Iba a presentar un programa de entrevistas a personajes populares, como réplica al que conducía Bertín Osborne en Televisión Española. Llegó a grabar dos pilotos, con Malú y Jorge Javier Vázquez. El proyecto era para ser emitido por Telecinco. Pero como esta cadena fue la que se hizo con los servicios del madrileño-jerezano cuando a éste no le renovaron el contrato en Prado del Rey, la faceta de entrevistadora de Mónica Naranjo quedó para mejor ocasión.

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Mónica Naranjo, en el escenario | Archivo

Hubo una época en la que se presentaba de un modo ambiguo para suscitar polémicas y variados comentarios. Jugaba a provocar a gays y lesbianas. Pero como es mujer imprevisible hace unos meses encontrándose en un escenario mexicano junto a Marta Sánchez, de pronto, le dio por propinarle un apasionado ósculo. En el acto, la gran mayoría del público presente en aquel espectáculo abucheó a la pareja. Que sepamos ni una ni otra son seguidoras de las artes amatorias tan conocidas de Lesbos. Y, a propósito, ya que hemos citado a ambas divas de armas tomar: iban a desfilar dentro de unos días, en junio, en la gala World Pride, con motivo de los días del Orgullo Gay internacional en Madrid. Pero que sepamos tanto Mónica Naranjo como Marta Sánchez "se han caído del cartel", renunciando a aparecer en semejante evento del Aro Iris. ¿Las razones? Aducen que el empresario del espectáculo tiene fama de no pagar religiosamente.

Por ahora, y antes de que reanude su gira por México y después en España, Mónica Naranjo está concentrada en su papel de jurado en Tu cara no me suena todavía, donde se lleva estupendamente con Chenoa y Micky Nadal. Lolita y Carlos Latre, a los que han sustituido, volverán en septiembre al programa. Lo que menos le gusta a la catalana es que la imiten, pasa vergüenza, se siente mal. Ha intervenido en dos películas, pero por amistad con los directores: no se considera actriz, a pesar de que siguió unos cursos de interpretación. Publicó dos libros: "Come y calla" y "Lubna. El mar esconde un secreto". Fuera del mundo del espectáculo gusta de pasar inadvertida (todo lo contrario a cuando está en un escenario), y se siente un ama de casa normal, que va al mercado y se comporta como cualquier otra mujer de su tiempo. Se ha casado dos veces. La primera con Cristóbal Sánsano, en 1998, su representante artístico, de quien se divorció cuatro años más tarde. Su pareja actual,

Óscar Tarruella apareció en su vida de manera original, imprevista. Robaron en casa de la cantante, quien por vía telefónica dio parte de lo sucedido en el cuartel más próximo a su casa. Y apareció al poco rato un mosso d´Esquadra, que procedió a interrogarla para obtener los datos precisos en su obligación de encontrar al ladrón o amigo de lo ajeno. Mientras el mosso no dejaba de inspeccionar todos los rincones de la vivienda de Mónica Naranjo ésta lo que no dejaba asimismo… de mirar a esa autoridad municipal. Importa bien poco aquí decirles si encontraron a los causantes del robo. Lo que hemos de resaltar es que a aquella primera cita entre mosso y artista siguieron otras en escenarios más románticos. Hoy forman una feliz pareja. Él dejó su uniforme pasando a llevar los contratos de su mujer. Aportó también un hijo de una anterior relación, Aitor, que fue acogido por ella como si fuera propio. Tiene veinticinco años, su vida sentimental programada y lo único que lamenta Mónica Naranjo es una cosa: no le gustan las canciones de su madrastra.

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