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La maldad que Serrat hizo a Lucía, la azafata de Iberia a la que amó

El día que ella se casaba él la llamó para decirle que era su gran amor.

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Joan Manuel Serrat | Cordon Press

Este miércoles se celebra la festividad de Santa Lucía. El gremio de cuantos cuidan de nuestra vista la tiene por Patrona. Un bello nombre de mujer. Pero lo que nos trae aquí es recordar la balada romántica titulada con tal apelativo, una de las más hermosas que compuso Joan Manuel Serrat. Apareció en la cara "b" del que está considerado por la crítica como el mejor de sus álbumes: "Mediterráneo". Fechada en 1971, a partir de entonces, muchos padres en España decidieron al tener una hija bautizarla con esa onomástica del 13 de diciembre. No hace falta ser muy perspicaz para pensar que eran parejas que muy probablemente se enamoraron escuchando, bailando al compás de tales notas.

Siempre el tiempo nos procura la suficiente perspectiva para juzgar las cosas. Y en ese disco, que contenía más de una joya musical, resulta que "Lucía" pasó algo más inadvertida para los críticos. Me he permitido consultar algunos de los libros publicados sobre el "Noi de Poble Sec" y en ellos no se ensalza "Lucía", sino "Mediterráneo", por supuesto; "La mujer que yo quiero", "Pueblo blanco", "Tío Alberto"… Ha sido décadas más tarde cuando "Lucía" ha adquirido una pátina más valorada, incluso por otros intérpretes que la han incluido en sus respectivos repertorios, cuando no a dúo con el propio creador de la pieza. Son los casos de Silvio Rodríguez, Joaquín Sabina, Rosario, Miguel Bosé y algún otro.

Es frecuente que cuando se trata de una canción con nombre femenino los periodistas acudamos a sus autores con la pretensión, a menudo vana, de que nos desvelen la identidad de quien les inspiró tal pieza. Se supone que, aparte de que pudiera ser la madre u otro familiar cercano, sea una mujer soñada, real o no, un amor que se quiere encubrir, al tiempo que quien la ha compuesto cumple quizás una promesa a dicha dama, como tantos adolescentes que compusimos ingenuos sonetos a nuestro primer y efímero amor. En el caso de "Lucía", como también le ocurriría con "Penélope" y "Conillet de vellut", Joan Manuel Serrat, siempre discreto, admitió no obstante que estaba dedicada a un ser muy especial: "Sufrí por amor al escribirla", confesó.

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Contaba Joan Manuel a la sazón sólo veintiocho años. Por supuesto había tenido muchas novietas, amores de paso surgidos en algunas de esas ciudades donde iba a cantar, en la segunda mitad de los 60. "Yo me hice cantante para tocarles el culo a las chicas", diría un bienhumorado Serrat en más de una entrevista. Se mostraba reacio a contar realmente quién era esa Lucía, sobre la que escribió: "Vuela esta canción / para ti Lucía, / la más bella historia de amor / que tuve y tendré…"

Un cantante de la Nueva Trova Cubana, Santiago Feliú, entusiasmado con las canciones serratianas y en especial, entre otras, "Lucía", se interesó por la génesis de esta última y le preguntó a Joan Manuel a quién se la había dedicado, publicando en 2011 el resultado de su curiosidad. En la tranquilidad del hotel que ocupaba el cantautor catalán le dijo a su joven colega cubano: "Le hice una maldad a aquella muchacha, y es que la llamé por teléfono el día de su boda". ¿Para qué?, le cortó Feliú. Y la respuesta fue que la seguía queriendo, que había sido el gran amor de su vida, limitándose a rubricar lo siguiente: "Como el conocido bolero es lo que pudo ser… y no fue". Se desprendía de ello que, o no se atrevió a poner broche de boda a esa historia, a irse a vivir con ella, o es que fue la tal Lucía quien dio calabazas al "Noi". En ese misterio quedó la cosa porque muy pocas veces el cantante ha querido revelar totalmente lo que ocurrió entre él y esa mujer. Hemos de volver a la letra de su canción: "No hay nada más bello / que lo que nunca he tenido / nada más amado / que lo que perdí…" O esto otro: "Si alguna vez fui un ave de paso, / lo olvidé para anidar en tus brazos. / Si alguna vez fui bello y fui bueno, / fue enredado en tu cuello y tus senos…" Para concluir: "Tus recuerdos son / cada día más dulces, / el olvido solo / se llevó la mitad, / y tu sombre aún / se acuesta en mi cama / con la oscuridad, / entre mi almohada / y mi soledad".

Estuvo Serrat mucho tiempo enamorado de aquella Lucía. No la podía olvidar. Si la canción fue grabada en 1971 ¿cuándo sucedió tal idilio? Lo que nunca se ha podido saber es su identidad, sus apellidos, de dónde era, cuántos años tenía, cuáles eran sus facciones… Investigando, lo único que hemos podido saber es que, muy probablemente, Serrat la conoció en uno de sus habituales viajes aéreos. Porque ella era azafata de Iberia.

Hemos de recordar que, a mediados de los 60, él estaba relacionado con una atractiva modelo catalana, Mercedes Doménech, con la que en 1969 tuvo su primer hijo, Queco. Pasó el tiempo. Conoció a una joven perteneciente a la burguesía catalana. Hija del director de la gran empresa en la que, precisamente, el padre de Joan Manuel había trabajado como sufrido obrero. Se llamaba Candela Tiffon. Ni los más avispados "paparazzi" descubrieron aquel noviazgo del "Nano", quien celebró en la intimidad su boda en 1978. Pareja de lo más discreta. Tienen dos hijas: María, nacida en 1979, y Candela, en 1986.

Este próximo 27 de diciembre Joan Manuel Serrat cumple 73 años. Lleva cincuenta y cuatro como profesional, siendo el cantautor más querido, más admirado, no sólo en toda España sino en Hispanoamérica, sobre todo en Argentina, donde lo idolatran. Un ser especial, tan sensible como dotado de algo que hoy parece no es fácil de encontrar, sobre todo entre buena parte de sus paisanos: el "seny", el sentido común, la responsabilidad.

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