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Monumento a Peret en su barrio barcelonés

Contraviniendo los deseos del artista, se le va a dedicar un monumento en su memoria en el barrio donde vivió en Barcelona, calle de la Cera.

Contraviniendo los deseos del artista, se le va a dedicar un monumento en su memoria en el barrio donde vivió en Barcelona, calle de la Cera.
Peret | gtres

Fue Peret, fallecido el 9 de agosto de 2014 a la edad de setenta y nueve años un cantante popular, al que se le ha de reconocer su indiscutible aportación a "la rumba catalana". Tres años antes de irse de este mundo le confiaría esto a uno de sus biógrafos, el periodista valenciano Juan Puchades: "No quiero que los rumberos me hagan ni homenajes ni festivales… Y si quieren hacerme alguna estatua que sepan que mido metro setenta y cinco…" El oncólogo que venía tratándolo le anunció, finalmente, que le quedaban sólo seis meses de vida. Y de un modo estoico, ejemplar, Peret se fue apagando aunque sin abandonar proyectos como editar un nuevo disco con nueve canciones que había ido componiendo en esa última etapa de su existencia. Recopiladas ahora por su nieto Daniel Salvat Pubill, "Desde el respeto" quedará en la historia de Peret como su grabación póstuma.

A comienzos de 2018, contraviniendo los deseos de Peret, se le va a dedicar un monumento en su memoria en el barrio donde vivió en Barcelona, calle de la Cera. Es al mismo tiempo un homenaje a la rumba catalana. El Ayuntamiento de la Ciudad Condal ha exhibido semanas atrás unas maquetas de ese monumento a la vez que anunciaba la instalación de dos esculturas e inauguraba un mural en el número 57 de la mencionada calle, representativo de la rumba catalana. Unas planchas de acero de doce metros de alto y un metro y medio de ancho. Cien mil euros es el coste total de la obra.

Peret comenzó primero, antes de cantar, a ganarse la vida tocando la guitarra. Tenía doce años cuando con una chica de su edad actuaba anunciados como Hermanos Montenegro. Ese sobrenombre artístico fue inventado por quien los contrató, un empresario modesto llamado Federico de la Cruz. Contaba el artista cómo la mujer de éste, que le doblaba la edad, lo llevó a la cama. Era la primera vez que él descubría el sexo. "Fue una violación", rememoraba así su temprano debut como seductor. Cuando se enteró el tal Federico, por boca del propio Peret, a éste no le censuró nada pero a su esposa la mandó a hacer gárgaras, entre los imaginables "piropos" que puedan suponerse.

Aquel dúo musical se deshizo en 1950. Su atracción hacia las mujeres iba al compás del interés que las chicas mostraban por él. Las prostitutas que "hacían la carrera" por los alrededores de su barrio se lo disputaban. Sin cobrarle un duro. Y los clanes gitanos de su familia y amistades, particularmente las madres, le reconvenían para que se casara pronto.Lo hizo el 2 de octubre de 1957, con veintidós años. La novia, Santa, contaba quince. Fue una ceremonia por el rito calé. Años más tarde ya celebraron una boda por la Iglesia, cuando el cantante pudo hacer uso de sus verdaderos apellidos. Y es que, al nacer, el 24 de marzo de 1935 (en casi todas sus biografías figura erróneamente el día 26) su madre, Rosa, tuvo la ocurrencia de registrarlo con sus propios apellidos, Calaf Malla. ¿Por qué razón? Pensando que llegado el momento de que hiciera la "mili" ella podría argüir que su hijo lo tuvo siendo viuda. Mentía, aunque sí lo fue y en segundas nupcias tuvo por marido a Emilio, ambos padres de Peret. Y ya alcanzada la mayoría de edad, éste pudo alterar su identidad y ser Pedro Pubill Calaf. Pero con aquel truco materno, no hizo el servicio militar.

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En su juventud Peret lucía bigote. Y se llevaba de calle a las chicas, incluso ya de casado con Santa. Tuvo como amante a la hija de una adinerada familia importante barcelonesa. Alternaba las "llumiá" (putitas en lenguaje calé) con una merchera. También se iba al catre con María, propietaria de un bar, que era diez años mayor. No sé si sería verdad o no pero el padre de Peret se enteró de ese lío y le advirtió a Peret: "Oye, hijo mío, que me han dicho que un amigo tuyo ronda a la María la del bar, y si se entera el marido, que es teniente coronel, le pude pegar un tiro". No sabía que ese amigo era su hijo.

En los primeros años 60 Peret se instaló en Madrid. Lo contrató Pastora Imperio para su tablao "El Duende". Personajes como Orson Welles, Deborah Kerr, Luis Miguel Dominguín y muchos más frecuentaban la sala. Una noche llegaron Alain Delon y su entonces mujer, Nathalie. Concluida la actuación, Peret fue a saludarlos y acabó sentado junto a ellos. El actor le pasó una notita con su número de teléfono. Y Nathalie, sin saberlo, también le deslizó otra: con el mismo número, el de la habitación de su hotel. Y perplejo, Peret se hacía esta pregunta: "¿Qué querrían? ¿Qué les diera clases de guitarra?".

Cuando una sobrina de Peret, Celia Sánchez-Mústich, escribió un libro sobre el cantante, recogió de éste la siguiente respuesta a si alguna vez se negó a irse a la cama con una mujer: "Muchas veces. Porque la chica fuera virgen o la novia o mujer de un amigo".

Mediada la década de los 60 a Peret lo representaba Lauren Postigo, casado con la bailaora "La Camboria". Según Peret creyó percibir más de una ocasión que ella se arrimaba a él más de la cuenta. Lo que de haberse dejado querer, le hubiera supuesto, ¡quién sabe! un desagradable encontronazo con Lauren. Estando en una fiesta, una joven belleza consiguió llevarse a Peret fuera del local. Acabaron en la cama. Y antes de "pasar a mayores", al preguntarle Peret si tenía novio, ella le dijo incluso el nombre. Y resulta que era muy amigo del artista y éste saltó de la cama y regresó a la fiesta. Sin consumar la conquista. Defendiendo el honor del colega, por encima de todo.

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Conchita Bautista, la conocida cantante de coplas, llegó a enamorarse de Peret, "…y en cuanto empecé a tratarla nació entre nosotros una amistad muy grande, que en mi caso era incompatible con el sexo. Ella sí que me buscaba. Pero yo veía en ella a una hermana…".

Años más tarde, otra "eurovisiva" que se hizo muy conocida sí que consiguió de Peret "llevarlo al huerto". Pero ya entre las sábanas, a punto de consumar el acto, la joven cantante le dijo a su ídolo que soñaba con perder con él la virginidad. Y Peret, como si le hubieran puesto un cohete en el trasero, saltó de la cama, renunciando a aquel "presente". En sus últimos tiempos, separado de su mujer, coqueteaba con jovencitas, una de las cuáles llegó a convivir con él largo tiempo. Genio y figura siempre. Por lo contado, la vida amorosa de Peret merecería incontables páginas. Recordémoslo como un rumbero excepcional, un tipo sincero, respetuoso, simpático, divertido… y enamoradizo. Le preguntó Puchades, su biógrafo, que si las mujeres fueron siempre su debilidad. Y le respondió: "No, yo he sido una debilidad para las mujeres".

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