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Lydia Bosch triunfa como actriz pero no en el amor

Lydia Bosch es uno de los rostros más familiares de la televisión española, y acaba de cumplir 55 años. 

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Lydia Bosch | rtve.es

Narciso (Chicho) Ibáñez Serrador, en sus buenos tiempos de Un, dos, tres... tenía la buena costumbre de reunir a un grupo de periodistas cuando iba a empezar una temporada más de su programa-concurso, el más visto de todos cuantos de su estilo se emitieron en televisión. La cita se celebraba en algún conocido restaurante alrededor de un almuerzo, donde nos presentaba las novedades previstas, comenzando por las azafatas. Una de esas ocasiones tuve la suerte de estar cerca de una joven barcelonesa de veintiún años, que iba a debutar en el mentado espacio. Dijo llamarse Lydia Bosch. En realidad, como luego descubrimos, su identidad correspondía a Lydia Boquera de Buen Marcé. Chicho fue quien le cambió, artísticamente, el apellido, para que resultara más eufónico. La sonrisa de Lydia nos conquistó, a la par que su simpatía algo menguada por la timidez de quien llegaba a nuestra capital con el ansia de ser algún día una artista conocida. Un, dos, tres... era su programa favorito. Cuando le comentó a su padre que la habían seleccionado como azafata, el señor Boquera, administrador de una librería, puso el grito en el cielo. Pero su esposa, enfermera, medió en el asunto, convenciéndole de que su hija Lydia ya era mayor de edad y ¿por qué no?, tenía todo el derecho del mundo a buscarse la vida donde le apeteciera, siempre que no se extraviara en sus designios. Hasta entonce estudiaba Relaciones Públicas en la Universidad Central de Barcelona y había desfilado como maniquí algunas veces, posando asimismo para algunos "spots" de televisión.

Han transcurrido tres décadas y media de aquello. Lydia cumplió cincuenta y cinco años el pasado 26 de noviembre. Ya tiene una biografía artística notable, que inició como actriz siendo la deliciosa Alicia de Médico de familia, serie de larga permanencia para, dando un gran salto, situarnos en el presente cuando, ya madura en su profesión y todavía muy bella, destaca en otra serie de la misma cadena, La verdad, que se emite con amplia audiencia la noche de los miércoles en Telecinco. Pero ¿cómo ha sido su vida personal en todo ese tiempo, desde su llegada a Madrid y en la actualidad? Porque sus éxitos como actriz de cine y televisión y presentadora en este último medio son de sobra conocidos.

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Con Micky Molina | Archivo

Lydia Bosch es una mujer delicada, de gran sensibilidad, amable, a la que no le gusta que nadie se inmiscuya en su intimidad. Pero es un personaje público. Y ello nos lleva a sus primeros idilios. Cuando presentaba Sábado noche con Tony Cantó vivieron una temporada unidos, aunque esa relación se enfrió pronto. Más prolongada fue la que compartió con el estupendo actor vasco Iñaki Miramón, su compañero de reparto en la melancólica, excelente cinta de nuestro admirado José Luis Garci You´re the one. Y entre aquellas brumas asturianas del rodaje nació el gran amor de la pareja, fuera de las cámaras, lo que duró entre 1984 y 1986. Cuando se separaron lo hicieron amistosamente y ella siempre lo ha recordado como una excelente persona. Mas la felicidad intensa, la desbordada pasión, le llegó después, en 1991. Con uno de los hijos del cantaor malagueño Antonio Molina, Micky.

Micky Molina nunca ha renunciado a su perfil seductor con las mujeres. Se ha enamorado de algunas de las más importantes actrices con las que ha trabajado, ha ligado como pocos de sus colegas de generación. Y Lydia Bosch lo encandiló. Un romance que un año después de su primer encuentro posibilitó la llegada al mundo de una niña que para Lydia siempre ha sido una bendición del cielo por mucho que esa pareja fracasara. Se casaron tras una convivencia de tres años en 1994. Ya tenían a Andrea, nacida en 1992. Todo les parecía de color de rosa pero Micky, siempre que veía unas faldas atrayentes, no podía resistirse. Entre esposas, novias, amantes y "ligues" su biografía sentimental daría, si no para unas memorias como las de Giacomo Casanova, al menos lo suficientemente picantes.

Micky nunca ha querido contar sus experiencias amorosas. Por otra parte lo echamos de menos como actor estupendo que es. Muy independiente. De las piedras podía sacar dinero. No en vano en el tiempo que estuvo con Lydia vendió más de una exclusiva; sin ir más lejos, las del embarazo y nacimiento de Andrea. Por diez millones de pesetas, una "pasta". El caso es que en 1995 se dijeron adiós, dejando a la mamá francamente deprimida.

Repuesta de aquel fracaso, volvió al cine y la televisión. Sin que se conocieran otros hombres en su vida alcanzamos el año 2001, que es cuando Lydia se desposaba con un arquitecto llamado Alberto Martín Caballero. Hacían una estupenda pareja. Sus amigos contaban que en las fiestas caseras no dejaban de intercambiarse ósculos y carantoñas, como si todavía fueran novios. Tuvieron mellizos, Ana y Juan, hoy con quince años. Por cierto, habían contraído matrimonio civil y ambos, puede que aconsejados por algún familiar, convinieron celebrar otra ceremonia religiosa, tres años más tarde.

Esa boda tuvo lugar el viernes 24 de septiembre de 2004. La novia lucía un vestido blanco, de escote cuadrado, mangas ribeteadas en encaje y una pequeña cola. Llegaba Lydia del brazo de su padre y padrino, a quien tanto quiso: moriría de una intervención cardíaca, inesperadamente, no hace muchos años. La ceremonia contó con la presencia de los dos niños del matrimonio, que oficiaron de pajes, en tanto la hija mayor de ella, con doce años, ocupaba un lugar de honor, muy emocionada en la comitiva. Entre los invitados, destacaban algunos compañeros de la actriz catalana en Médico de familia.

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Lydia Bosch, en la actualidad | Gtres

Y cuando pasaba el tiempo y nada hacía presagiar que una tormenta llegara a sus vidas en un confortabilísimo y lujoso chalé de Pozuelo de Alarcón, surgió la ruptura total. Pero no de manera elegante y cordial. Nada de eso. De puertas adentro debieron cruzarse toda clase de reproches, por decirlo en plan fino. Porque ella lo demandó, acusándolo además de abusos con una menor. La juez del caso concluyó que esa acusación estaba fuera de lugar. Pero fueran las razones que ocasionaran sus disputas, acabaron por dejarse en 2009. El arquitecto dejó su casa, pudo seguir viendo a sus hijos como es lógico, y ella se quedó con el estupendo chalé, amén de obtener tras el divorcio los bienes gananciales que en justicia pudieran corresponderle. Una cantidad elevada y un patrimonio lo suficiente para vivir sin demasiados problemas. Desde luego, hasta que llegaron al acuerdo por vía judicial, pasó un largo tiempo, que aprovecharon las revistas del corazón por ir contándonos las cuitas, sobre todo de Lydia Bosch, que era el personaje popular que interesaba a los lectores.

Otra desilusión más. Y respuesta, otra vez al trabajo. En época ya cercana decidió retocarse su bello rostro, destacando con unos pómulos más sobresalientes. Lleva un tiempo más tranquila, sin los sobresaltos del pasado y los quebrantos emocionales por sus fracasos de pareja. No se le conoce ninguna ahora. Vive en su chalé de siempre con sus tres hijos y su madre. No parece albergar más sueños amorosos, aunque ese es asunto sobre el que nunca deben hacerse pronósticos. El caso es que está centrada en la familia y en su trabajo. Brillante siempre, la seguimos en La verdad todos los miércoles. En un papel complicado, dramático, que ella viene resolviéndolo con el aplomo que otorga el paso de los años

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