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Doris Day: cuatro bodas, un hijo y una vida de infierno

Doris Day fue uno de los hitos más luminosos de Hollywood. Su vida real, sin embargo, dista de ser así de alegre.

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Doris Day: cuatro bodas, un hijo y una vida de infierno
Doris Day | Cordon Press

El pasado 13 de mayo moría una de las más veteranas actrices norteamericanas, Doris Day, a la edad de noventa y seis años. Probablemente una de las estrellas más queridas en todo el mundo, con aquellas películas que la mostraban feliz, encantadora, en papeles de perfecta ama de casa, de mujer enamorada, sin sofisticación alguna, lo que le supuso ser aceptada en infinidad de países como un símbolo femenino que representaba los ideales de época de millones de mujeres. Comedias como Confidencias de medianoche, que le granjearon la simpatía general. Pero su vida poco o, mejor, digamos que casi nada tenía que ver con los personajes que hubo de interpretar en sus cuarenta películas. Eso puede ser lo habitual en tantas otras actrices. Pero en su caso, los productoras la contrataban precisamente porque Doris Day les resultaba comercial al encarnar papeles de mujer americana de clase media, lo que podía prolongarse en la mentalidad de otras latitudes. Si con su bonhomía, su agradable rostro, la sonrisa cómplice con los espectadores, la gracia incluso cuando se enfadaba y la armonía de su voz cuando cantaba la convirtieron poco menos que en un adorada novia de América, hasta siendo ya talludita, en casa, en su vida real, todo lo anterior era un espejismo. Sencillamente porque su existencia fue un infierno.

Dado que en semanas atrás la mayoría de los obituarios se han centrado en su condición de actriz y cantante, nos ocupamos hoy de esa parcela íntima, contándoles su amarga historia sentimental. Que ella ya reveló en sus memorias publicadas en Estados Unidos en 1975. que no he conseguido hallar en su edición española, si es que la hubo. Nacida en Cincinatti, Ohío el 3 de abril de 1922 en una familia de clase media, se llamaba realmemte Doris Mary Ann Kappelhoff. Un hogar en el que siendo niña pudo conocer de cerca la faena de su progenitor, que se había buscado como amante precisamente a una de las mejores amigas de su madre. Sensible siempre, sufrió otra decepción: tuvo que abandonar sus sueños de convertirse en una estrella del baile clásico, consecuencia de un accidente automovilístico. Y entonces optó por dedicarse a cantar. El primer hombre de su vida se llamaba Al Jorden, un discreto músico al que conoció en la banda de Barney Rapp, donde ella era la vocalista. Ella tenía diecinueve años al casarse. Se quedó embarazada y el chulo de su marido, pistola en mano, la conminó a que perdiera aquel ser que llevaba en sus entrañas, a lo que Doris se opuso. Nació su único hijo, Terry. La pareja se divorció y aquel desagradable tipo terminó suicidándose. El matrimonio había durado sólo un par de años, entre 1941 y 1943.

La segunda experiencia de la actriz la tuvo en 1946 con otro músico, George Weidler, que tocaba el saxofón. Éste no la maltraba, pero resultó ser un acomplejado y celoso varón que no soportaba el ascenso que Doris iba alcanzando como cantante, muy apasionada entonces por el jazz, en tiempos de las grandes orquestas. Y se dijeron adiós, aunque ese segundo marido lo hizo por carta, al no atreverse a decirle a ella en la cara que lo subestimaba. Lo que no era verdad. Y de aquel enfermizo terminó olvidándose cuando en 1948 fue reclamada para el cine, debutando en Romanza en alta mar. El agente que la descubrió para la pantalla, Al Levy, conforme fue tomando confianza con su representada llegó a abordarla en cierta ocasión de manera compulsiva, tratando de llevarla a la cama. Doris se resistió como pudo, con uñas y dientes y la violación no pudo consumarse. Pero dejó en ella otro recuerdo desagradable. Un activo representante artístico, Martin Melcher, apareció ante los ojos de Doris Day como el hombre que iba a convertirla en una estrella de la pantalla. Promesas y palabrería aparte, lo cierto es que durante el tiempo que estuvieron casados, a partir de 1951, la notoriedad como actriz de Doris subió como la espuma, y consecuentemente su cotización. En esa década de los 50 y buena parte de los 60 es cuando se fraguó su fama. Y en ella, seamos rigurosos, su tercer esposo tuvo mucho que ver, con sus contactos en los despachos de más importantes productores de Hollywood. Jugaba en casa, pero con una mujer llena de talento para todos esos papeles que la iban convirtiendo en la soñada mujer americana como la describíamos al principio. Por otra parte su vida conyugal parecía perfecta y Martin, desde un primer momento, nada más casarse, se prestó a adoptar legalmente al hijo de Doris. Terry llevaría a partir de entonces el apellido Melcher. Moriría con sesenta y dos años, dejando en la actriz otra vez una huella de dolor en su ya de por sí alterada vida.

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Doris Day y Martin Melcher | Cordon Press

Llevaba Doris Day casada diecisiete años con el tal Martin Melcher cuando éste falleció. Otro golpe duro para la actriz, marcada como se ve por una serie de capítulos tristes. Llegado el momento de poner en orden su patrimonio descubrió que su difunto marido la había estafado. Los bancos no se anduvieron con remilgos: sus cuentas estaban prácticamente a cero. Estaba arruinada. Furiosa, como puede comprenderse, cual si protagonizara una película dramática, denunció tanto al muerto como al socio de éste. Y la justicia le dio la razón, recuperando al menos veinte millones de dólares, pese a los muchos más que el vivo de Martin había dilapidado. Otra decepción en el dolorido corazón de Doris. No obstante probó suerte por cuarta vez y este último marido de la actriz, que nada tenía que ver con el mundo farandulero, Barry Comden, con quien casó en 1976, no le dio la dicha que buscaba. Y se divorciaron en 1981.

A punto de cumplir los setenta, Doris Day estaba más que harta de no encontrar la felicidad personal, que tantas veces fingió en sus películas. Y ya no quiso saber nada de nuevos amores. Para decepciones, había cubierto el cupo. Pero, ¿qué había pasado mientras tanto, durante esos cuatro fallidos matrimonios?. Les cuento algunas historias. Con Frank Sinatra tuvo una etapa en la que la prensa musical los destacaba como dos de los más interesantes cantantes de esa época. Y llegaron a protagonizar algunas películas y a grabar varios discos, como el dueto que hicieron para un musical de Irving Berlin, "Miss Liberty". El rodaje de ese filme estuvo lleno de complicaciones, porque Frankie protestaba ante el director, trataba de cambiar escenas, amén de que le fastidiaba levantarse temprano para ir al estudio, llegaba tarde, en tanto Doris era puntual y madrugadora. A punto estuvieron de pelearse, mas ocurrió un pequeño incidente: en un momento en el que ella estaba llorando, no se sabe si por exigencias de la escena o enfadada por el trato que le dispensaba Sinatra, recibió un golpe en la cara, que le produjo el lanzamiento de una caja de "kleenex". Frank tomó cartas en el asunto, enfrentándose al responsable de aquella acción y defendiendo a Doris. Y desde entonces se cimentó entre ellos una mutua admiración. En 1954 volvieron a encontrarse en la comedia Siempre tú y yo, cantando al alimón. Doris Day, de manera inesperada, fue la sustituta de Marilyn Monroe. La voluptuosa estrella se suicidó en 1962 cuando llevaba un mes rodando la película Something To Give. La productora, Twentieth Century Fox resolvió empezar de nuevo aquella cinta, protagonizada por Doris Day, ya en 1963, con un nuevo título, Apártate, cariño. En otra ocasión, año 1967, Doris devolvió el guión de El graduado, porque le pareció indecente que le propusieran interpretar el papel de la señora Robinson, la que se llevaba al catre al jovencito amigo de su hija. Aquel papel rechazado por Doris lo hizo como es harto sabido la estupenda Anne Bancroft, que con toda justicia se alzó con el Óscar a la mejor actriz.

Doris Day, tras la muerte de su tercer marido, aquel que la desvalijó dejándola poco menos que en la calle, tuvo otra sorpresa nada más enterrar a Martin Melcher. Resulta que sin consultarle nada a ella había firmado un contrato para que protagonizara una serie de televisión. Doris, a esas alturas de su vida, año 1968, pensaba retirarse. Pero no tuvo más remedio que cumplir ese último contrato de su difunto: The Doris Day Show. Se emitió con éxito hasta 1973, cuya cabecera tenía como fondo musical el estribillo de su conocida canción "Qué será, será", que había estrenado en 1956 cuando coprotagonizó junto a James Stewart El hombre que sabía demasiado. Al acabar la serie televisiva, en adelante la estrella sólo participó en ocasionales apariciones en el cine y la pequeña pantalla. En cuanto a los discos, el último que grabó esta fechado en 2011, titulado "My heart". Su nombre también seguirá mucho tiempo en los corazones de quienes la admiramos siempre.

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