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Ornella Muti, de sex-symbol a abuela erótica

Ornella Muti cumple 65 años. Ella misma se define con humor como "abuela erótica".

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Ornella Muti cumple 65 años. Ella misma se define con humor como "abuela erótica".
Ornella Muti | Archivo

¿Qué fue de Ornella Muti, aquella hermosa muchacha de ojos verdes, que conocimos cuando vino al Festival de San Sebastián en 1969 para presentar su primera película? De momento, hemos de felicitarla porque este lunes, 9 de febrero, cumple sesenta y cinco años. Ahora está prácticamente retirada del cine y sólo la contratan para alguna campaña publicitaria, la última anunciando la marca de jabones "Lux", que antes que ella promocionaron muchas estrellas de la pantalla. Esta romana de espléndida anatomía era hija de un periodista napolitano y una escultora de Estonia. Su nombre real: Francesca Romana Rivelli.

De cómo llegó al cine fue así. Cuando contaba diez años falleció su progenitor y la familia se quedó prácticamente casi en la calle. A Francesca no se le ocurrió otra cosa que acudir a una escuela de arte donde se ganó unos miles de liras como modelo de pintores. Era menor de edad y también posó con poca ropa para una revista. El asunto pudo llevarla a un correccional de menores, pero el juez que entendió el caso miró para otro lado, considerando que el dinero que ganaba la "ragazza" era para sacar a los suyos de la miseria. Las imágenes de aquella publicación no pasaron inadvertidas para unos productores de cine, que la contrataron, contando sólo quince años. La película fue La moglie piu bella. Su director, el afamado Damiano Damiani le sugirió que se cambiara de nombre. "¿Qué tal si te llamaras Ornella Muti, en homenaje a la gran diva teatral del pasado?" Y la joven, asintió. Lo curioso de este debut fue que Francesca había acudido a un "casting" junto a su hermana Claudia, tan guapa o más que ella, la que en verdad quería ser actriz, y no aquella. Pero Damiani se inclinó por nuestra protagonista de hoy. En aquella su primera experiencia ante las cámaras se enamoró del galán, Alessio Orano, con quien inició una feliz convivencia.

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Ornella Muti en 2015 | Archivo

En un viaje que hizo a Madrid, Ornella tuvo amores con un productor de cine y se quedó embarazada. Durante mucho tiempo eludió dar a la publicidad el nombre del padre de la niña, llamada Naike. Aparentemente era Alessio Orano. Cuando se descubrió que nada tenía que ver con la paternidad, la prensa italiana se hizo eco del supuesto engaño, porque ya Ornella Muti se había convertido en la más joven "sex symbol" del cine europeo: una nueva Lolita de impresionante mirada y no menos atractivo busto y trasero. Comentaba: "Soy tímida, pero no me importa exhibir mi cuerpo, sin plantearme eso que dicen sobre mi sensualidad". Al final de aquel novelesco y enigmático episodio sobre la identidad del padre de su bebé pudo aclararse: era el español José Luis Bermúdez de Castro, a quien conocimos; estaba casado y lo de Ornella fue para él una simple aunque agradable aventura. Alessio Orano estaba muy colado por su compañera, se casaron en 1975, divorciándose en 1981.

La carrera de Ornella Muti siguió viento en popa. Volví a encontrármela, esta vez en un vis a vis periodístico en el madrileño hotel Villamagna. Transcurría 1980, llevaba veintiocho películas en su haber, buen número de ellas con argumentos eróticos, que la obligaban, claro está, a mostrarse desnuda en todo su esplendor venusiano. Ya se había enrollado con el cantante Adriano Celentano, con quien protagonizó El solterón romano. Y en esta mi segunda entrevista con ella hablamos sobre el filme que venía a promover en España, la versión cinematográfica del conocido "comic" Flash Gordon, que no fue bien recibida por la crítica. También salió en la conversación un rodaje anterior a las órdenes del disparatado Marco Ferreri, que en La última mujer contó la historia de un maníaco sexual, cuya desenfrenada actividad amatoria llevó a su compañera a cortarle de un tajo su órgano masculino. Gérard Depardieu y Ornella Muti simularon practicar el sexo ante las cámaras con la mayor de sus pasiones.

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Ornella Muti en 2018 | Cordon Press

Quiso Ornella Muti, según me confesó, conquistar el cine americano, mas no lo consiguió pese a sus posteriores intentos. Y entre tanto ella rodó algunas películas en España, porque el productor madrileño Pedro Masó estaba encandilado con ella: así, Experiencia matrimonial, y en Barcelona, El amante bilingüe, con un Imanol Arias, émulo de la princesa de Éboli con un ojo tapado, con parche "a lo pirata". Lo de Alessio Orano acabó como el rosario de la Aurora: mal, por supuesto. Y en 1988 se volvió a casar, con un productor de cine llamado Federico Fachinetti, con quien tuvo dos niñas, Carolina y Andrea. Pero este segundo marido de Ornella la engañó, no sólo con otras mujeres, sino que a punto estuvo de arruinarla también, firmando cheque tras cheque para pagar sus deudas de juego. En 1996 se dijeron adiós, con el patrimonio de la actriz seriamente dañado. Dos años después conoció a un cirujano plástico, Stéfano Piccolo, cuya convivencia duraría hasta 2008. En esos años, el nombre de Ornella Muti ya cotizaba menos en las pantallas italianas. Aún así, su "sexy" aún provocaba en los varones amagos de infarto. No en vano, la revista Class la eligió, acaso hiperbólicamente, como "la mujer más guapa del mundo". Venía a recordarnos el título de su primera película.

Ya con el nuevo siglo, Ornella Muti interesaba poco a los productores. Aguantó el tipo como pudo para despedirse, si no oficialmente, en 2012 gracias a Woody Allen, que la rescató para su filme A Roma con amor, donde coincidió con Alec Baldwin, Roberto Benigni y Penélope Cruz. Desde entonces no ha vuelto a colocarse ante las cámaras. Respecto a su vida sentimental, encontró en los últimos tiempos a un empresario, Fabrice Kerhervé, con el que ha compartido su existencia. Ya con nietos, bromea diciendo: "Fuí un "sex-symbol" y ahora soy una abuela erótica". De mi última entrevista con ella, recuerdo que me dijo al despedirnos: "Vivo al día, soy muy alegre. ¿Cómo podría quejarme? Sería pecado...". Ornella Muti sí que era pecado, casi con sólo mirarla.

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