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La licenciosa vida de Felipe de Edimburgo, ahora enamorado a sus 99 años

Felipe de Edimburgo cumple 99 años confinado con Isabel II.

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Felipe de Edimburgo cumple 99 años confinado con Isabel II.
Felipe e Isabel en 1947 | Gtres

Este miércoles, 10 de junio, Felipe de Edimburgo alcanza la venerable edad de noventa y nueve años, acontecimiento que celebrará discretamente, sin ninguna fiesta especial, en compañía de la Reina Isabel II, ambos confinados (si así puede decirse) en el castillo de Windsor, donde a menudo, en múltiples ocasiones, se han retirado para descansar. De ahí que las consecuencias de la pandemia no le afecten como a la mayoría de los humanos. Lo único es que no reciben prácticamente a nadie y tienen cuidado de que los servidores a su cargo mantengan las distancias oportunas.

Al margen de que la cocina palaciega atienda algún plato preferido del consorte de la soberana, no se prevé nada especial. Así lo aseguran los periódicos británicos, entre ellos The Daily Mail, que a través de un portavoz público que Felipe de Edimburgo no es muy dado a algarabías. En todo caso, lo único que hará es atender las felicitaciones telefónicas, vía "skipe", que se supone le llegarán. Desde Escocia, por parte del heredero, príncipe Carlos; los duques de Cambridge, sus nietos, residentes en Norfolk, y los duques de Sussex que es harto sabido optaron hace meses por establecerse en Los Ángeles tras renunciar tanto a sus deberes como honores en la Corte inglesa. Y ahí acabará todo para Felipe de Edimburgo respecto a su aniversario, a un año de convertirse en centenario. La Familia Real tiene fama de ser longeva, como fue el caso de la Reina Madre, que murió a los ciento un años. Su hija, la actual Reina Isabel II, festejó en privado su noventa y cuatro cumpleaños el último 21 de abril.

Felipe de Edimburgo decidió hace tres años renunciar a su presencia pública. Desde entonces ha preferido que su vida transcurra lo más plácidamente posible, bien en un palacete de estilo campestre, Wood Farm, situado en la localidad de Sandringham, o en el castillo escocés de Balmoral, que es donde todos los veranos, menos posiblemente éste por el coronavirus, él y la reina disfrutan del estío.

En cualquier caso, dada su inactividad como príncipe consorte, él apura el tiempo con sus aficiones, entre las que se cuentan la lectura y la pintura, y visitar la cuadra regia de caballos, pues la equitación fue siempre, como para la soberana, su deporte preferido. Atrás quedan sus correrías fuera del palacio de Buckingham: siempre fue "muy faldero", admirador de la belleza femenina, y si es sabido en la Corte y fuera de ella que le era infiel a Isabel II, no es menos cierto que procuró ser lo más discreto posible en esas licenciosas aventuras y que a menudo dijo estar enamorado de su esposa. Con su magnífico porte, alto, delgado, de gran elegancia y exquisito trato.

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Felipe de Edimburgo | Archivo

Los esponsales de la entonces princesa Isabel y el teniente de navío Felipe Mounbatten, hijo del príncipe Andrés de Grecia y la princesa Alicia de Battenberg (quienes se separaron siendo él un niño) que se conocían desde la adolescencia, se celebró en la abadía de Westminster, en noviembre de 1947. Tuvieron cuatro hijos: Carlos, príncipe de Gales, en 1948. Andrés, en 1960. Ana, en 1961, y Eduardo, en 1964. Los fracasos sentimentales de todos ellos, y el más reciente escándalo del penúltimo de los citados por su amistad con un multimillonario pederasta y suicida, junto a la decisión de los duques de Sussex de establecerse en los Estados Unidos, si bien han sido causa de dolores de cabeza y preocupación para la reina y su esposo, no han logrado desestabilizar a la Corona; ni siquiera Isabel II pensó nunca abdicar en favor de su primogénito. Que lo haga próximamente dada su provecta edad, es una incógnita. Pero los ingleses en general apuestan porque su soberana no dejará su cetro hasta que le llegue la última hora.

El papel de consorte que ostenta Felipe de Edimburgo no siempre le ha sido grato. Bien sabía que su esposa, Isabel, estaba designada como heredera de su padre, el rey Jorge VI. Pero una cosa es casarse en plena juventud, muy enamorado y otra, pasado el tiempo, adaptarse a las rígidas normas del protocolo palaciego. Y una manera de aliviar esas preocupaciones fue la de buscarse varias amantes. Una de ellas fue, en la década de los 60, la duquesa de Abercom, un cuarto de siglo más joven que el príncipe. Amistad íntima que, por lo visto, mantuvieron alrededor de veinte años. Hubo más, la lista sería larga. Antes o después que el mencionado romance se le vinculó con la actriz Zsa Zsa Gabor, la que en la historia del cine bate récords de matrimonios, una decena; otra farandulera entre los brazos de Felipe fue Pat Kirkwood. Sonado resultó el idilio que mantuvo con Susan Barrantes, madre de Sarah Ferguson. Se cuenta que de todas ellas, Penny Brabourne gozó de los mayores favores del consorte de la reina. En definitiva el Duque de Edimburgo fue pródigo en sus conquistas. De las que la Reina era puntualmente informada por algún servidor. Y se callaba. Hasta el día que optaron por dormir en camas y dormitorios separados. Por supuesto, en público, nadie dudaba del cariño que tenían. Y del respeto. Felipe se arrodilló ante su esposa, la Reina, tantas ocasiones como el protocolo le exigía. La lealtad de un consorte que no se sentía por ello humillado ni por tantas otras obligaciones. Podría decirse que, cuernos aparte, Felipe de Edimburgo ha cumplido perfectamente su papel en la Corte británica durante sus noventa y nueve largos años.

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