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Cuando al nacer Julio José Iglesias casi lo inscribieron como niña

Julio José Iglesias se divorcia. En su nacimiento, un error burocrático a punto estuvo de complicarle la vida.

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Julio José Iglesias se divorcia. En su nacimiento, un error burocrático a punto estuvo de complicarle la vida.
Julio José Iglesias y unas amigas | Gtres

Desempolvo de mi memoria una nimia anécdota que ahora tiene su gracia cuando se ha difundido la noticia del divorcio de Julio José Iglesias Preysler. Sucedió nada más nacer el 25 de febrero de hace cuarenta y ocho años. Hacía pocas horas de su llegada al mundo cuando su padre me citó a las puertas de la madrileña clínica de la Maternidad, en la calle de O´Donnell. En el parto, la mamá fue asistida por su suegro, el doctor Iglesias Puga. Nada más acceder a ese establecimiento y tras felicitar a Julio Iglesias lo sorprendí con el libro de familia entre sus manos, en tanto formalizaba un pliego con el que posteriormente se inscribiría al bebé en el Registro Civil. La señorita que iba recogiendo los datos de los padres de la criatura, cometió distraídamente un error que puso inmediatamente sobre aviso al cantante. Resulta que en el apartado "sexo" aquella funcionaria estuvo a punto de anotar que Julio José ¡era una niña! Dio un salto el padre, protestando simpáticamente: "¡Eh, que es un niño!" Esos torpes errores burocráticos, de no advertirse a tiempo, suelen en el futuro crear problemas.

El parto se había adelantado un par de semanas. Y Julio Iglesias, que se encontraba de gira en México, viajó con urgencia a Madrid, para que no le ocurriera lo que sucedió con su primogénita, Chabeli que nació en Cascais (Portugal) y él no estuvo presente. Con el segundo de su prole, enmendó aquella ausencia, presenciando el nacimiento de su primer varón. El autor de "La vida sigue igual" ("Unos que nacen y otros morirán...") me invitó a acompañarlo: una visita a su peluquero. Visto lo cual tomé asiento al lado del suyo y en tanto el fígaro lo iba acicalando, me permití solicitar los oficios de un ayudante, y entre cortes de pelo de uno y otro fui entrevistándolo para aprovechar el tiempo. Aquel maestro de la tijera capilar le comentó a Julio que se estaba quedando calvo. Desde entonces, alarmado por su temprana alopecia, se sometió a constantes tratamientos para no quedarse como Yul Brynner.

Fuimos después a su casa; era vecino de José María Iñigo. Conocimos a Julio José, un pequeñín con abundante pelambrera. Dos meses después, Julio e Isabel me invitaron al bautizo del chico. Fui el único informador, junto a mi compañero gráfico. Este dato lo aporto no como vanidad, sino para reflejar que entonces, año 1973, Julio Iglesias no era aún el ídolo que ya empezó a ser unos años más tarde, a la vez que Isabel Preysler no era la imprescindible reina del corazón para la revista ¡Hola!. Cuando el tercero de los hijos de la pareja, Enrique, fue bautizado sí que hubo una fiesta en la sala Florida Park, del Retiro madrileño, con asistencia de doscientos comensales, entre periodistas y amigos. La tarde del bautizo de Julio José era lluviosa, desapacible. El padrino iba a ser Jacobo Zabludowski, el más popular de los presentadores de la televisión mexicana, que tanto había ayudado al cantante para convertirlo en ídolo de los aztecas. Pero no pudo desplazarse a Madrid. El sacerdote que iba a oficiar la ceremonia, harto de esperar al padrino y al propio Julio Iglesias, dio instrucciones para que no se demorara y fue entonces cuando el abuelo de la criatura, el doctor Iglesias, aceptó ser el padrino. No hubo después copetín alguno.

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Julio Iglesias y sus hijos Enrique y Julio José | Gtres

Pasaron los años. Julio José contaba cinco cuando sus progenitores se divorciaron. A partir de 1982, cuando ocurrió el secuestro y posterior liberación del doctor Iglesias Puga, Julio e Isabel Preysler acordaron que los tres niños se criaran y educaran en Miami, al cuidado sobre todo de "la seño", la muy aplicada Elvira Olivares. Julio José mostró siempre su afición por los deportes, fútbol, surf y tenis en particular. Con quince años vivió su primer amor, con Beatriz Fernández Coso. En 1996 la joven que le había encandilado se llamaba Cristina y era hija de madre española y padre americano.

No había decidido aún a qué dedicarse cuando avanzaba la década de los 90. Muy decidido, simpático a más no poder, con su flequillo bailándole sobre la frente y su ancha sonrisa, se estrenó como modelo de pasarelas con la firma de Versace. Y de pronto le entró el gusanillo de cantar en 1999. Hizo una gira con Cher por América del Norte. Tenía que grabar discos y a día de hoy, son cuatro los álbumes registrados, el último con fecha de 2012. Poco a poco Julio José se fue labrando una personalidad entre los jóvenes cantantes hispanos con sede en Miami, desde donde quiso repetir la hazaña de su padre y luego la de Enrique, su hermano. Sin embargo, la proyección musical de Julio José no superó sus sueños. Ni sus canciones, ni su voz, ni su estilo llegaban al corazón de los millones de admiradoras de su progenitor y Enrique. De ahí que, aun gozando de cierta notoriedad, en gran parte por su enorme simpatía y buen humor, tuviera que aceptar trabajos como actor de telenovelas. De vez en cuando, con actuaciones también en directo, se dio el gusto de aparecer, por ejemplo, en el "Talk show" de Oprah Winfrey. Incluso Julio Iglesias quiso darle un empujón al aceptar compartir una gira con él el año 2016.

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Con su futura ex, Charisse | Archivo

No le faltaban a Julio José amores de quita y pon, hasta que en 2004 se quedó prendado en un restaurante de Miami de una bella modelo belga, Charisse Verhaert, diez años más joven. Intimaron pronto. Compartieron su vida hasta que el 3 de noviembre de 2012 se dieron el "sí, quiero" en una ceremonia religiosa celebrada en la Finca "El Rincón", propiedad de Carlos Falcó, que ofició el omnipresente padre Ángel. Tamara fue quien organizó el evento nupcial, en presencia de Julio Iglesias e Isabel Preysler. Quienes no asistieron fueron Miranda y sus cinco retoños. Medio centenar de invitados completaron la lista de asistentes.

Los recién casados quedaron instalados en Bay Point, en Miami, cerca de Enrique, con quien siempre se han llevado de maravilla. Sabido es que los dos hermanos tienen un carácter completamente opuesto, lo que se adivina ya simplemente viéndolos. Enrique, serio, cariacontecido, tímido, introvertido, en cambio Julio José es totalmente lo contrario. A Enrique le han ido muy bien las cosas desde que inició su imparable carrera musical: es millonario. Julio José no ha tenido igual fortuna. Hay quiénes aseguran que en ciertas temporadas, sin contratos, hubo de recurrir a su padre. Por cierto, en los últimos tiempos optó por registrar oficialmente su nombre de Julio Iglesias junior, por admiración hacia la figura paterna y de paso por si así podría tener más ventajas en su guadianesca carrera de cantante.

En cualquier caso, como bienes, se le conoce una empresa de bebidas energéticas, es editor de la revista bimensual Miami Shoot Magacine, junto a dos socios y si ha tenido falta de "cash" lo ha resuelto a través de su representante, que le conseguía en España participaciones en programas de televisión, como El show de Flo, Mira quien baila, Tu cara me suena… Todo para ir tirando, pues no nada en dólares precisamente. Quizás esa situación económica sea la clave de su disparidad con Charisse, su mujer, de la que se sabe es aficionada a gastar más de lo que tiene la pareja, disparando sus ahorros en sesiones de belleza, adquisición de vestuario, operaciones de cosmética facial, joyas, sesiones de gimnasio y hasta atenciones del veterinario al perro que tanto quieren ambos; en general elevadas sumas que mensualmente gravan demasiado cuanto Julio José ha venido ahorrando. Porque ella no trabaja, no aporta dinero alguno a los gastos caseros siquiera. Precisamente en la demanda de divorcio, los abogados de Charisse señalan como principal causa de la ruptura matrimonial el hecho indudable de que Charisse Verhaert abandonó su profesión de modelo para dedicarse al hogar y al supuesto cuidado de su marido. Hijos no han tenido, ventaja para ambos en este caso, aunque ya es sabido que los juicios de divorcio en los Estados Unidos son prolongados y acarrean no pocos problemas a los encausados, sobre todo a los maridos. Siempre el dinero, el maldito "parné", como cantaba Lola Flores.

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