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La secreta vida sexual de Enrique del Pozo (la que cuenta y la que no)

Enrique del Pozo vuelve a la televisión. Su biografía es de lo más interesante, empezando porque asegura que tiene un hijo.

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Enrique del Pozo vuelve a la televisión. Su biografía es de lo más interesante, empezando porque asegura que tiene un hijo.
Enrique del Pozo. | Telecinco

Quienes al final de la década de los 70 eran niños recordarán sin duda a la pareja Enrique y Ana interpretando canciones para la gente menuda. Aquel dúo mantuvo su éxito durante cinco años, a partir de 1977. Ana abandonó el mundo artístico pero Enrique del Pozo prosiguió su carrera de actor-cantante. Los últimos años los ha vivido en Italia pero ahora se ha incorporado como colaborador del programa de fin de semana en Telecinco Viva la vida. Su biografía tiene episodios de relaciones sexuales muy activas, derivadas posiblemente de los acosos que sufrió de niño.

Enrique del Pozo Parrado tiene en la actualidad sesenta y cuatro años. De la imagen de aquel guapo barbilampiño de hace medio siglo nos queda un físico atractivo que traiciona el carné de identidad del personaje: representa menos edad que la que realmente tiene. Se ha dejado crecer una poblada barba blanquecina y un bigote a juego, que le da un aire patriarcal. Siempre fue un chico simpático, muy hablador, educado, lleno siempre de fantasías y sueños artísticos.

Había empezado muy joven su carrera como actor, protagonizando la obra de Rabindranath Tagore El cartero del Rey, a los trece años. Con dieciséis, gozando de una beca, se fue a Londres, donde consiguió que Ken Russell le diera un papelito en su película Mahler. Por lo visto allí descubrió la pasión de una mujer que no sólo lo llevó a la cama, sino que fue una guía cultural descubriéndole amistades importantes como Stanley Kubrick y Francis Bacon, aconsejándole lecturas provechosas de escritores que él desconocía. A los dieciocho, de vuelta a Madrid, su ciudad natal, intervino en La cocina, de Arnold Wesker y en uno de los sucesos teatrales de aquella temporada, la de 1975, Equus, obra dramática de Peter Shaffer en la que José Luís López Vázquez simulaba ser un caballo.

Enrique del Pozo frecuentaba el chalé de los Bosé. Miguel era uno de sus amigos íntimos, quien lo animó a que se dedicara a cantar. En ese viaje musical tuvo a un avispado ejecutivo de la firma Hispavox, que lo introdujo en la industria discográfica. Con la ayuda del coreógrafo italiano Gino Landi y un importante lanzamiento en televisión, que entonces ascendió a setenta y cinco millones de pesetas, el presupuesto publicitario de un año para aquella empresa, nació el dúo infantil Enrique y Ana. Si bien en principio el contratado sólo era él se pensó que para el número titulado "La gallina co-co-uá" era muy comercial que lo acompañara una niña. Y tras unas pruebas resultó elegida la pequeña de ocho años, Ana Enguita, hija de una actriz británica. Se llevaban doce años de diferencia. Enrique, veinteañero, siempre parecía más jovencito. La prueba es que la pareja conquistó a millones de pequeños con sus canciones. El primero de sus álbumes era "Muy pronto hay que triunfar". Vendieron más de medio millón de ejemplares. La presencia de Enrique y Ana en Televisión Española era constante. Actuaron bajo la carpa del circo Mundial. Su popularidad llegó hasta países de habla hispana. Y protagonizaron, a las órdenes de Tito Fernández la película Las aventuras de Enrique y Ana. En 1983 aquella unión artística acabó. Nunca se contaron las razones de ese final. Posiblemente, la gallina de los huevos de oro de sus discos ya se había agotado, y las voces de ambos no resultaban tan infantiles y atractivas para los peques. El caso es que Ana ingresó en la Universidad, estudió Ingeniería Informática, se casó con un compañero de Facultad, fue madre, se divorció y acabó trabajando en una empresa de telecomunicaciones.

Por el contrario, Enrique del Pozo, ya anunciado con su primer apellido, continuó cantando, aunque no tuvo, ni de lejos, los mismos resultados que con el dúo infantil. Dieciséis álbumes ha registrado hasta la fecha. Ha vivido mucho tiempo en Italia. Pero en España se paseó por los platós de varios programas televisivos de gran ausencia: Crónicas marcianas, La sonrisa del pelícano, Esta noche cruzamos el Mississippi, La noche prohibida, espacio de sexo compartido con Ivonne Reyes… Ahora está, como decíamos al principio, de tertuliano en Viva la vida. Pero lo que le sigue gustando más es el cine: ha dirigido algunos documentales, como el titulado El muro rosa. Conoce muy bien los problemas e inquietudes de la comunidad gay. Él mismo lo es, aunque asegura ser bisexual. Declara estar muy enamorado de un musculoso español de veintidós años, al que no identifica.

Enrique del Pozo nunca se llevó bien con su padre. Y siempre recordará a su madre, que se separó del marido, ya fallecida, dama de gran belleza que yo conocí, con quien se sentía muy unido. ¿Enmadrado? Es posible. El caso es que a los once años, en un internado católico, cierto sacerdote quiso abusar de él, instándole a que lo masturbara. La presión de aquel cura le creó a Enrique muy serios problemas de personalidad. Cuenta que quería acostarse con él bajo la amenaza de rebajarle la puntuación en sus notas escolares, incluyendo la posibilidad de que no le concedieran la beca que esperaba para marcharse a Londres. En la capital inglesa, Enrique vivió intensas relaciones homosexuales, amén de aquella ya referida con una distinguida mujer. Lo que no refiere el artista es el nombre y los detalles de quién fue la madre de ese hijo que asegura tener.

Ha dicho que le preocupa ahora no llegar a la vejez sin tener el suficiente dinero para sobrevivir. Proyectos no le faltan. Manifiesta que quiere grabar un disco en Italia, "La bambola" (imagino que una versión de aquel éxito pop de los 70) y tomar parte en el rodaje de La odisea de Ulises, al lado nada menos que de Claudia Cardinale y Jeremy Irons. Parte de su ocio lo dedica a coleccionar fotos de ídolos del celuloide, autógrafos de grandes personajes, sobre todo de la pantalla y objetos de ellos, que ya ha expuesto en alguna ocasión. Hace cuatro años montó un negocio de venta de juguetes sexuales sobre todo para gays. La palabra maricón le trae a la memoria cuando alguien lo insultó con tal vocablo durante una grabación de Canal Sur. Puso la demanda correspondiente y siete años más tarde la sentencia creó jurisprudencia considerándose que llamar a alguien así, o su versión femenina, se castiga por ley. Enrique sabe lo que es ese mundo, ha sufrido mucho hasta que "salió del armario". Entre sus novios, tuvo a un futbolista de élite, aunque guarda para sí su nombre. Es prudente pero en Viva la vida quiere tomar parte en todo ese embrollo de los descendientes de Rocío Jurado. No ha olvidado cómo años atrás Antonio David Flores le insultó. Llegaron a las manos ante la audiencia de Crónicas marcianas. Y ahora que el nombre del ex de Rociíto está en el candelero, Enrique del Pozo quiere tomarse su venganza.

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