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Penélope Cruz: de sus inicios en pelota picada a la vida a todo tren en Hollywood

Penélope Cruz ha ganado en el Festival de Venecia. Es un nuevo éxito en una carrera internacional que no para de crecer.

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Penélope Cruz ha ganado en el Festival de Venecia. Es un nuevo éxito en una carrera internacional que no para de crecer.
Penélope Cruz y Javier Bardem. | Contacto Photo

Penélope Cruz ha conquistado la copa Volpi en el reciente Festival de Cine de Venecia, galardón que por vez primera logra una española. Del mismo modo que su marido, Javier Bardem, también lo consiguió. La estancia del matrimonio en la ciudad de los canales les ha deparado una comprensible alegría, después de que semanas antes compartieron el dolor por el fallecimiento de Pilar Bardem, madre de Javier. Penélope estuvo muy cerca de ella en sus últimos momentos recogiendo entrecortadas frases de cariño y una premonición: le auguró que iba a obtener la copa Volpi, como así ha sucedido. Ello ocurre cuando la actriz madrileña cuenta cuarenta y siete años. Era una quinceañera que treinta años atrás quería ser actriz, o cantante, o modelo, como esas revistas que leía en la peluquería de su madre, en Alcobendas.

Iba al cine cuanto podía. Las primeras películas de Almodóvar le quitaban el sueño. ¿Por qué no ser algún día una de esas mujeres que el director manchego reclutaba para sus historias de la pantalla? ¡Átame!, la deslumbró. ¿Podría acercarse a él y pedirle una oportunidad? De momento se conformaba con presentarse a cuantas pruebas de noveles podía; se apuntó a una agencia llamada "Olé".Fue a una de ellas, encontrándose con que habían acudido doscientas aspirantes. Tenía acelerado el corazón cuando salió elegida: para intervenir en un vídeo, La fuerza del destino, que había compuesto Nacho Cano, uno del terceto Mecano. Corría el año 1988, ella tenía catorce años y sus ilusiones no estaban precisamente como ayudante de su madre, la peluquera. Comprendía ésta a Penélope y aceptó que a los dieciseis, una adolescente como era ella, sin experiencia en la vida, se marchara de casa con su primer novio.

Ganó un concurso de belleza convocado por la revista "Ragazza". Apareció en la portada de otra, "Dunia". Y se enrolló en un grupo, "La Quinta Marcha", que armó un poco ruído entre las novedades musicales de finales de los 80 y principio de los 90. Dsde luego cantar no era lo suyo, aunque Fernando Trueba le propuso interpretar una copla en su película, "La niña de tus ojos".

Entre 1991 y 1998 Penélope Cruz y Nacho Cano fueron pareja. Él ya estaba acostumbrado a salir en las revistas, pero ella, no. Poco a poco fue haciéndose a la idea de lo que era la popularidad, ser perseguida por los fotógrafos, atender sus primeras entrevistas. Penélope causaba ya sensación por su fotogenia. Y por su ambición. Estaba dispuesta a comerse el mundo. Claro que se llevó un chasco cuando a los veintiún años le surgió una imprevista oferta para someterse a unas pruebas en Hollywood. Tenía una importante agente en Madrid que controlaba a sus actores y disponía de contactos con productoras cinematográficas extranjeras. Hizo un pequeño equipaje, llegó a Los Ángeles, pasó aquella sesión de fotografías y otras pruebas y de pronto se quedó muda. Penélope escuchó algunos detalles de lo que iba a constituir su papel en aquella película que se preparaba: "Tienes que salir desnuda en algunas escenas… No te asustes… El cine funciona así y una principiante como tú debería acostumbrarse a esos requerimientos..." Le sobraron argumentos. Y tiempo. Miró su reloj. Aún podría tal vez encontrar billete para viajar de regreso a Madrid: "Gracias por haber pensado en mí, pero no, yo no me desnudo por nada del mundo".

Conforme iba creciendo y ganando experiencia junto a Nacho Cano, con el que compartía cama y mantel en Madrid y Londres, Penélope se iría dando cuenta de aquella negativa a quitarse la ropa en Hollywood. Porque en 1992 se estrenó Jamón, jamón donde mostró su cuerpo serrano, nunca mejor dicho. La convenció el director Bigas Luna, con sus a veces delirantes propuestas. Y allí, el destino, no el del vídeo de Nacho Cano, le tenía preparado un mano a mano, que dicen los taurinos, junto al que iba a ser el hombre de su vida, sólo que unos años más adelante: Javier Bardem. Se le adjudicaba esta frase cuando la tuvo delante: "¡Me gustas más que un pata negra!". Jordi Mollá rivalizaba allí con Javier cuando mordía los pezones de Penélope, diciendo que le sabían a una buena tortilla de patatas. No sé cuándo Penélope se lió con Gigi Sarasola: nada que ver con su hermano gay. Play-boy que despertó en Penélope cierto interés, aunque pasajero.

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Penélope besa a Bardem al ganar la Copa Volpi | Cordon Press

Desde su bautismo en el cine en pelota picada Penélope Cruz tuvo otras ocasiones de exhibir sus encantos. Se mostró en una secuencia de Abre los ojos, metida en la cama con Eduardo Noruega, fingiendo claro está que practicaban sexo. Junto a Javier Bardem tuvo una segunda oportunidad de roce en Carne trémula. Aun no se daban las condiciones, por lo visto, para que ambos se juraran amor eterno. Lo que ocurrió al ser contratados por Woody Allen en Vicky Cristina Barcelona, donde Penélope y Scarlett Johansson intercambiaban unos apasionados besos lésbicos. Allí, entre arrumacos y miradas de deseo, Pe, como es conocida en los Estados Unidos, y Javier, reafirmaron su unión, quizás diciendo para sí: "¡Cómo hemos perdido el tiempo desde "Jamón, jamón!" Ello sucedía en 2007. Se quisieron a partir de ese año. Y no resistieron más para casarse en cuanto encontraron un hueco en sus repletas agendas de trabajo. Fue en una ceremonia secreta en la mansión que les cedió su buen amigo Johnny Depp, año 2010.

Hasta entonces había vivido lo suyo Penélope Cruz. Por ejemplo sus tres años de convivencia con Tom Cruise. Simpatizaron mucho. Incluso él vino a Madrid y conoció a los padres de ella. De paso inauguró la sede de la iglesia de la Cienciología, al lado del Ateneo, de la que es un importante propulsor. Posiblemente esa pulsión religiosa hacia una secta de muy dudosa comprensión llevó a Penélope a pensar que su novio la aburría con sus prédicas. El caso es que lo dejaron. Más bien ella a él. Exactamente igual que cuando su esposa, Nicole Kidman, se cansó también de Tom.

Acabada su relación con Tom Cruise, con quien rodó Vanilla Sky, que le dejó cierto poso de soledad, Pe encontró a otro galán que le sacaba casi medio metro a aquel: Matthew McConaughey con el que compartió cama y cartelera en Sáhara. Con aquel guaperas que parecía un armario estuvo saliendo, y entrando, entre 2005 y 2006. Que ya era bastante conocida no solo en el mundillo cinematográfico de Hollywood, sino entre lectores de revistas femeninas norteamericanas, que seguían sus aventuras amorosas con astros del cine, como el buenazo de Matt Damon, con quien rodó Todos los caballos bellos. La lista de amantes se incrementó, antes de casarse con Javier Bardem, con Nicolas Cage, un tío alto y con cara de bobo que está en las televisiones a diario por la cantidad de películas de serie B que rueda, y el francés descendiente de españoles Olivier Martínez.

Y entre amores y despedidas Penélope siguió apareciendo de vez en cuando despertando la libido de muchos admiradores. En Head in the clouds compartió un trío con Charlize Theron y Stuart Townsend. Almodóvar la instó a que apareciera en una escena de supuesto sexo en Los abrazos rotos. Al igual que Isabel Coixet, nuestra admirada directora, en La elegida. En el musical Nine que no tuvo el éxito esperado, realizó un "strip-tease". Lo mismo que le pasó en Chromophobia, Alta sociedad. Lo que no hizo nuestra diva es aceptar sugerencias de importantes revistas de calidad para posar muy "sexy" y con la menor ropa posible o transparente. Hizo una excepción con Playboy y, a los cuarenta y tres años con la edición inglesa de "Enquire".

Son muchísimas más las cintas en las que Penélope Cruz no ha tenido la necesidad de aparecer en cueros vivos. Sencillamente porque a estas alturas no tiene por qué. De interpretar al principio papeles de criada o mestiza en Hollywood ha conseguido a fuerza de mucho sacrificio y talento situarse en el olimpo de las mejores actrices. En Italia goza de enorme popularidad. Ya le concedieron el David de Donatello por su papel de prostituta en Non ti muovere. Se hizo muy amiga de Sofía Loren, quien la ha ensalzado públicamente. Para el año próximo tiene previsto el estreno de L´immensitá, que ha rodado recientemente; filme producido por Dimitri Rassan, marido de Carlota Casiraghi. Es la historia de una madre muy comprometida por el porvenir de sus hijos.

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Penélope Cruz y Javier Bardem | Archivo

Considerándola todavía joven, bellísima, ha logrado lo que muy pocas estrellas del cine de los últimos tiempos, desde luego por encima de otras colegas españolas: un Óscar, un Bafta, un César, dos Goyas… ¿Cuáles son sus aspiraciones ahora? La última película a las órdenes de Pedro Almodóvar, su ídolo, su maestro, que hace el número siete de las rodadas con él, Madres paralelas, ha sido elegida con otras dos por la Academia del Cine Español para competir en los Óscar. Naturalmente hay que esperar a diciembre cuando se dirima cuál de las tres. Y después, que en Los Ángeles la elijan. Pero ya Variety, la revista más importante del cine en los Estados Unidos, la de su versión en español, ha lanzado al vuelo la posibilidad de que Madres paralelas consiga una estatuílla dorada. ¿Para Pedro… o para Penélope? La apuesta parece que es por ella. Muy precipitada es, pero ¡quién sabe! ¡Ojalá!

Penélope y Javier viven en Los Ángeles (también tienen otra mansión en Madrid) a todo tren. Se lo han ganado con su esfuerzo. Tuvieron antes una residencia cerca de Sunset Boulevard que en 2011 vendieron por dos millones y medio de dólares. Lo que ya decía entnoces del lujo en el que viven. Javier Bardem, antes de conocerse su trayectoria en Hollywood, vivía modestamente. Penélope tuvo mejor suerte, pero le costó sudor y lágrimas superar su vida tranquila en Alcobendas y hacía anuncios como bailarina con lo que podía pagarse sus clases de teatro. Le ha gustado siempre diseñar ropa, joyas y bolsos. Tuvo una tienda con su hermana Mónica, pero el negocio no le fue rentable y lo dejaron. Le encanta hacer fotografías: en tiempos con una Leica con la que logró interesantes imágenes que mostró al mismísimo Dalai Lama cuando expuso sus trabajos en Katmandú. Pero dice que ahora con los móviles cualquiera es fotógrafo. Ha dirigido un documental y un par de "spots" publicitarios. Su aspiración es dirigir una película. El primero en animarla ha sido Almodóvar.

En cuando a su vida cuando no rueda una película consiste en estar más tiempo con sus dos hijos, Leo, de diez años, y Luna, de ocho, para los que procura la mayor intimidad, lejos de la presión periodística. El matrimonio no suele acudir a fiestas, prefieren estar en casa. Les aburre salir por la noche. Si están en Madrid, a Penélope no se le caen los anillos y va a hacer compra en el mercado. Pero es consciente de que eso presupone que ha de firmar autógrafos o hacerse "selfies". El que no soporta eso es su marido: Javier se coloca una gorra con la que tapa su frente. Y con la mascarilla ya no hay quien lo reconozca. Desde luego no son una pareja amable en general con la prensa, nada con la del corazón. Bardem, por supuesto, está considerado como el más antipático del cine español. Debiera imitar a su colega Antonio Banderas, que triunfó antes que él en Hollywood, no se lo tiene creído y se comporta como un tipo normal y afectuoso con la gente.

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