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Cuando Paola Dominguín echó a José Coronado de casa por enrollarse con Isabel Pantoja

Carlos Ferrando cuenta, entre otras anécdotas, cuando Paola Dominguín discutió con Coronado por su lío con Isabel Pantoja.

Carlos Ferrando cuenta, entre otras anécdotas, cuando Paola Dominguín discutió con Coronado por su lío con Isabel Pantoja.
Paola Dominguín y José Coronado. | Cordon Press

Carlos Ferrando, uno de los más incisivos cronistas sociales, acaba de publicar un libro de recuerdos de su vida profesional, donde recoge chismes y divertidas anécdotas de unos cuantos personajes populares que trató en la intimidad, con el acertado título La delgada línea rosa. Tras cerca de medio siglo en ejercicio, este cartagenero de setenta y cuatro años tiene ahora la intención de jubilarse, tras hacer recuento de sus muchas noches locas, de vino y rosas, entre gentes de la farándula, sobre los que calla interioridades para no acabar de mala manera. Oculta sin duda secretos amoríos, historias de bisexuales nunca conocidas, adicciones a inconfesables drogas de importantes señoras y señores, y un sinfín de confidencias que, de hacerlas públicas, armarían un escandalazo, por mucho que en los tiempos que corren parezca que ya nadie se extrañe por comportamientos sorprendentes.

Lo conocí una mañana de 1982 en la redacción de Semana donde yo prestaba mis servicios. Sin cita previa pidió verme. Traía una fotografía con la actriz y "vedette" Esperanza Roy, de la que se había prendado, con la ilusión de ver esa imagen publicada. Con alguna noticia que me facilitó sobre ella, accedí a insertarla en las páginas del semanario. Carlos Ferrando trabajaba de oficinista en una empresa de Barcelona. Ya no supe más de él, ni me dio las gracias por complacerlo. Pocos años más tarde, ya instalado el murciano en Madrid, trascendieron sus colaboraciones en Fotogramas y, poco a poco, como cronista social en Diario 16, en programas de la cadena Ser, donde lo apodaban "La Avispa", por sus frecuentes aguijones a personajes del espectáculo, y ya en la década de los 80 y siguientes años en programas televisivos del corazón, contando interioridades no al alcance de cualquiera, incluyendo a veteranos reporteros, de ese mundillo rosa y hasta no hace mucho, como tertuliano en Lazos de sangre y en otros espacios de Telemadrid. Y así se condensa esa actividad, con la que rivalizó junto al fallecido Jesús Mariñas en mantener el liderazgo en ese género de cotilleo. No hubo nunca enemistad entre ellos, doy testimonio, pues coincidí con ambos en múltiples ocasiones. El cronista gallego era más agresivo en tanto el murciano procuraba darle un toque más irónico y divertido a sus trabajos. Se le acreditaba mejor en esa idiosincrasia cuando aparecía en la pequeña pantalla. Compartiendo cenas y encuentros con Carlos, las carcajadas eran continuas. Su humor, ya decimos siendo menos ácido que el de Mariñas... para troncharse de risa.

¿Qué cuenta Carlos Ferrando en La delgada línea rosa? Puesto que además de escribir sus crónicas y contar de viva voz cuanto husmeaba en las noches madrileñas, acerca de esos personajes mal llamados famosos, fue relaciones públicas de varios locales de moda: "Cerebro", "Archy", con su clientela de gente guapa, "solialités" como ahora se estila, faranduleros también; asimismo fue jefe de prensa en un montón de producciones cinematográficas y teatrales. En conjunto, todo ello le permitió estar al tanto de las vidas privadas de quienes son frecuentes protagonistas de las páginas del corazón y los programas de la pequeña pantalla de iguales contenidos. En España, ese llamemos "voyeurismo", ese interés que antes se llamaban "cosas de porteras" por estar al cabo de la calle para saber quién se acuesta con quién, siempre ha tenido mucha clientela. Si no, dejaría de explicarse el por qué de las grandes tiradas de ¡Hola! y otras publicaciones o el "share", cifras de espectadores siguiendo espacios televisivos de ese corte. Así pudo triunfar, pongamos por caso, Sálvame, y tantas copias parecidas.

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Carlos Ferrando firma ejemplares de su libro | Gtres

Ferrando estaba al frente de la discoteca "Archy" cuando detectó que muchas noches de los viernes acudía el entonces príncipe Felipe, porque precisamente ese día de la semana se programaba allí música salsera, que mucho le atraía, bailando en la pista, sabedor de que ningún reportero gráfico iba a captarlo con sus cámaras. Allí, en ese local (que hoy ocupa el restaurante de los hermanos Coque, a quiénes unos "chorizos" han esquilmado una parte de sus mejores botellas de vino valoradas en millón y medio de euros) se fraguaron muchas historias de amor, sexo, y drogas, pero Ferrando prefiere ser mudo para ahorrarse demandas judiciales, que ya las tuvo, como una de Carmen Sevilla, que ésta perdió. Ella le confió en otra ocasión que interrumpió un embarazo durante su matrimonio con Algueró. Y asimismo le contaba que para disimular un poco las arrugas que tanto la envejecían – recuerdo que en Sevilla se referían al "puente de Triana" que tenía bajo la barbilla – se ponía un esparadrapo en la nuca.

Nos "ilustra" el cronista revelando que varias veces Rocío Jurado lo abofeteó, enfadada por las "maldades" que publicaba sobre ella. Estrella de la copla que, aunque no quiso nunca actuar junto a Isabel Pantoja, supuesta rival en los escenarios, siempre fueron buenas amigas. Yo mismo fui testigo de su encuentro de dos horas en México, pues ocuparon el mismo hotel, cada una por supuesto en su habitación, a finales de los años 80. Y en el libro que nos ocupa, su autor revela que en el rodaje de la primera película de Isabel Pantoja, Yo soy esa, cuyos productores fueron Ana Belén y Víctor Manuel ("Ion Films"), la diva conoció muy de cerca a su oponente masculino, José Coronado. Enterada la pareja de éste, Paola Dominguín, puso al galán en la calle. Era un momento delicado para la estrella coplera, pues no había conocido a varón alguno tras el fallecimiento tiempo atrás de "Paquirri".

Sara Montiel fue otra de las estrellas más queridas por Ferrando. Sabedor de que la manchega tenía problemas de "cash", le sugirió casarse de nuevo, siendo ya viuda desde la muerte de Pepe Tous. Carlos, que conocía muy bien el malecón de la Habana, donde cuenta que en las cálidas noches cubanas atractivos muchachos se entregaban a prácticas "homo", fue el responsable de la llegada a Madrid del llamado Tony Hernández, que pisó tierra española del brazo de su mejor amiguito. Y en casa de Saritísima, en el madrileño barrio de Salamanca, en pocos días plantearon un enlace de carácter civil. Tony era un mitomano que adoraba desde muy joven a la protagonista de El último cuplé. Y con el montaje de aquel bodorrio ella se embolsó una buena "pasta gansa" con la que rehízo su parca economía, aunque tuviera a buen recaudo joyas valiosas, muebles y cuadros de firma. Los dos hijos que adoptó nada quisieron saber de ese padrastro que les había llegado de la noche a la mañana. Un jeta que acabó siendo reexpedido a La Habana junto a su pareja masculina, al que ocultaron aquí para que no se descubriera la farsa de aquel sorprendente enlace matrimonial.

Como no es cuestión de hacer eso tan de moda que llaman "spoiler" al tres por dos: es decir, revelarles cuantos secretillos de alcoba y camerinos aparecen en el ameno libro de Carlos Ferrando, terminemos aquí, simplemente enunciándoles otros sabrosos capítulos sobre Almodóvar, Lina Morgan, Ana Obregón, Penélope Cruz, Antonio Banderas, Carmen Ordóñez, Alejandro Sanz y un amplio etcétera. Si están aburridos, corran a comprarse este divertido libro

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