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Blackness Castle: el desconocido castillo cerca de Edimburgo que no te puedes perder

Construido como prisión en el siglo XV, es uno de los castillos más injustamente olvidados de Escocia.

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La silueta de Blackness recuerda mucho a otro castillo mucho más famoso. | Daniel Rodríguez Herrera

Uno de los principales destinos en Escocia es sin duda el castillo de Eilean Donan. No sólo ha sido el escenario de numerosas películas, desde la clásica El señor de Ballantry protagonizada por Errol Flynn hasta la entrañable, pero malísima, Los inmortales; también es habitual verlo como portada en guías turísticas o en panfletos de ofertas de viajes. Pero tiene un problema: en coche está a cuatro o cinco horas desde Edimburgo o Glasgow siempre y cuando no nos paremos en el camino. Mucho tiempo si nuestro viaje es corto y no tenemos tiempo para subir a las Highlands.

Sin embargo, muy cerca de Edimburgo, entre los puentes sobre el Forth y Linlithgow se alza una fortaleza del siglo XV cuyo perfil no puede sino recordarnos al de Eilean Donan. Situado a orillas del fiordo del Forth, su imponente estructura no nos recuerda, como sucede con demasiados castillos escoceses, a grandes banquetes y aristócratas refinados, sino a sangre y guerra. Y al contrario que Eilean Donan, que fue reconstruido a principios del siglo XX y cuenta con espléndidas habitaciones nuevecitas que recrean cómo debieron ser en la Edad Media, Blackness ha seguido en uso hasta hace bien poco y permanece bastante más desnudo, algo que los puristas sin duda agradecerán.

Las primeras menciones que se encuentran del castillo, construido por el clan de los Crichton, data de 1449 y se refieren a él como cárcel. Era utilizado para prisioneros ilustres, que se traían a su familia y criados. En 1651 fue bombardeado por las tropas de Oliver Cromwell, obligando a sus habitantes a abandonarlo, pero unos pocos años después volvió a funcionar como prisión hasta 1870, cuando se transformó en depósito de municiones hasta 1912 y, de nuevo, durante un breve periodo en la Primera Guerra Mundial. Pocos años más tarde fue restaurado para quitarle parte de los añadidos que se le hicieron en el siglo XIX para disfrute de los visitantes, que no son demasiados. Quizá logre mejorar su popularidad su aparición en la serie Outlander, donde es el decorado en el que el protagonista recibe su ración de latigazos, pero al menos en otoño de 2018 era posible visitarlo con cierta tranquilidad.

Además de la fortaleza, perteneciente a Historic Scotland, uno de los puntos fuertes de la visita son las vistas al fiordo y a los tres puentes sobre el Forth. Se puede aprovechar la visita para dar una vuelta por el cercano Linlithgow y su palacio o subir por el puente hasta alguno de los atractivos de la orilla norte, como Culross. En caso contrario, no debería llevar más de una mañana, lo cual es una enorme ventaja para viajeros apresurados que no tienen tiempo para irse a la otra costa a ver castillos.

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