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Los errores recurrentes de la Nochevieja que le amargarán el 1 de enero

Exceso alcohólico, poco sueño y mensajes impulsivos arruinan el inicio del ciclo. Hidratarse resulta vital para el bienestar físico.

Flickr/CC/Uruvyel

La primera madrugada del año tiene algo de limbo. Tras las campanadas, el brindis y la sensación colectiva de "borrón y cuenta nueva", parece que todo vale. Sin embargo, esa mezcla de euforia, cansancio y expectativas desmedidas suele llevarnos a cometer errores que, al despertar, se traducen en resaca, agotamiento o arrepentimiento. Lo curioso es que se repiten año tras año, como parte de un ritual no escrito del 1 de enero.

Alargar la noche más de la cuenta. Uno de los fallos más habituales es pensar que cuanto más dure la celebración, mejor será el inicio del año. Entre cenas copiosas, alcohol y pocas horas de sueño, la madrugada se alarga hasta límites poco razonables. El resultado suele ser un cuerpo exhausto y una mente espesa que hacen muy difícil empezar el año con energía. La frase "solo es una noche" casi nunca tiene en cuenta la factura del día siguiente.

Pero no solo eso sino que parece que la primera madrugada del año es terreno abonado para los excesos. Brindis encadenados, copas que se rellenan sin pensar y poca atención a la hidratación convierten el 1 de enero en el día estrella de la resaca. Alternar alcohol con agua o comer algo ligero antes de acostarse son gestos simples que muchos olvidan, intensificando el malestar físico y empañando el primer día del calendario.

Otro clásico es usar el teléfono sin filtro. Mensajes impulsivos, llamadas inoportunas o publicaciones poco meditadas en redes sociales encuentran en la madrugada de Año Nuevo su escenario perfecto. Es la noche de los "¿qué tal todo?" enviados a personas del pasado, con consecuencias que rara vez se celebran al amanecer. La euforia nocturna no suele ser buena aliada de la prudencia digital.

Propósitos gigantes a las tres de la mañana

La autoexigencia inmediata es un error silencioso pero muy común. Entre conversaciones y brindis aparecen promesas grandilocuentes: empezar el gimnasio al día siguiente, cambiar radicalmente de hábitos o cumplir todos los propósitos a la vez. El choque con la realidad —sueño acumulado y rutina— genera frustración pocas horas después. El año no se decide en una madrugada.

Descuidar la seguridad y la logística

El cansancio, el frío o el alcohol hacen que se subestimen riesgos básicos: volver a casa sin transporte planificado, no abrigarse lo suficiente o confiarse en desplazamientos innecesarios. A esto se suma otro fallo práctico: no pensar qué se comerá el día 1, cuando muchos comercios están cerrados y el hambre aprieta. Un mínimo de previsión evita problemas mayores.

Este puede ir unido muchas veces con el hecho de forzarse a seguir celebrando cuando el cuerpo pide descanso es otro error habitual. Ignorar señales como el agotamiento, la sed o el sueño suele traducirse en un 1 de enero perdido. Empezar el año no requiere heroicidades nocturnas: a veces, saber retirarse a tiempo es la mejor forma de cuidar la salud física y mental.

Debemos tener en cuenta que la primera madrugada del año no tiene por qué ser perfecta. Reconocer estos errores comunes ayuda a vivirla con más calma y menos expectativas irreales. Porque, al final, el verdadero comienzo no está en cómo termina la noche, sino en cómo se despierta el primer día del año.

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