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La estación espacial china Tiangong-1 cae en el Pacífico

La estación espacial china ha caído finalmente a la Tierra este lunes 2 de abril. Se desintegró en gran medida sobre el Pacífico Sur.

LD/Agencias
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La estación espacial Tiangong-1 ha caído este lunes al océano. | CSMA

La "mayor parte" de la nave Tiangong-1 ardió durante el reingreso en la atmósfera sobre las 8.15 de la mañana (hora local), según ha señalado la Agencia Espacial China, que no ha especificado dónde habrían caído los restos. Sin embargo, la Agencia Espacial Europea (ESA), informaba en su cuenta de Twitter que la reentrada se había producido "no demasiado lejos de un área deshabitada que es típicamente utilizada para reentradas controladas".

A mediados de enero, la CNSA aseguró que mantenía el control de la estación espacial y que su caída a la Tierra sería controlada y sin amenazar al medio ambiente ni a la población. Un ingeniero de la agencia explicó que la estación se quemaría al entrar en la atmósfera y los fragmentos restantes caerían en un área designada del mar.

La agencia de noticias surcoreana Yonhap había calculado en un principio que la estación especial podría entrar en contacto con la atmósfera entre las 4 de la madrugada y las 4 de la tarde del lunes, pero este domingo ha estrechado la ventana. La información ha sido confirmada posteriormente por la agencia espacial china.

La Fuerza Aérea estadounidense, que rastrea y detecta todos los objetos artificiales que se encuentran en la órbita de la Tierra, ha indicado que la estación espacial ha entrado en la atmósfera sobre la región del Pacífico Sur. La entrada ha sido confirmada a su vez por Australia, Canadá, Francia, Japón, Alemania, Italia, Japón, Corea del Sur y Reino Unido, según ha recogido en un comunicado.

Tiangong-1, primera estación espacial china, fue lanzada en 2011 y había culminado su ciclo de servicio, que incluía el desarrollo de tecnologías de acoplamiento en el espacio.

"No había motivo de alarma" porque era "chiquitita"

El astrofísico y divulgador científico Daniel Marín ha señalado que "no había motivo de alarma" por la caída a la Tierra de la estación espacial china Tiangong-1 porque ésta era "muy chiquitita". A su juicio, con 8,5 toneladas de peso, se trata de un objeto "casi de juguete" en comparación con otras estaciones como la Estación Espacial Internacional (ISS), de unos 420 toneladas, o la antigua estación rusa Mir, de 120 toneladas de peso.

"Yo me preocuparía con la ISS, que está orbitando la Tierra y es un objeto de muchísimas toneladas y, cuando acabe su vida útil a partir de 2024, se intentará hacer una entrada controlada, pero un objeto de ese tipo si lo hace de manera incontrolada es para preocuparnos", ha advertido en una entrevista para Onda Cero recogida por Europa Press.

El experto también ha puesto como de ejemplo de preocupación la antigua estación espacial rusa Mir, que en marzo de 2001 realizó una entrada controlada a la Tierra tras finalizar sus servicios. "Pero si hubiera sido incontrolada, a partir de 80 ó 100 toneladas es para preocuparse un poquito", avisa.

En este sentido, apunta que "no había motivo de alarma" por la caída a la Tierra de este laboratorio espacial, ya que afirma que en los últimos 30 años ha habido "unos 50 objetos de masa igual o superior" a Tiangong-1 que han entrado en la atmósfera terrestre. "No es nada sorprendente", añade el astrofísico, que recuerda no obstante que la Tiangong-1 es "la estación espacial más pequeña lanzada nunca".

Marín también ha hablado sobre qué hacer en caso de encontrar alguna de las piezas de un objeto caído desde el espacio, a pesar de que la estación china se ha desintegrado en su mayor parte y ha caído en el Pacífico. "No es buena idea coger un trozo caído del espacio porque puede ser que los restos sean de los tanques de combustible y estos satélites suelen emplear sustancias muy tóxicas y cancerígenas, no es buena idea guardar un trozo en casa", avisa.

Cada semana cae un satélite

Un satélite impacta contra la atmósfera terrestre, de media, todas las semanas. Aun así, la probabilidad de que estos escombros golpeen a alguien es más pequeña que la probabilidad de que toque la Lotería.

Según estimaciones de la Oficina de Desechos Espaciales de la Agencia Espacial Europea (ESA), cerca de 100 toneladas al año de objetos, entre los que se encuentran satélites inoperativos, naves espaciales no controladas, etapas superiores gastadas y objetos desechados como cubiertas de instrumentos, son arrastrados hacia la atmósfera superior de la Tierra, terminando sus vidas en arcos llameantes en el cielo.

Algunos de estos objetos son grandes y gruesos, y algunos de ellos sobreviven al fuego de reingreso para llegar a la superficie. Pero la ESA recuerda que la Tierra, sin embargo, es un lugar grande y en su mayoría cubierto por agua, por lo que gran parte de lo que cae nunca se ve, se hunde en el fondo de algún océano o aterriza lejos de donde habitan los humanos.

Durante los últimos 10 minutos antes de que un objeto llegue al suelo, desde un altitud de 110 kilómetros, la atmósfera es lo suficientemente densa como para que el objeto se caliente debido a la resistencia del aire y desacelere, lo que lleva a la mayoría de los casos a que estos objetos se desintegren. En el caso de un satélite muy compacto y denso –o una estación espacial como ha sido el caso– con una gran cantidad de, por ejemplo, acero inoxidable o titanio, los fragmentos pueden alcanzar el suelo. Pero la ESA también avisa de que estos eventos son raros.

Nunca ha habido víctimas

Además, la ESA indica que la mayoría de los objetos más grandes que impactan contra la Tierra, unos 50 de media por año, pasan desapercibidos y nunca son noticia. De hecho, destaca que en la historia de los vuelos espaciales, nunca se han confirmado víctimas por caídas de desechos espaciales. Es más, ser alcanzado por un rayo es 60.000 veces más probable que ser golpeado por un escombro espacial.

En el caso de la estación china Tiangong-1, la compañía Aerospace aclaraba que la probabilidad estadística exacta de alguien resultase golpeado por alguno de sus escombros cambia constantemente, aumentando el riesgo para una ubicación específica dependiendo de las estimaciones de puntos de reentrada y de si la ruta de tierra final estaba sobre áreas habitadas o deshabitadas. Aun así, aclaraba que la probabilidad de que una persona fuese golpeada por restos de la Tiangong-1 era mucho menor que ganar el Powerball Jackpot, es decir, la Lotería.

No es la primera vez que un gran objeto impacta contra la Tierra. Ya lo hizo en julio de 1979 la nave espacial americana Skylab, de 74 toneladas, y la estación espacial soviética Salyut-7, de 40 toneladas, en febrero de 1991. Ambos casos son para la ESA ejemplos claros de reentradas a la atmósfera no controladas a gran escala. Otro ejemplo que destaca la ESA de este tipo de impactos incontrolados fue la misión rusa Phobos-Grunt Mars en 2012 y el satélite GOCE de la ESA en 2013.

Según datos de la Oficina del Programa de la NASA de Restos Orbitales, actualizados a principios de este 2018, hay más de 18.800 escombros espaciales presentes en torno al planeta.

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