Cómo sobrevivir a un choque térmico en el agua
El choque térmico por agua fría provoca la pérdida de control muscular en segundos y puede causar ahogamiento incluso en nadadores experimentados.
Con las temperaturas disparadas, el impulso de tirarse a un río, al mar o a una piscina de agua fría es casi irresistible. Pero lo que parece un alivio instantáneo puede convertirse en una emergencia en cuestión de segundos. El choque térmico por agua fría es la respuesta física involuntaria del organismo a la inmersión repentina en agua a baja temperatura, y sus efectos pueden ser letales.
Cualquier temperatura por debajo de los 15 °C se considera agua fría y puede afectar gravemente a la respiración y al movimiento. El choque provoca el cierre de los vasos sanguíneos de la piel, lo que aumenta la resistencia al flujo sanguíneo, eleva la frecuencia cardíaca y dispara la presón arterial. Como consecuencia, el corazón trabaja con mucho más esfuerzo, lo que puede desencadenar un infarto incluso en personas jóvenes y en buena forma física.
Lo que ocurre en el cuerpo en los primeros segundos
La respuesta del organismo al agua fría comienza con el reflejo de jadeo, una inhalación brusca e involuntaria. Si la cabeza está bajo el agua en ese momento, el jadeo introduce agua en los pulmones, lo que provoca asfixia, pánico e hiperventilación. La muerte puede producirse en pocos minutos.
La pérdida de control de la respiración alcanza su punto máximo con temperaturas de entre 10 y 15 °C. El resultado es un riesgo muy elevado de ahogamiento súbito, incluso en aguas tranquilas y aunque la persona sepa nadar. A esto se suma que los espasmos musculares pueden impedir la capacidad de nadar, aumentando todavía más el riesgo de ahogamiento.
Un dato que sorprende a muchos: el choque térmico causa muchas más muertes que la hipotermia, según un artículo de Seattle's Children. Esta última requiere un tiempo de exposición prolongado, mientras que el choque actúa de forma inmediata.
Qué hacer si te ves en el agua
La recomendación de los expertos es contraintuitiva: no nadar. La Royal National Lifeboat Institution (RNLI) aconseja flotar. La técnica consiste en inclinar la cabeza hacia atrás con las orejas sumergidas, relajarse e intentar respirar con normalidad, moviendo suavemente manos y piernas para mantenerse a flote. Si se intenta nadar durante el choque térmico, se puede inhalar una gran cantidad de agua y ahogarse. Flotar boca arriba permite comenzar a controlar la respiración. Una vez recuperado el control, hay que pedir ayuda o nadar hacia un lugar seguro.
Los efectos iniciales del choque térmico pasan en menos de un minuto, por lo que aguantar ese tiempo sin entrar en pánico es fundamental. Practicar la flotación en un entorno supervisado, como una piscina, puede marcar la diferencia en una situación de emergencia real.
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