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Inbox, el correo electrónico concebido como una lista de tareas

El móvil, la mensajería instantánea y las redes sociales han cambiado el uso que damos al correo electrónico. Inbox es la respuesta a ese cambio.

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Gmail revolucionó en muchísimos aspectos el ya por entonces venerable servicio de correo electrónico. La arroba llevaba con nosotros, o al menos con aquellos primeros usuarios de internet, desde los años 70. En 2004 utilizar un servicio gratuito de correo en la web era incómodo y lento. La escasa capacidad gratuita que ofrecían proveedores como Hotmail o Yahoo obligaba a utilizarlo muy poco o condenarse a borrar correos o utilizar un programa en el ordenador como Outlook o Thunderbird para descargarlo y gestionarlo, que es lo que hacían los usuarios avanzados.

Pero llegó Gmail y ofreció un espacio inmenso para la época y un interfaz web que era mucho más rápida que muchos de estos programas. En cierto modo fue el gran precursor de eso que hoy día llamamos la nube. Y tener una cuenta @gmail.com se convirtió en lo más de lo más. Pero el tiempo no pasa en balde y aunque Gmail ha mejorado con el paso de los años, básicamente sigue siendo el mismo que entonces, a pesar de que en estos años hayan nacido redes sociales como Facebook y Twitter, móviles como el iPhone o los Android y se popularizaran aplicaciones de mensajería instantánea como WhatsApp.

Aplicaciones como Mailbox han intentado responder al uso que hoy día damos al correo electrónico, usando un enfoque que ha recogido ahora Google para crear Inbox. Actualmente, nuestro buzón de correo se ha convertido principalmente en una interminable lista de tareas. Los correos contienen sobre todo cosas que debemos hacer, mensajes que debemos contestar, notificaciones diversas y algún texto con información importante que necesitaremos recordar más adelante. En general, las conversaciones sociales y más o menos intrascendentes las hacemos por otras vías. En definitiva, ahora el correo electrónico es un marrón detrás de otro.

Una vez situados bajo esa premisa, es fácil ver a Inbox como un intento loable de simplificarnos la vida, cuyo éxito dependerá muy mucho de cómo utilicemos el correo. Inbox gana muchos puntos cuanto más usemos el móvil para acceder al correo, porque no existe versión tableta y la de escritorio deja un poco que desear. Si somos usuarios intensivos con un montón de filtros y carpetas, Inbox estorbará más que ayudar, porque el acceso a las carpetas y el movimiento de mensajes entre ellas es peor. También faltan muchas opciones de configuración como las firmas, o incluso la posibilidad de elegir otra hora aparte de las 7 de la mañana para los agrupamientos.

Aún así, Inbox tiene un buen número de puntos fuertes. Su interfaz consiste básicamente en una lista, en la que la mayoría de los elementos son mensajes, pero también pueden ser recordatorios o agrupamientos. El concepto resulta sencillo y práctico, sobre todo en el móvil. Así, por ejemplo, podremos crear agrupamientos de mensajes, como los grupos de Viajes o Promociones que vienen por defecto, y postergar su revisión a una vez al día o a la semana. Esos grupos, que son una especie de carpeta o etiqueta inteligente, nos aparecerán como si fueran un mensaje más en el listado principal, y podremos optar por entrar a revisar los mensajes que contienen uno a uno o realizar una acción con todos ellos a la vez, como marcarlos completados.

Inbox facilita el tratamiento de mensajes como tareas pendientes, permitiendo marcar como completados días o incluso meses enteros de mensajes con un click o postergar uno o dos mensajes con una gran facilidad. En el móvil bastará con arrastrar el mensaje a izquierda o derecha para posponerlo o marcado como completado, respectivamente. Es la transformación del correo electrónico de un complicado gestor de mensajes a un sistema de tareas pendientes con esteroides.

En definitiva, Inbox es una herramienta que permitirá a muchos usuarios jubilar Gmail, pero que a otros tantos les resultará más engorrosa e incómoda; esperemos que estos últimos no se queden sin la posibilidad de emplear la aplicación clásica o sin actualizaciones. Tras una semana de uso, puedo decir que en mi caso la filosofía de considerar el correo como un listado de tareas pendientes resulta completamente adecuada, pero en algunos casos las opciones se quedan cortas y me obligan a tirar de Gmail. Pero para muchos usuarios menos intensivos puede ser la tabla de salvación que les permita no ahogarse en un mar de emails sin responder.

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