Ecoterrorismo: Berlín ha caído, muy pronto los demás
El incendio provocado en cables de alta tensión deja al descubierto la vulnerabilidad energética europea.
El terrible apagón que sufrió Berlín este invierno y que dejó a miles de familias sin electricidad durante casi una semana, con temperaturas de hasta 12 grados bajo cero, ha servido para mostrar una realidad frecuentemente ignorada: las infraestructuras críticas no fallan solo por accidentes o fenómenos meteorológicos; también pueden ser objetivo de sabotaje y ataques terroristas. En este caso, las autoridades investigaron un incendio provocado en cables de alta tensión en el estratégico puente sobre el canal de Teltow, cerca de una central en Lichterfelde, que dejó sin suministro a 45.000 hogares y 2.200 negocios, con un impacto directo en la calefacción, las comunicaciones y los servicios esenciales.
La reivindicación ecoterrorista y el debate político
El episodio adquirió, además, una lamentable dimensión política por la reivindicación del ataque por parte de Vulkangruppe, un grupo ecoterrorista de extrema izquierda. La cuestión de fondo no es solo si las autoridades y los gobiernos deberían reconocer ya de una vez el ecoterrorismo y combatirlo como cualquier acto terrorista —el apagón de Berlín se ha cobrado víctimas, aunque las autoridades no quieran vincularlas al apagón, sino al frío extremo; si no puedes encender la calefacción y te mueres, ya es tu problema—, sino qué capacidad y utilidad tienen los estados en materia tecnológica y regulatoria para prevenir los crecientes actos ecoterroristas: si un grupo puede provocar un corte de luz en una gran capital europea, ¿qué podemos esperar los ciudadanos de cualquier punto del continente, que creíamos vivir en un lugar civilizado?
El paralelismo con la regulación digital
Como no me gusta criticar al incompetente sin aportar soluciones, aquí traigo un paralelismo que ayudaría a luchar contra la lacra del ecoterrorismo: en el ámbito de las comunicaciones y redes sociales, en los últimos años se han normalizado medidas de retirada rápida de contenidos, bloqueo de cuentas, monitorización de tendencias, trazabilidad de campañas y cooperación obligatoria con plataformas en múltiples contextos (desinformación, terrorismo, violencia). El argumento es que, con voluntad política, la infraestructura digital puede "regularse" de manera intensa. La cuestión es si ese mismo enfoque se quiere aplicar a grupos que justifican actos terroristas, atacando tanto a las personas como al patrimonio bajo la dudosa justificación de "activismo", y que difunden comunicados, manuales o propaganda.
Una estrategia operativa contra el ecoterrorismo
En términos operativos, una estrategia de persecución que imitara ese modelo de "censura y vigilancia" tendría varios componentes: detección temprana (análisis de fuentes abiertas, rastreo de canales donde se publican reivindicaciones y llamamientos), interrupción de difusión (retirada coordinada de manifiestos, clausura de cuentas espejo, limitación de re-subidas masivas), atribución (preservación de metadatos y registros bajo requerimiento judicial, análisis forense de dispositivos incautados, correlación de horarios y ubicaciones) y desarticulación logística (identificación de nodos de financiación, suministros y apoyo). De hecho, la facilidad con la se decretó el bloqueo de cuentas rusas en toda la UE con el conflicto ucraniano podría aplicarse también para bloquear las cuentas de estos grupos ecoterroristas, muy bien identificados ante las administraciones.
Seguridad reforzada en infraestructuras críticas
Además, para evitar estos ataques a infraestructuras críticas como las redes eléctricas o de comunicaciones, es fundamental aumentar la seguridad física y digital de la red eléctrica (sensores de intrusión, videovigilancia en puntos críticos, analítica de anomalías, patrullaje con drones, respuesta rápida, redundancias y segmentación). El apagón de Berlín ha mostrado que, cuando falla la prevención, el daño social es inmediato: frío, interrupciones, incertidumbre y muerte.
La responsabilidad política ante el riesgo
Nassim Taleb dice que, igual que los escritores pasan a la historia por sus mejores obras, los políticos pasan a la historia por sus peores errores. Posiblemente ningún político pasará a la historia por luchar contra el ecoterrorismo ni por garantizar el suministro de los servicios esenciales a los ciudadanos. Pero, al menos, por humanidad y ética, quien las tenga, que seguro que alguno hay, debería intentarlo.
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