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Exoneran de toda culpa al único calentólogo que dimitió por el Climagate

Si estás con "los buenos" podrás manipular datos, destruir pruebas y conspirar para que tus críticos no publiquen en revistas científicas. Exonerado por una investigación "independiente" encargada por su universidad, Phil Jones volverá al CRU. Así pretende recuperar su credibilidad el establishment climático.

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Ha pasado lo mismo con las tres investigaciones oficiales llevadas a cabo por la Universidad de Penn State, en la que trabaja el creador del palo de hockey, Michael Mann, la Cámara de los Lores y la recientemente publicada de la Universidad de East Anglia, donde está situada la Unidad de Investigación Climática (CRU) que dirigía Phil Jones. Todas ellas se han llevado a cabo de un modo curioso. Han sido como un juicio, con sus jueces, defensores, acusados y la prensa atenta a todo. Pero en todas había una curiosa omisión. No hubo demandantes, ni fiscales, ni acusaciones populares. Se formaron por la presión de la opinión pública para aparentar que se hacía algo y con un único objetivo: exonerar a los principales nombres del establishment climático.

La última, la investigación "independiente" encargada por la Universidad de East Anglia a Muir Russell, ha sido la menos blanda con los calentólogos. Para muestra de su modo de trabajar y la poca seriedad que ha mostrado un botón: pese a encontrar "pruebas de que podrían haberse borrado correos electrónicos para no tener que hacerlos públicos en caso de que se les pidiera" en una petición bajo la Ley de Libertad de Información (FOI), ni Russell ni su equipo preguntaron jamás a Phil Jones ni a sus colegas si habían borrado algo. De hecho, Russell asegura que no tiene pruebas de que se hicieran con motivo de ninguna petición en concreto. Pero un correo enviado por Jones y pidiendo que se borraran correos se envió el 29 de mayo de 2008, al día siguiente de una petición realizada por David Holland. Ignoramos si la Independent Review de Russell ha sido independiente, pero lo que parece claro es que no ha sido investigación.

En su búsqueda por encontrar excusas que exoneraran a los calentólogos, Russell llega a concluir que el lenguaje empleado en los correos electrónicos –en los que se insultaba a los escépticos y hasta se mostraba alegría por la muerte de uno de ellos– no es responsabilidad de quienes los escribieron sino del medio. Vamos, que lo normal cuando se escribe un email es insultar a la gente y quien lo hace no puede ser culpado, porque es lo que hace todo el mundo cuando se escriben correos electrónicos. A uno le queda la duda de con quién se escribe Russell habitualmente. En cualquier caso, esta excusa le sirve para exonerar a Jones y compañía del tono de sus correos... pese a reconocer que son insultantes.

Pese a todo, Russell ha reconocido que el "truco" para "ocultar el descenso" de temperaturas no era una "forma de hablar", como aseguraban los científicos, sino una forma engañosa de presentar las gráficas. Critica la negativa de ofrecer una lista de las estaciones meteorológicas empleadas para sus bases de datos de temperaturas. Y justifica las peticiones bajo las FOI de los escépticos por la negativa del CRU a colaborar voluntariamente con otros científicos.

Phil Jones, restaurado

Naturalmente, esta curiosa investigación ha permitido que gente como George Monbiot, que exigió la cabeza de Phil Jones al destaparse el escándalo, haya vuelto al redil y reconocido "su error". Después de dimitir como director del CRU, la Universidad de East Anglia ha decidido restituir a Jones como director de investigación de la unidad, lo cual difícilmente le permitirá a ésta recobrar algo de prestigio y credibilidad.

Hay que recordar que, en general, los escépticos con el alarmismo climático no ponen en duda que hayan subido las temperaturas o que las emisiones de dióxido de carbono no tengan un efecto directo sobre ellas. Principalmente ponen en cuestión dos cosas: que el aumento que ha tenido lugar recientemente no tenga precedentes en nuestra historia climática y que el pequeño efecto directo que tiene el CO2 y que todos los científicos reconocen provoque una retroalimentación positiva que incremente mucho más las temperaturas.

Desgraciadamente, este nuevo capítulo del escándalo climático Climategate ha puesto de relieve que difícilmente podrá reconducirse a la climatología por la senda de la ciencia, la de discutir seriamente y con pruebas –no con modelos informáticos– estos asertos. Ni siquiera los casos más egregios de manipulación y comportamiento abiertamente anticientífico son castigados si sus autores apoyan la teoría del calentamiento global por causas antropogénicas. El ridículo de unas investigaciones en las que sólo se ha escuchado a los acusados permitirá al establishment climático afirmar públicamente aquello del "aquí no hay nada que ver, circulen", pero no le permitirá recuperar la confianza de la opinión pública allí donde los hechos han sido más ampliamente conocidos. España en esto, como en otras cosas, seguirá siendo diferente.

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